" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

2 de junio de 2012

LA RENDICIÓN DE NUESTRAS OBRAS


Javier Vargas

Definitivamente la victoria está en Cristo, esto es cuando se hace viva en nuestro corazón la completa e incondicional rendición del yo, cuando mi propio gobierno se rinde a los pies del gobierno de Cristo, tal como quedó testimoniado en las escrituras cuando al mismo Señor Jesús estando en la cruz (negado a si mismo), lo instaban a que se bajara y se salvara a si mismo, en su propia fuerza y poder:

Lucas 23:35-39

Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes (representando el gobierno humano o propio) se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. Los soldados (representando a quienes luchan en sus propias fuerzas) también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había también sobre él un título escrito con letras griegas (lengua del mundo), latinas (lengua de satanás en el mundo) y hebreas (lengua de Dios en la tierra): Este es el Rey de los Judíos.

Y uno de los malhechores (de su propio pueblo) que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.

Por ello se mencionó anteriormente, que la principal obra de Cristo fue negarse a si mismo, a pesar de que pudo hacerlo en su gran poder y autoridad, Él se negó a bajarse de esa cruz para salvarse a si mismo o para hacer su propia obra y no la de su Padre, Dios, (la cruz de la negación de si mismo), porque su voluntad estaba en la voluntad de su Padre, por eso obedeció y así fue hecha la voluntad de Dios, dándose la victoria más grande de toda la creación. 

Otro caso que también nos confirma la necesidad de la rendición de nuestro yo, lo vivió cierta vez Moisés, en medio de una batalla contra un pueblo enemigo:

Éxodo 17:11-12

"Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano (simbolizando la rendición de su corazón y la del pueblo), Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano (para luchar con sus fuerzas y hacer sus obras), prevalecía Amalec (el espíritu del anticristo). Y las manos de Moisés se cansaban (pues se cansaba de estar rendido, quería bajarse de su cruz y luchar en sus propias fuerzas); por lo que tomaron una piedra (este es Cristo), y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella (su fundamento, su fortaleza para estar rendido); y Aarón y Hur (otros hermanos en Cristo) sostenían sus manos (soportaban o ayudaban o sostenían su rendición), el uno a un lado y el otro al otro (representando ese lugar espiritual específico que cada uno tiene en medio de ciertos miembros y que fue escogido por Cristo); así hubo en sus manos firmeza (para negarse a si mismo) hasta que se puso el sol."

Pero no son solo las manos arriba o las apariencias externas lo que el Señor anhela ver rendido para que vivenciemos su victoria, sino esencialmente, nuestros corazones. Así es como el Señor nos quiere ver, con las manos arriba, las cuales simbolizan un corazón rendido a sus propias obras y que únicamente anhela ver el gobierno, la obra y la victoria de Cristo.

Mientras Él es formado en nosotros, nuestra naturaleza caída, el espíritu del anticristo y el mundo estarán instándonos constantemente para que nos bajemos de la cruz y nos paremos a luchar, a gobernar y a hacer la obra con nuestras propias habilidades, fortalezas y conocimientos, por esta razón es importante estar en  congregación,(con otros miembros de su cuerpo, en la cotidianidad) ya que Cristo, también a través de esos otros miembros, soporta nuestra rendición incondicional "…soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,..." (Ef. 4:2).

Pero no son únicamente las manos arriba, las obras rendidas o las palabras con promesas lo que Jesús quiere ver rendido, El anhela ver rendido el corazón que es lo que El observa, porque en nuestra naturaleza religiosa podemos decir de labios o exteriorizar muchas cosas, pretendiendo dejar el corazón con toda esa vanidad de anticristos. Cuando el corazón se rinda se rendirán las obras y cesarán, las manos estarán arriba, quietas, en rendición, y entonces será levantada por el Espíritu de Cristo esta persona, será levantada la iglesia y será extraordinario lo que viviremos.
 

 El Ministerio de la Iniquidad - Javier Vargas 

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