" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

24 de enero de 2012

BABILONIA LA GRANDE

Peter Whyte

"3Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi una mujer sentada sobre una bestia

escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez

cuernos. 

4Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de

piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de

abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre

escrito, un misterio: BABILONIA la grande, la madre de las rameras y de

las abominaciones de la tierra.  Vi a la mujer ebria de la sangre de los

santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé

asombrado con gran asombro.

7Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y

de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos" (Ap.

17:3-7).
           
Para quienes oímos el llamado del Espíritu a "salir de Babilonia," es esencial entender algunas verdades básicas sobre ella, de manera que podamos ver a través de los engaños de satanás.
          
El Apocalipsis pinta a Babilonia la Grande como una mujer vestida de púrpura y escarlata, adornada con oro y piedras preciosas y perlas. Ella es la falsificación satánica de la desposada del Cordero, la Esposa de Cristo, que es la ciudad de oro puro, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:18).
           
Notemos que esa falsa mujer está adornada con oro, para cubrir la impureza debajo de la superficie, de manera que mientras se ve hermosa y genuina por fuera, no es la Ciudad Esposa de Dios, que es de oro puro por todas partes. Al leer de esta ramera, frecuentemente fracasamos en darnos cuenta que su apariencia es tan parecida a la de la verdadera desposada, que nos engaña y nos seduce.
           
Claro que no es obviamente repugnante, sino por el contrario muy atractiva y con aspecto de suma inocencia. Tal como la Nueva Jerusalén, se adorna con perlas y piedras preciosas, y a nuestras mentes carnales nos parece ser demasiado sincera como para que sea falsa. Esta es la razón para que mantenga en cautiverio a la vasta mayoría de los hijos de Dios. Fallamos en ver que las personas no son las falsas; lo falso está en el sistema, es decir, en la Ciudad Ramera, y en la mente sutil de satanás que todo lo controla.
           
La mujer está sentada sobre una bestia escarlata, llena de nombres de blasfemia que tiene siete cabezas y diez cuernos. La Biblia nos dice en Apocalipsis 17:9 que las siete cabezas son siete montes. Muchos cristianos interpretan estas palabras para identificar las siete colinas de Roma; pero esto no es correcto.

Cuando se escribió el Apocalipsis, la Iglesia Católica Romana ni siquiera existía, pero desde el primer siglo el Misterio de Babilonia ha estado en la obra de engañar a los creyentes. Las colinas no son montes. Los montes simbolizan reinos o gobiernos. El versículo nueve se debe leer en el contexto del versículo diez, donde se nos dice que los siete montes son siete reyes. Así podremos entender que las cabezas representan siete reinos o sistemas de gobierno.

Es cierto que la iglesia de Roma constituye una parte muy grande del Misterio de Babilonia, pero lo mismo pasa con la iglesia Protestante y con la iglesia Ortodoxa.  Esta gran ciudad, Babilonia la Grande, gobierna sobre todas las ramas del sistema eclesiástico en todo el mundo.

LA BESTIA ESCARLATA, SATANÁS, EL DRAGON ROJO, CONTROLA TODO EL SISTEMA MUNDIAL DE LOS GOBIERNOS Y DE LAS SOCIEDADES, INCLUSIVE EL SISTEMA RELIGIOSO.
           
Los diez cuernos son también diez reyes, dirigentes de gobierno, y su poder y autoridad sobre los hombres los emplea satanás quien los manipula y los usa, a medida que su sistema mundial abraza a todos y a cada uno de ellos, excepto a los que no aman el mundo. Sin embargo, a pesar de eso, los diez gobiernos aborrecen a la ramera, las estructuras visibles del "iglesismo," y la dejarán desolada y desnuda y la destruirán. Pero es Dios quien ha puesto en sus corazones hacerlo así, pues simplemente ejecutan los propósitos del Señor (Apocalipsis 17:17).
           
Esta ciudad mujer reina sobre los Reyes de la tierra, que son los hijos de Dios, y los mantiene cautivos por sus engaños. Controla toda denominación, toda organización eclesiástica que funcione de acuerdo con los patrones del mundo ("kosmos" = Kosmoz).
           
El método que Babilonia usa para engañar y controlar secretamente a los creyentes en Cristo, tiene sus raíces en el orden mundial, los sistemas, estructuras, organizaciones y tradiciones de la sociedad humana. El apóstol escribió:

"15No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo,

el amor del Padre no está en él.

16Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de

los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1

Juan 2:15-16).

"Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno" (1 Juan 5:19).
           
En estos versículos el término griego para "mundo" es "kosmos" (kosmoz) que se refiere a orden, arreglo, disposición. Esta palabra comprende todo cuanto los hombres han desarrollado para la conducción de sus sociedades, incluyendo aquí todo sistema de gobierno, educación, religión, leyes, economía, defensa, finanzas, negocios y diversiones o entretenimientos.
           
Es decir, todos los elementos de la sociedad están bajo el poder y el control de satanás. Al usar las normas de la sociedad para controlar nuestros conceptos, satanás sutilmente seduce a los hijos de Dios y les hace creer que los patrones del mundo han de ser las normas para la iglesia.
         
El espíritu del mundo se manifiesta con toda su fealdad en las iglesias que se glorían en el tamaño de sus edificios, el número de sus miembros, sus riquezas y sus programas. Se puede ver en los servicios o cultos orientados hacia el hombre, en la predicación dirigida a impresionar o a entretener a la audiencia, en la música y cantos y en las presentaciones estelares, en la situaciones de tipo teatral que no son otra cosa sino el negocio del espectáculo arropado en envolturas cristianas.

Satanás nos mantiene cautivos en Babilonia al haber establecido en nuestras mentes la falsa idea que los patrones mundanos son aceptables y buenos para las iglesias.

La Biblia nos dice que hay tres áreas principales donde los hombres somos vulnerables:
1. Los deseos de la carne. 
2. Los deseos de los ojos. 
3. La vanagloria de la vida.
           
Estas áreas son instintivas, congénitas, en todos nosotros, en el plano natural, pero después de nacer de nuevo por el Espíritu de Dios recibimos poder para vencerlas. Sin embargo, sólo si usamos nuestra libre voluntad para obedecer al Espíritu Santo, podemos vencer esos deseos mundanos y rehusarnos a seguir en la aceptación de los patrones del mundo.
           
Uno de los objetivos principales de satanás es impedir que seamos guiados por el Espíritu Santo; cuando tiene éxito en este aspecto, hace que vivamos, nos comportemos y pensemos como el mundo. La Escritura nos exhorta a tener una renovación tal en nuestras mentes hasta cuando podamos pensar con la plenitud de la mente de Cristo (Romanos 12:2; Efesios 4:23). Solamente entonces podremos ver a nuestra sociedad y a nuestros sistemas religiosos con los ojos de nuestro Dios y Señor.
           
Para entender y escapar de Babilonia, debemos primero ver que los sistemas y estructuras de la religión tienen sus orígenes en la mente de satanás y que son tan parte del "kosmos"  como toda otra faceta de la sociedad humana. Consideremos cómo Satanás divide la humanidad con diferentes religiones e inclusive hace que los hombres peleen entre sí por sus creencias religiosas. No sólo provoca los conflictos entre religiones distintas como islamismo, hinduismo, catolicismo, judaísmo y otras, sino que dentro de cada religión divide a sus miembros.
           
En toda religión hay sectas que combaten con otros seguidores y reina así la confusión; en consecuencia, Babilonia resulta triunfante.

En los primeros tres capítulos del Apocalipsis, el Señor dice, repetidamen­te: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias."  También afirma que sólo los vencedores  podrán entrar a la Nueva Jerusalén.
           
Es responsabilidad individual de cada uno de nosotros vencer al mundo, y oír el llamado del Espíritu Santo y de la Esposa para salir de Babilonia. Podemos estar seguros que este llamado se hace a creyentes en Cristo, llenos del Espíritu, que pertenecen a diversas iglesias, pues el Apocalip­sis sólo se nos dirige a nosotros, no a quienes están por fuera del Cuerpo de Cristo.
           
Quienes no salgan de la ciudad ramera participan en sus pecados y reciben de sus plagas, cuando Dios use a los diez reyes para destruirla. La iglesia visible, organizada en sus estructuras, que controla a los santos con métodos mundanos, va a ser derribada y perseguida por los líderes y gobiernos del anticristo.
           
¿No hemos visto a uno de esos reyes que obra en China en el siglo XX? Ahora, después de la destrucción de las iglesias rameras y de la matanza de muchos santos en las décadas pasadas, vemos a un "nuevo rey" o gobierno que acepta y hasta recomienda a los creyentes que vivan fuera de Babilonia. También vemos a muchos cristianos chinos que no quieren regresar a los edificios y organizaciones llamadas "iglesias," a las que su gobierno ya no desdeña más. Después de experimentar la VIDA en el Espíritu, fuera de Babilonia, no están interesados en volver a ella.
                       
Apocalipsis 18 describe el juicio que viene sobre Babilonia la Grande, esa monstruosa ciudad espiritual que falsifica a la verdadera Esposa de Cristo y que engaña y mantiene cautiva a toda la familia de Dios. Hace que los mercaderes de la tierra se enriquezcan de la potencia de sus deleites (v. 3).

Hace que nosotros, los reyes de la tierra, los hijos reales de Dios, vivamos con ella en adulterio, en lugar de vivir con nuestro Esposo, Cristo. Casi todos nosotros estamos tan engañados que en verdad lloraremos y lamentaremos sobre ella y por su causa, cuando la veamos destruida (v. 9). Pero el Señor nos exhorta a alegrarnos de su destrucción (v. 20).
                   
En muchas iglesias la comodidad y la prosperidad de los miembros son de capital importancia. Edificios lujosos con aire acondicionado, donde se instalan asientos de terciopelo y sistemas de sonido de alta tecnología, perpetúan el sistema de la Ramera. Los vv. 12 y 13 describen la riqueza material con la que tratan, así como el manejo de los cuerpos y las almas de los hombres. Por esto se nos advierte desde los cielos:

"4...Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni

recibáis parte de sus plagas;

5porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus

maldades" (Apo. 18:4-5).
           
Como resultado del juicio de Dios, Babilonia la Grande será derribada con violencia (v. 21), y en ella no se oirán más las voces de esposo y esposa (v. 23).
           
Lo más triste de todo es el hecho que en la destruida ciudad ramera se encuentra "la sangre de los profetas y de los santos" (v.24), que son los creyentes verdaderos que nunca entendieron la falsificación. Posiblemente una inmensa mayoría de hijos de Dios ha muerto, y quizás ha de morir aún, sin entender jamás el mayor engaño que satanás ha usado para vencer a los santos.
           
Necesitamos tener conciencia de cuán atractiva y seductora para nuestras mentes es la iglesia ramera. De manera obvia en su apariencia no es repulsiva ni errada, porque es una muy buena falsificación de la Esposa.

Es una imitación tan bien hecha que engaña a la mayoría. Mantiene a los preciosos hijos de Dios en su poder y sólo por la misericordia de Dios, el Señor abre nuestros ojos espirituales para que veamos a través del engaño.
           
También es indispensable comprender que Dios en sus propósitos soberanos ha permitido que la bestia domine a la Iglesia por muchísimos centenares de años, pero ese período ya toca a su fin con la predicación del Evangelio del Reino de Dios. Esto se profetizó por primera vez cuando los judíos estaban cautivos en Babilonia:

"21Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,

 22hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del

Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino" (Dan. 7:21-22).
                       
Vivimos ahora en el tiempo cuando muy lentamente la Iglesia despierta al hecho que el plan de Dios para nosotros consiste en que gobernemos y reinemos en vida. Vamos a estar bajo el gobierno de Dios y luego seremos parte de ese gobierno, cuando hayamos aprendido a ser vencedores.  De ahí la razón para que hoy el Espíritu nos llame fuera de los tipos tradicionales de iglesias, en tan grandes cantidades. Jesús desarrolla a quienes tienen oído para oír, de manera que gran número de nosotros pongamos activamente a los enemigos del Señor bajo sus pies, como preparación para su regreso. Los vencedores han de ser parte de la Esposa que se alista.
                       
Durante muchísimos años la Iglesia ha consistido de creyentes débiles y sobre todo inmaduros, mientras muy pocos han caminado como vencedores. Bajo las cadenas de los enormes engaños de Babilonia la Grande, simplemen­te evangelizamos a muchas personas que se han añadido a nuestras cifras, dentro de la ciudad ramera. Como los judíos en su cautividad babilónica, somos hijos queridos de Dios que reproducen su nación y aumentan su cantidad, pero que se mantienen atados en su esclavitud.
           
Para confirmar la profecía de Daniel, Dios nos hace saber de nuevo en el Apocalipsis que Él permite al enemigo vencer a sus santos con el resto de la humanidad sobre la tierra. Tal es el tremendo resultado de nuestra sumisión al sistema del mundo y la consecuencia de nuestro fracaso para derrotarlo.
           
La bestia de Apocalipsis 13 es la misma sobre la cual se sienta la ramera de Apocalipsis 17. El sistema mundial de Satanás es la bestia que blasfema contra Dios y contra el Cuerpo de Cristo y HACE GUERRA CONTRA LOS SANTOS Y LOS VENCE.

"7Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos.  También se le

dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación [la bestia opera todos

los sistemas mundiales de gobierno].

8Y la adoraron TODOS los moradores de la tierra CUYOS NOMBRES NO

ESTABAN ESCRITOS EN EL LIBRO DE LA VIDA DEL CORDERO que fue

inmolado desde el principio del mundo.

9Si alguno tiene oído, oiga" (Apo. 13:7-9).
                       
El "todos los moradores de la tierra"  se refiere solamente a aquellos "cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida"  y no incluye a los creyentes en Jesucristo.
           
La "adoración" a la bestia implica el amor que algunas personas tienen al "kosmos" más que a Dios. Necesitamos examinar con todo cuidado los objetos de nuestro amor, de manera de no engañarnos al pensar que podemos amar las cosas del mundo sin que al mismo tiempo adoremos a Satanás involuntariamente. El amor al dinero, al poder, el orgullo de las posiciones, el materialismo y los placeres sensuales, son abominaciones a los ojos del Señor.
                       
Cuando comenzamos a contar el número de los que nos sostienen o nos pertenecen, y anunciamos a cuántos hemos salvado, liberado o sanado o cuántos asisten a nuestros servicios, campañas o reuniones evangelistas entonces, sin duda, manifestamos el orgullo y "la vanagloria de la vida."

Cuando construimos el edificio para una "iglesia" y organizamos su membresía, simplemente levantamos otra torre de Babel. Cuando nos vestimos muy bien para asistir a las reuniones o adornamos el edificio de la iglesia y lo llenamos con comodidades de criaturas para nuestros "miembros," entonces le damos gusto a "los deseos de los ojos y a los deseos de la carne."

EL REINO DE DIOS NO VIENE CON SEÑALES QUE SE PUEDAN OBSERVAR.  SOLAMENTE SE PUEDE VER A BABILONIA.

El Reino de Dios es invisible a los ojos de la carne, pero los ojos del Espíritu lo ven y lo entienden, pues es el reinado de Dios en el corazón de los creyentes. El comportamiento religioso se puede ver, pero solamente el Espíritu sabe si en realidad Dios gobierna en un corazón.
                   
Babilonia la Grande es, sin embargo, mucho más falsa e insidiosa que nuestras organizaciones, denominaciones, iglesias y estructuras visibles. Su nombre está escrito en nuestras frentes, pues ha penetrado en nuestras ideas y ha corrompido nuestro pensamiento. La tradición nos "ha lavado el cerebro" de tal manera, que no podemos imaginarnos cómo vivir la vida cristiana sin ella. Aunque hayamos dejado una de sus torres visibles, nos uniremos a otra o, todavía peor, comenzaremos a construir una nueva.                     

Sólo cuando renovemos nuestras mentes y hayamos ejercitado nuestras libres voluntades (libre albedrío), para borrar el nombre de Babilonia de nuestras frentes, podremos escapar de la ciudad ramera.                    

En este proceso un paso esencial es comenzar a cuestionar las tradiciones y prácticas que aceptamos y hemos seguido ciegamente desde el pasado, e investigar y aprender de sus orígenes. También necesitamos considerar toda palabra dicha por el Rey Jesús y comparar sus instrucciones y enseñanzas con lo que hemos aprendido de nuestros maestros espirituales y de nuestros líderes religiosos. Cuando nuestros corazones y nuestras mentes estén puestos en obedecer la Palabra de Dios, debemos aprender que el único cimiento firme sobre el cual se puede construir es Jesucristo, y que toda palabra que salió de sus labios y está registrada en las Escrituras, es la Palabra de Dios, de importancia capital para que la debamos oír y, sobre todo, obedecer.

 Salid de ella Pueblo Mio - Peter Whyte

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La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"
Matthew Henry