" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

28 de agosto de 2012

SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEÑOR EN LA MONTAÑA (II)


John Wesley

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia (Ma­teo5:5-7).

I.     1. Cuando ha pasado el invierno, cuando el tiempo de la canción es venido y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola, cuando Aquel que consuela a los que lloran ha vuelto para estar con ellos “para siempre;” cuando a la luz de su presencia las nubes se dispersan—las negras nubes de la duda y de la incertidumbre—y las tempestades del temor huyen; las olas del pesar se calman, y el espíritu se regocija otra vez en Dios, su Salvador, entonces se cumplen evidente­mente estas palabras. Entonces aquellos a quienes El ha con­solado pueden dar testimonio y decir: “Bienaventurados,” o dichosos, “los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.”

2.     Pero, ¿quiénes son “los mansos”? No son aquellos que se afligen sin necesidad, porque nada saben; que ven con indiferencia los males que existen, porque no pueden discer­nir entre el bien y el mal. No son aquellos a quienes una tor­pe insensibilidad protege en contra de los golpes de la vida, ni los que, por naturaleza o artificio, tienen la índole de zoquetes o piedras, y a quienes nada lastima porque no sienten nada. Esto no concierne en manera alguna a los filósofos in­sensatos. La apatía está tan distante de la mansedumbre como de la benevolencia. De manera que no llegamos a concebir cómo pudieron algunos cristianos de las edades más puras, especialmente ciertos Padres de la Iglesia, confundir uno de los errores más crasos del paganismo con una de las ramas del verdadero cristianismo.

3.   La mansedumbre cristiana tampoco significa falta de celo por las cosas de Dios, como no significa ignorancia o in­sensibilidad. No, evita todos los extremos, ya de exceso, ya de falta. No destruye, sino que equilibra esas afecciones que el Dios de la naturaleza nunca ha determinado que la gracia desarraigue, sino traiga y someta a ciertas reglas. Procura una norma para la mente. Usa una balanza fiel para pesar la ira, el dolor y el miedo, procurando el término medio en todas las circunstancias de la vida, sin inclinarse a la derecha ni a la izquierda.

4.     Propiamente hablando, parece que la mansedumbre se refiere a nosotros, pero puede tener referencia a Dios y a nuestros prójimos. Cuando esta debida actitud de la mente concierne a Dios, por lo general se llama “resignación”—una conformidad llena de calma en todo lo que sea su voluntad respecto de nosotros—aunque no sea agradable a nuestra na­turaleza—y que impulsa constantemente a decir: “El Señor es; haga lo que bien le pareciere.” Cuando consideramos esta virtud más estrictamente con referencia a nosotros mismos, la llamamos paciencia o conformidad. Cuando se ejerce con los demás, se llama afabilidad para con los buenos, clemencia para con los malos.

LOS JUDIOS NO PAGAN EL DIEZMO


Gabriel Guzman

Los judíos no pagan el diezmo, y la explicación que dan es muy lógica y fácil de comprender: "El diezmo, que pertenece a la ley y que nosotros nos esforzamos por cumplir, ordena a los de la nación de Israel diezmar para la mantención del templo de Jerusalén y de los sacerdotes levitas. Y hoy no existe el templo ni sacerdotes levitas, así que no podríamos pedir en las sinagogas el diezmo, donde además no existe un sacerdote de la tribu de Leví, sino que simplemente un rabino".

El pasaje favorito de los pastores inescrupulosos que han impuesto el diezmo en sus iglesias es sin duda Malq. 3:8-10 "¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa".

Y torciendo este pasaje que Dios dirige a los de la nación de Israel, Malq. 3:6 "Porque yo el Señor no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos", los creyentes somos hijos de Dios, nunca la Biblia nos llama "hijos de Jacob". Los pastores mañosamente lo introducen en la iglesia que está bajo la Gracia y no bajo la ley e insultan y amedrentan gratuitamente a los cristianos, para usufructuar de algo que no les pertenece, porque los pastores no son sacerdotes levitas ni ordenados según la rigurosidad de la ley, ni viven en el templo de Jerusalén. Por lo tanto, si alguien está robando a Dios, son los pastores y no la congregación.


Dios dispuso en su pueblo terrenal, Israel, que la tribu de Leví no podía tener propiedades, por esta razón ordenó al resto de la nación sustentarlos con el 10% de sus ingresos, para que los sacerdotes levitas pudieran dedicarse al servicio del tabernáculo. Labor que debían efectuar desde los 25 años, y al cumplir los 50 años tenían que retirarse (Nm.8:24-25).

Además, cualquier lector de la Biblia sabrá que Dios ordenó que el diezmo debía ser entregado en especies (Deut.12:17 "Ni comerás en tus poblaciones el diezmo de tu grano, de tu vino o de tu aceite, ni las primicias de tus vacas, ni de tus ovejas"). Por este motivo dice en ese tan mal tratado pasaje de Malq. 3 que esos diezmos debían ser llevados al alfolí, que eran unas piezas del templo destinadas al almacenamiento de esos víveres, y tampoco como mienten los pastores de hoy, que eran alcancías para guardar el dinero, dice Malq. "para que haya alimento en mi casa" .

26 de agosto de 2012

LA PRÁCTICA DE LEER LA ESCRITURA ANTES DE UN SERMÓN


Gene Edwars

Esta práctica forma hasta tal punto parte de nuestras vidas que a duras penas podemos imaginar o escuchar un mensaje cristiano de cualquier otra manera.

¡Pero sigue siendo pagano en origen! Cuando el orador pagano pisaba un escenario de un anfiteatro griego o romano llevaba a cabo un ritual bastante extraño (pero reconocible.)
 
Primero caminaba hacia el centro del escenario, daba la espalda a la audiencia, y se ceñía una toga de orador. Luego se daba la vuelta, encaraba a la audiencia y abría un pergamino. ¿Un pergamino? Sí, un libro. ¿Qué libro?

Normalmente era uno de los escritos de Homero. ¡Resulta que los escritos de Homero y otros escritores populares de la literatura grecorromana habían sido meticulosamente divididos en capítulos! ¡Cada frase de ese capítulo tenía un número!

El dividir el Nuevo Testamento en capítulos y versículos nació con esta práctica grecorromana, y también la práctica de leer la Escritura antes de predicar el sermón. Todo esto se infiltró en la fe cristiana hacia el 400-500 d.C. Intenta traer hoy un mensaje desde un púlpito de raíces paganas, con el concepto pagano de un coro tras tuyo, y un mudo laicado sentado en bancos de inspiración pagana, y entonces, con todo eso, intenta predicar sin leer primero algún capítulo y versículo del Nuevo Testamento.

En algunos sitios la gente se levantará y dejará la iglesia (edificio paganamente inspirado denominado) porque no estabas siendo verdaderamente bíblico antes de predicar tu sermón de oratoria de influencias grecorromanas.

La práctica de leer las Escrituras antes de un sermón encuentra sus raíces en hábitos grecorromanos de discursos paganos formulados en los anfiteatros griegos y romanos. ¡Piensa en ello, querido estudiante de la Biblia! ¿Qué nos atrevemos a decir del capítulo y del versículo? Algún día nuestros hijos puede que digan que quizás fuera el mayor daño de todos. ¿Por qué? Esta práctica pagana de despedazar cartas vivientes en capítulos y frases numeradas nos ha hecho perder todo el sabor de la literatura cristiana del primer siglo.

Detengámonos por un instante y tomemos aliento. Sabiamente se ha dicho que los problemas de la fe protestante y evangélica no están en sus enseñanzas y doctrinas, sino en sus prácticas. Todas nuestras prácticas evangélicas nos llegaron por puro accidente. No arrastran ninguna relación con la experiencia cristiana del primer siglo.

La mayoría de nuestras prácticas (1) existen por casualidad, (2) son paganas en su origen, (3) empezaron rondando la época de Constantino y durante la Reforma.

Prácticamente toda práctica nuestra llegó a raíz de un accidente en la historia de la iglesia, o bien en brazos del paganismo. Simplemente piensa. Has estado haciendo todas estas cosas desde que te salvaste. ¿Hay algún candidato para una revolución? Continuemos nuestra búsqueda de las auténticas raíces históricas de nuestras prácticas evangélicas. ¡Se pone peor! ¡Mucho peor!

 Más Allá de lo Radical - Gene Edwars

LA EDIFICACIÓN DE UN “reino” Versus LA EDIFICACIÓN DEL REINO

 
Clayton Sonmore

El principal denominador común para el fracaso de las órdenes, tanto política como eclesiástica, es el mismo. Los hombres están edificando un reino, en lugar de edificar EL REINO. Dios le ha prometido a Su pueblo <todas las cosas> espirituales, materiales y temporales, pero solo a El debe dársele toda la gloria. El poder de satanás fue quebrantado en el Calvario, y el poder de satanás también puede ser quebrantado completamente en nuestra vida.

Los edificadores de reinos continuaran congregando gran número de fieles, pero jamás llegaran a ser el organismo que sea la compañía de Josué, que esta señalada como el ministerio del fin de los tiempos, la que llevara al camino para entrar en la tierra prometida. ¿Estamos dispuestos a pagar el precio?

A menos que recibamos una nueva visitación de FE que mueva montañas; de una humildad que nos haga luchar por el lugar más bajo, en lugar de hacerlo por el más elevado, y de un <amor> sin <fingimiento> que realmente <prefiera los unos a los otros,> seguiremos apartándonos de la unción divina y del llamamiento que quizás vinieron hacia nosotros hace años. ¿Estamos también nosotros edificando un reino o, en realidad, muchos reinos?

La edificación de los reinos parece ser la maldición numero uno de la iglesia. Esto no es algo difícil de comprender, porque la naturaleza humana es hoy día la misma que fue en los días de Sodoma, cuando Dios tuvo que pronunciar juicio, con el fin de poner de manifiesto la pureza.

La edificación de un reino en lugar de edificar El Reino, es una extraña tentación que casi ha destruido la verdadera confraternidad en el Espíritu Santo. La soberbia de la vida – la destructora de la verdadera humildad – es algo terrible. Ella asomo continuamente su horrible cabeza, tanto en el Antiguo como el  Nuevo Testamento. La iglesia primitiva estaba asediada por este mismo defecto antes de que estuviera llena con el espíritu santo, y fuera quebrantada completamente por la Roca, para ser llevada así al abandono total de todos los derechos. Pedro, Santiago y Juan también lucharon y contendieron en cuanto a cual de ellos sería el hombre más alto en el pilar totémico.

25 de agosto de 2012

SOBRE EL SERMON DE NUESTRO SEÑOR EN LA MONTAÑA (I)


John Wesley
Y viendo las gentes, subió al monte; y sentándose, se lle­garon a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación (Mateo 5: 1-4).

1.    Había nuestro Señor rodeado a toda Galilea (Mateo 4: 23), empezando el día cuando Juan fue aprehendido (v. 12), no sólo “enseñando” en las sinagogas y “predicando el evan­gelio del reino,” sino también “sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” En consecuencia natural de esto “le siguieron muchas gentes de Galilea, y de Decápolis, y de Jerusalem, y de Judea y de la otra parte del Jordán” (v. 25). “Y viendo las gentes,” la cual multitud no habría cabido en ninguna sinagoga, aunque hubiese habido alguna cerca de allí, “subió al monte,” donde había lugar para todos los que ve­nían de todas partes a oírle. “Y sentándose,” según la costum­bre judaica, “se llegaron a él sus discípulos. Y abriendo su bo­ca,” expresión que denota principio de un discurso solemne, “les enseñaba diciendo.”
2.    Observemos quién es el que habla a fin de saber có­mo debemos escuchar. Es el Señor del cielo y de la tierra; el Creador de todos, quien como tal, tiene derecho a disponer de sus criaturas. El Señor nuestro Gobernador cuyo reino es desde la eternidad y quien gobierna todas las cosas. El gran Legislador que puede hacer ejecutar todas sus leyes; que puede salvar y perder; castigar con eterna perdición desde su pre­sencia y desde la gloria de su potencia. Es la Sabiduría eterna del Padre, quien sabe de lo que hemos sido hechos, y conoce nuestra más íntima naturaleza; la relación que guardamos pa­ra con el Padre; los unos para con los otros; para con todas las criaturas que Dios ha hecho, y que sabe, por consiguiente, el modo de adaptar las leyes que prescribe a todas las circuns­tancias en que nos ha colocado. Es Aquel que ama a todos los hombres y que tiene misericordia de todas sus obras. El Dios de amor, quien habiendo dejado su eterna gloria, vino a declarar la voluntad del Padre a los hijos de los hombres, y después vuelve al Padre; quien vino mandado por Dios a abrir los ojos de los ciegos y a dar luz a los que habitan en tinieblas. Es el gran Profeta de Dios, acerca de quien había declarado desde mucho tiempo antes: “Mas será que cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le residenciaré” (Deuteronomio 18: 19). O como dice el apóstol: “Y será que cualquiera alma que no oyere a aquel profeta, será desarraiga­do del pueblo” (Hechos 3:23).
3.    Y ¿qué cosa está enseñando? El Hijo de Dios que bajó del cielo nos enseña en este sermón el camino del cielo; del lugar que nos ha preparado; de la gloria que tenía desde antes que el mundo existiera. Nos enseña la verdadera vía de la vida eterna; el camino real que va al reino; la única vía verdadera, porque no hay ninguna otra. Todas las demás lle­van a la perdición. No dice nada de más, nada que no haya recibido del Padre; ni omite, por otra parte, declarar nada del consejo de Dios; mucho menos ha dicho nada erróneo o con­trario a la voluntad de Aquel que le envió. Todas sus pala­bras respecto de todas las cosas son rectas y verdaderas, y per­manecerán por siempre jamás.

20 de agosto de 2012

LA CONFRATERNIDAD DE LOS DE CORAZON HAMBRIENTO


Clayton Sonmore
He visto con mis propios ojos muchas sanidades físicas maravillosas, incluso de aquellos cuyos ojos ciegos fueron abiertos, pero jamás he visto ningún milagro comparable al que presencie en una asamblea del espíritu santo a principios de los años 50. Simplemente, el milagro fue un poderoso movimiento de <amor y confianza> entre una multitud de hermanos. Creo que no haya habido, ni antes ni después, reciprocidad igual en ninguna otra parte en nuestro siglo, Sólo podríamos decir: <Mirad, cómo se aman unos a otros.> Este fue un verdadero <bautismo de amor.>Hermanos hemos perdido esta cualidad fundamental, incluso en las agrupaciones llenas del Espíritu. ¿Que ha ocurrido? 


Como una planta nueva y tierna, como un gorrión recién nacido, incapaz de volar por si mismo, debemos permanecer juntos, temerosos y temblando, a pesar de las aparentemente desesperanzadoras perspectivas del futuro. Debemos arrepentirnos de nuestras imperfecciones, reconociendo nuestra necesidad y luchando de nuevo, encarecidamente, por la restauración de aquello que se perdió. Pensándolo bien,  no solo por lo que se perdio sino – mucho más – por la prometida promesa bíblica de la doble porción del fin de los tiempos.

La <ekklesia> (de los llamados a ser separados hacia El) que están luchando denodadamente por algo más alto, no es muy numerosa. Ellos apenas son un puñado. Ellos reconocen que, de acuerdo con las apreciaciones normales del hombre, parece que no tengan las cualidades básicas para enseñar en las clases de la escuela dominical y – mucho menos- para sacar de Egipto a un pueblo perdido, a una humanidad atrofiada espiritualmente, y llevarlo – a través del desierto – a la Tierra Prometida.

Aunque parezca que la mayoría de los cristianos (no me atrevo a llamarlos creyentes) están combatiendo a este movimiento, no debemos inclinarnos por mas tiempo a su llamamiento a la mediocridad. Estamos separados por miles de kilómetros, por muros denominaciones, por doctrinas, por diferencias de culto, y así sucesivamente. Todavía podemos y debemos tener amor y confianza mutuos que nos pongan por encima de nuestras diferencias y nos permitan ver en los ámbitos de Espíritu mucho más allá del velo de nuestra carne, llevándonos a una nueva revelación de Jesus, de su amor, y de sus propósitos eternos para los suyos.

LA SENTENCIA DE MUERTE


Charles E. Newbold Jr.

La sentencia de muerte ha sido pronunciada sobre la carne. La naturaleza carnal del hombre esta separada de Dios, que es vida; por tanto, la carne está muerta y todo lo que procede de la mente carnal es muerte.

No obstante, la carne tiene una vida propia. Es terrenal, sensual, egocéntrica, y permanece en guerra con Dios. Su vida nace de la semilla de la muerte. Tiene un empuje inherente por preservarse a sí misma a cualquier costo.

Teme la aniquilación. Sin embargo, no puede salvarse a sí misma porque esta destinada a la auto-destrucción. La naturaleza carnal gobierna a una persona hasta que la vida de Dios en Cristo es sembrada en su espíritu, momento en el que la vieja semilla de la carne y del pecado se entiende que esta como ya está—muerta.

Por desgracia, incluso después de ser redimidos por la sangre del Cordero, y mientras permanezcamos en esta vida, llevamos ambas semillas: la semilla de la carne y de la muerte, y la semilla del Espíritu y de la vida.

El Sistema de la Iglesia Ramera - Charles E. Newbold Jr.

16 de agosto de 2012

JEHOVA, JUSTICIA NUESTRA


John Wesley

Este será su nombre que le llamarán: Jehová, justicia nuestra (Jeremías 23: 6).

1.    ¡Cuántas y cuán terribles han sido las contiendas respecto a la religión! Y esto no sólo entre los hijos de este mundo, entre los que no sabían lo que era la verdadera re­ligión, sino aun entre los mismos hijos de Dios, aquellos que han sentido el reino de Dios en sí mismos, que han probado la “justicia, paz y gozo por el Espíritu Santo.” ¡Cuántos de estos hermanos, en todos tiempos, en lugar de unirse en con­tra del enemigo común, han usado sus armas los unos en con­tra de los otros, y no sólo despreciado un tiempo tan precio­so, sino lastimado sus espíritus, debilitado mutuamente sus manos y estorbado por consiguiente, el desarrollo de la gran obra de su común Maestro! ¡Cuántos débiles se han escan­dalizado con tal motivo! ¡Cuántos lisiados se han separado del camino! ¡Cuántos pecadores han confirmado su falta de res­peto a la religión y su desprecio para con aquellos que la pro­fesan! Y ¡cuántos excelentes hombres han sido constreñidos a llorar en secreto!

2.    ¿Qué no debería hacer y sufrir todo aquel que ama a Dios y a sus semejantes, por remediar tan grave mal; por quitar esta contención de entre los hijos de Dios; por restaurar y preservar la paz entre ellos? ¿Qué otra cosa, excepto una buena conciencia, apreciaría demasiado para no separarse de ella, por obtener este buen fin? Y supongamos que no poda­mos hacer que estas guerras cesen en el mundo; que no po­damos conseguir que todos los hijos de Dios se reconcilien; sin embargo, cada quien debe hacer cuanto esté a su alcance por contribuir a esta obra, aunque sea con un grano de arena. Dichosos aquellos que pueden poco más o menos promover la paz y buena voluntad entre los hombres, especialmente entre los hombres buenos, entre los que se han alistado bajo la bandera del Príncipe de la paz, y están, por consiguiente, procurando, en cuanto está en ellos, tener paz “con todos los hombres.”

3.    Se daría un gran paso hacia este glorioso fin, si pu­diéramos conseguir que los hombres sinceros se entendiesen mutuamente. El mero hecho de no entenderse bien es causa de abundantes disputas. Frecuentemente ninguna de las par­tes contendientes entiende lo que la contraria piensa, de lo cual sigue que se atacan con violencia, cuando en realidad de verdad no están desacordes. Y sin embargo, no es siem­pre cosa fácil convencerlos de esto, especialmente cuando se han exaltado los ánimos, lo que es causa de gran dificultad; empero, no es imposible, especialmente cuando procuramos hacerlo no confiando en nosotros mismos, sino poniendo to­da nuestra esperanza en Aquel para quien todas las cosas son posibles. ¡Con qué prontitud puede dispersar las nubes, iluminar sus corazones y ayudarlos a entenderse el uno al otro, y también “la verdad como está en Jesús”!

MÁS ALLÁ DEL PENTECOSTÉS


 
 Clayton Sonmore

Esta presentación se hace como resultado de mucho sufrimiento y desazón del alma por ver preservada la verdad que no tiene precio y por recuperara el amor ágape y con el fin de descubrir el sectarismo. Más aún, deseo ver que los inestables hermanos de la fe se muevan a más elevadas alturas, al igual que las confraternidades, las iglesias, los organismos, los grupos de oración, etc., que se hayan identificado esencialmente a si mismos como la “efusión del Espíritu santo” del Señor de los fin de los tiempos, para que se muevan a iguales y más elevadas alturas.

Parece que hubiera una tendencia predominante en todos nosotros, tanto individual como colectivamente, producida por el júbilo de la nueva dimensión a la cual hemos sido llevados, olvidándonos de que aquello que fue un nuevo orden en el “ayer” del pasado es con frecuencia, un orden viejo en el “hoy” de la actualidad.

Dios quiere llevarnos a una revelación progresiva de Si Mismo, y de lo que nosotros somos en El.

Reconozco parcialmente la culpa en los demás, solo por el hecho de que ahora estoy empezando a ver la culpa en mi mismo. He visto la falsedad en muchas actividades y en muchos grupos, solamente porque Dios me ha hecho comprender las falsas tendencias de algunas actividades de cuya creación he sido responsable.

La elaboración de la parte substancial de esta presentación ocurrió el 5 de Marzo de 1964, y las palabras vinieron bajo circunstancias muy extrañas. Me encontraba en Texas, asistiendo a unas reuniones, cuando me aconteció una rara <dolencia>, y estuve terriblemente enfermo durante 24 horas, excepto cuando me ponía a escribir. Cuando empecé a escuchar la voz del Espíritu Santo, las palabras de este libro, para sorpresa mía, empezaron a brotar de mi pluma bajo su dirección. En la misma manera cuando la enfermedad me dejaba cuando tomaba mi pluma para escribir, así me abandono inmediatamente y completamente cuando termine el último párrafo. En el acto me levante de la cama y me vestí y conduje durante todo el camino de regreso a Minneapolis sin detenerme, como no fuera para aprovisionarme de combustible.

15 de agosto de 2012

MAESTROS DEL ENGAÑO


 
Clayton Sonmore

Hubo un tiempo en que Dios dijo a Su Pueblo: "Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra" ¿Dónde estaba esta tierra que padecía por esa situación espantosa y deplorable? Era Israel, la Tierra Prometida por Dios, la gloriosa patria que Él había separado para Su pueblo escogido, situada en medio de lo que entonces se llamaba "el fértil o medialuna creciente"; hermosa tierra ésta que fue bendecida con un clima ideal y abundante agricultura. La tierra de Israel había manado "leche y miel" casi continuamente desde los días de Moisés. Esta nación, sin embargo, estaba en grave peligro de juicio de Dios..., porque un anatema estaba escondido en las tiendas de Su pueblo, ya que:

1. ¡Sus profetas estaban profetizando falsamente! Los mismos hombres ungidos por Dios para que hablaran por Él, estaban expresando sus propios pensamientos y diciendo mentiras. Y si esto no fuera suficientemente malo...

2. ¡Sus sacerdotes estaban gobernando de acuerdo con su propia voluntad y sus propias normas, obedeciendo la guía de los falsos profetas! Los ministros de Dios, designados para servirle en el Lugar Santo de Su Templo, se habían unido a los falsos profetas para descarriar a Su pueblo. Aún más allá de este horror de los horrores, en lugar de buscar la purificación y la corrección para sí mismos y para sus líderes......¡ Al pueblo de Dios le gustaba que esto fuera así! A Su pueblo especial le gustaba ser engañado muy profunda y realmente por sus falsos profetas y sus perversos sacerdotes. Ellos lo mezclaban todo, "lo precioso con lo vil" y se sentían felices de ello (Jer. 15:9). Jeremías, un verdadero profeta de Dios, advertía con un amenazador juicio.

Sin embargo el pueblo, antes de arrepentirse y purificarse, se volvió contra Jeremías encerrándolo en prisión. ¿Estaba Dios hablándole solamente al laico y al pobre de la sociedad judía de aquellos tiempos (620 a. C.)? No, la mayoría de los semejantes de Jeremías vivían bastante lujuriosamente en la, apartada de Dios, Ciudad Santa de Jerusalén. Aún los más pobres de ella guardaban cuidadosamente Su Ley, adoraban con regularidad en el hermoso y santo Templo de Salomón, ayunaban y oraban según estrictas costumbres, guardaban religiosamente las numerosas fiestas, diezmaban escrupulosamente y daban a los demás...En verdad este pueblo hacía con regularidad toda clase de obras religiosas, buenas ciertamente e, incluso, grandes.

13 de agosto de 2012

ESTE ES UN DIA DE ENGAÑO


George Warnock

Dios nos dice que llegará el tiempo en que Él mismo enviará “un poder engañoso para que crean la mentira (LA MENTIRA)”. (2ª Tes. 2:11). Y la razón es mencionada claramente: “Porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos (V. 10). Una rebelión consistente y persistente contra Dios hace que Dios aparte Su protectora mano de gracia, y por tanto, provocando un aumento y una multiplicación de la oscuridad que ya hay. En este sentido solamente Dios “crea el mal”. Es el juicio de Dios en contra de la iniquidad. Y tanto si somos creyentes o no, esto debería producir en nosotros un temor santo.

Un poco de desobediencia por nuestra parte puede producir una medida de oscuridad. Dios sea misericordioso en esa hora—para que podamos reconocer la oscuridad y regresar corriendo a Sus brazos, Sus brazos extendidos de amor y de perdón. Da miedo ver a hombres y mujeres que pensábamos que habían conocido al Señor de forma muy real… deslizándose hacia áreas de engaño y oscuridad que son completamente ajenas al amor de la verdad. En algún lugar Satanás encontró un paso, gradualmente se posicionó ahí, hasta que casi parecía que no quedaba ninguna esperanza para ellos.

¡Qué tarea tan interminable tendríamos en nuestras manos si hubiéramos de comenzar a nombrar todas las áreas diferentes de engaño! La provisión de Dios y el antídoto para este peligro es que tú y yo caminemos en la verdad. Jesús dijo, “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32). Pero sentimos que hay que mencionar este mal del divorcio que corre libremente estos días; y advertir al pueblo de Dios especialmente, que Satanás está promoviendo esta avalancha de divorcio e infidelidad que está sobrecogiendo a la iglesia.

El hogar cristiano es una “iglesia” en miniatura, y el Enemigo sabe que si es victorioso en el hogar, automáticamente tiene victoria en la iglesia. Debemos guardarnos contra el engaño que está alcanzando a muchos, especialmente cuando el marido y la esposa comienzan a creer la mentira de que no se han casado con el cónyuge espiritual apropiado-y que realmente Dios jamás los unió el uno al otro—que fue su propia equivocación, y que por tanto, aún deben encontrar al que realmente Dios preparó para ellos. Hemos recibido información de fuentes distintas de que hay brujas y brujos orando y ayunando para que se rompan los hogares cristianos. No seamos hallados entre el gran número de los que echan la culpa a Dios del ataque de brujas y brujos.

12 de agosto de 2012

EL GRAN PRIVILEGIO DE LOS QUE SON NACIDOS DE DIOS


John Wesley

Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado (1 Juan 3:9).

1.    Con mucha frecuencia se ha supuesto que ser na­cido de Dios es lo mismo que estar justificado; que el nue­vo nacimiento y la justificación son únicamente diferentes expresiones que tienen el mismo significado; siendo evidente, por una parte, que cualquiera que está justificado, es también hijo de Dios, y por la otra, que cualquiera que es nacido de Dios está también justificado. Más aún, que estos dos dones de Dios son dados al creyente en un solo y mismo instante. En un momento sus pecados son borrados y es nacido de Dios.

2.    Empero, si bien se puede conceder que la justificación y el nuevo nacimiento son inseparables el uno del otro res­pecto del tiempo en que se efectúan, sin embargo, se puede muy fácilmente distinguir y ver que no son lo mismo, sino dos cosas de naturaleza enteramente diferente. La justificación significa un cambio relativo, mientras que el producido por el nuevo nacimiento es real. Al justificarnos, Dios obra por nos­otros; al engendrarnos otra vez, en nosotros. La justificación cambia nuestra relación para con Dios, de manera que de ene­migos pasamos a ser hijos. Por medio del nuevo nacimiento, se cambia lo más íntimo de nuestras almas, de modo que de pecadores nos convertimos en santos. Aquélla nos restaura al favor de Dios, éste a la imagen de Dios. Significa la justifi­cación el quitar la culpa; el nuevo nacimiento, la destrucción del poder del pecado, de manera que, si bien se unen en cuan­to al tiempo en que acontecen, son, sin embargo, de dos na­turalezas enteramente distintas.

3.    La falta de discernimiento en esto y el no observar la gran diferencia que hay entre estar justificado y nacer otra vez, han sido causa de una gran confusión de ideas en muchos de aquellos que han tratado este asunto; especialmente cuan­do han procurado explicar este gran privilegio de los hijos de Dios, a saber: que “cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado.”

4.     Tal vez sea necesario—a fin de comprender esto cla­ramente—considerar en primer lugar, cuál sea el verdadero significado de la expresión: “Cualquiera que es nacido de Dios,” e investigar, en segundo lugar, en qué sentido “no hace pecado.”

I.      1. Vamos a considerar el verdadero significado de estas palabras: “Cualquiera que es nacido de Dios.” Por lo general, en todos los pasajes de la Sagrada Escritura donde ocurre la expresión: “ser nacido de Dios,” podemos aprender que significa no sólo ser bautizado, o cualquier cambio ex­terior, sino un gran cambio interior: un cambio producido en el alma por la obra del Espíritu Santo; un cambio en to­do nuestro modo de ser. Porque desde el momento en que so­mos nacidos de Dios, vivimos de una manera muy diferente de la anterior—estamos, como quien dice, en otro mundo.

8 de agosto de 2012

ESPÍRITU Y CARNE


Charles Newbold Jr.
Para entender estos dos “estados del ser espirituales”—es decir, Sión y Babilonia--, debemos entender la diferencia entre Espíritu y Carne.
En el contexto de este libro, la diferencia entre el cuerpo de Cristo y esta Cosa que llamamos  iglesia, es la diferencia entre Espíritu y carne—lo que es del Espíritu de Dios y lo que es de la naturaleza del viejo hombre de la carne y del pecado, incluso la mente carnal.
Sión representa al Espíritu, y Babilonia representa la carne. El cuerpo de Cristo necesita mucho discernir entre lo que es Espíritu y lo que es carne, porque lo que es de la carne es enemigo del Espíritu. Los que creen verdaderamente en Cristo han recibido el poder del Espíritu para vivir una vida separada de la carne. Esta separación es lo que llamamos santificación.
La palabra carne es usada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento en referencia a la existencia física natural de toda la humanidad, tal y como la vemos usada en Mateo 24:22: “Y, a menos que esos días fueran acortados, ninguna carne sería salva; pero por causa de los escogidos, esos días serán acortados”.
La carne también se ha usado en referencia al cuerpo humano de un individuo. Después y antes de Su resurrección, y antes de Su ascensión, Jesús apareció a Sus seguidores y dijo, “Mirad mis manos y mis pies, que soy yo. Tocadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Lucas 24:39.
Sin embargo, la clase de carne de la que se escribe en este libro es en referencia a esa naturaleza caída de pecado en toda la humanidad que surgió cuando Adán se rebeló en el jardín. Pablo escribió en referencia a esto: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes éstas; a cerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”Gálatas 5:19-21.La carne es capaz de cometer los males más viles sin conciencia, incluso teniendo conocimiento de lo que es bueno y de lo que es malo. Así sucedió en los días de Noé. Génesis 6:5-7. Estas prácticas no son las obras del cuerpo físico, sino de la naturaleza caída de pecado que reside en nosotros.
Pablo ya había establecido en Gálatas 5:17 que “la carne es (pone su deseo) contra el Espíritu y el Espíritu contra la carne; y estos dos se ponen para que no hagáis lo que queréis” Romanos 8:7 afirma que “la mente carnal es enemistad (hostil) contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, y tampoco puede”.
La mente carnal y el Espíritu de Dios hablan idiomas que son extranjeros y desconocidos mutuamente. La mente carnal (de la carne), no puede hablar Espíritu y el Espíritu de Dios no puede hablar carne.  La mente carnal no tiene capacidad en absoluto para entender las cosas de Dios, que son Espíritu. 1ª Cor. 2:12-14. Cuando las cosas inspiradas por Dios se reducen a doctrinas rígidas, sistemas de teología, razonamiento y lógica, ya no son por más tiempo Espíritu, sino que se han hecho carne. Y si carne, entonces engaño. La mente carnal es completamente extraña al Espíritu de Dios; es hostil a Dios.
El Sistema de la Iglesia Ramera - Charles Newbold Jr.

5 de agosto de 2012

EL HIJO, NO LA LEY


Davis y Clark

¿Cuál es nuestra parte? ¿Debemos contribuir algo ciertamente? Primero consideremos lo que no es nuestro papel. Hallamos varias pistas en el siguiente pasaje.

“Desde el lugar de su morada miró sobre todos los moradores de la tierra. El formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras. El rey no se salva por la multitud del ejército, Ni escapa el valiente por la mucha fuerza. Vano para salvarse es el caballo; La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar. He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia”  (Salmos 33:14-18).

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:16).

¡No tenemos nada de qué jactarnos porque toda la justicia es Suya! Solo hay UNO bueno. Solo UNO posee el poder para salvar en extremo. ÉL es nuestra santificación. Dios Le ha hecho nuestra redención, sabiduría, santificación y Justicia. Hasta la vida que ahora vivimos la vivimos por Su fe. Jesús viviendo en y por nosotros es nuestra única esperanza de gloria.

Pablo y Pedro, ambos estuvieron de acuerdo en que nadie puede guardar la ley de Moisés. Considerando esto hallamos un lenguaje muy extraño en el Sermón del Monte de Jesús. Parecía estar levantando el nivel de la justicia.  Aumentó la carga de los que estaban engañados pensando que estaban satisfaciendo las exigencias de la ley por sus propios esfuerzos. Dijo, “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 5:20).

¿Cómo podía esta nueva justicia superar a la de los escribas y fariseos? En otro lugar Jesús les dijo, “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.” (Mateo 23:25). Cristo deja claro que nuestra justicia debe ir más allá de una mera justicia externa, hasta una justicia interior.

LAS SEÑALES DEL NUEVO NACIMIENTO


John Wesley

Así es todo aquel que es nacido del Espíritu (Juan 3:8).

1.    ¿De qué manera nace de Dios todo aquel que es “na­cido del Espíritu,” nacido de nuevo? ¿Qué cosa significa na­cer de nuevo, ser nacido de Dios, o ser nacido del Espíritu? ¿Qué quiere decir ser hijo o criatura de Dios, o tener el espí­ritu de adopción? Sabemos que por la gran misericordia de Dios, estos privilegios generalmente se unen al bautismo, el cual nuestro Señor llama en el versículo 5, “nacer de agua y del Espíritu,” pero deseamos saber además lo que son estos privilegios—qué cosa sea el nuevo nacimiento.

2.    Tal vez no sea necesario dar una definición de esto, siendo que la Sagrada Escritura no lo hace, pero como el asun­to es de vital importancia para todos y cada uno de los hijos de Adán, por cuanto: “el que no naciere otra vez,” naciere del Espíritu, “no puede ver el reino de Dios,” me propongo describir sus señales de la manera más clara que pueda darse y tales cuales las encuentro en la Sagrada Escritura.

I.     1. La primera de estas señales y la base de todas las demás, es la fe. Así dicen: Pablo: “Sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26). Juan: “Dióles potestad” (el derecho o privilegio) “de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no son engendrados,” cuan­do creyeron, “de sangre, ni de voluntad de carne,” ni por medio de la generación natural, “ni de voluntad de varón,” como los hijos que adoptan los hombres y en los cuales nin­gún cambio se obra; “mas de Dios” (Juan 1:12, 13). Y tam­bién en su epístola general: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (I Juan 5:1).

2.    Empero la fe de que hablan los apóstoles en estos pa­sajes, no es simplemente especulativa; no es sólo el asenti­miento a la proposición: “Jesús es el Cristo;” ni aun a to­das las proposiciones contenidas en nuestro credo o en el Antiguo o en el Nuevo Testamento. No es únicamente el asen­timiento frío al hecho de que cualquiera de estas doctrinas o todas ellas son creíbles y deben creerse, porque el afirmar esto sería tanto como decir que los diablos son nacidos de Dios, puesto que tienen esta fe—temblando creen que Jesús es el Cristo—y asimismo, que toda Escritura, habiendo sido dada por inspiración divina, es tan verdadera como Dios es ver­dadero—no sólo es el asentimiento que se da a la verdad di­vina aceptando el testimonio de Dios o la evidencia de los milagros, porque esos espíritus escucharon también las pala­bras de sus labios y sabían que su testimonio era fiel y ver­dadero—no pudieron menos que recibir el testimonio que dio de sí mismo y del Padre que lo había mandado. Vieron asi­mismo las grandes obras que hacía, y creyeron, por consi­guiente, que “había venido de Dios.” Sin embargo, a pesar de esta fe, están aún reservados debajo de oscuridad en pri­siones eternas hasta el juicio del gran día.

RECONSIDERANDO EL DIEZMO 4


Davis y Clark

Dar el diez por ciento de sus ingresos netos es parte de ese espíritu de opresión que demandan los líderes de sus seguidores. No hay ningún lugar en la Biblia en el que se exija al pueblo de Dios que dé para que un puñado de líderes religiosos puedan vivir como reyes. Lo que si encontramos en el Antiguo Testamento es un llamado al pueblo de Dios a traer un décimo del incremento de sus cosechas y rebaños al tabernáculo del Señor para celebrar ese incremento y festejar delante del Señor. Pero en ningún lugar se les exigía que dieran un diez por ciento de sus ingresos netos o de sus aumentos a los sacerdotes.

En el Nuevo Testamento es incluso más perceptible que las cosas que daban los fieles procedían de la abundancia extra y el propósito de darlas era satisfacer las necesidades de los que no tenían. Su obra de amor era tan grande que esas cosas eran distribuidas a todos los que tenían necesidad, de manera que nadie tenía falta de nada. Hoy, al ver los enormes edificios, las decoraciones llamativas, y los enormes salarios que cobran los pocos que están en  control de las iglesias, es demasiado obvio que esta misma clase de benevolencia hacia el más pequeño del reino, es algo del pasado. Por todas partes vemos el fruto del opresor y del que amasa oro, y una vez más se cumple la profecía de los últimos tiempos. Pablo vio el Antiguo Testamento como una parábola que nos instruye como deberíamos vivir y como no deberíamos vivir, como santos de Dios.

Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron” (1ª Cor. 10:1-6)

 Haran Mercaderia de Vosotros - Davis y Clark

1 de agosto de 2012

ESTE ES UN DIA DE MEZCLAS


George Warnock
 
El Día del SEÑOR tratará con esta horrible corrupción que abunda en la tierra y especialmente con la MEZCLA que ha caracterizado al pueblo de Dios. Con frecuencia somos contaminados con la corrupción del mundo porque habitamos en medio mismo de ello, y no siempre somos conscientes del efecto que está teniendo en nuestras mentes y espíritus. Jesús nos advirtió que por causa de la abundancia de la iniquidad a nuestro alrededor, el amor de muchos se “enfriaría”.

Es fácil deslizarse en el camino del mundo sin darse cuenta de que el mundo y sus sistemas son los enemigos de Dios “y el que es amigo del mundo, es enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

Necesitamos orar que Dios nos muestre tal exhibición y peso de Su gloria en medio de nosotros para que podamos reprobar al mundo de pecado, como deberíamos estar haciendo. No quiero decir con esto que sea a través de mucho hablar y de apuntar con dedo acusador: Me refiero con esto a vivir expresando la vida de Cristo en el mundo, que el mundo sea confrontado con el ojo de Dios, que todo lo ve, y sepa que es Dios mismo quién los está reprobando “de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Sin esta manifestación de Su gloria, ¡Qué desvalidos estamos! Y así, lo mejor que sabemos hacer es conseguir que los legisladores se pongan de nuestra parte, y tratar de cortar las pequeñas ramitas y brotes de degradación que siguen creciendo del árbol corrupto de nuestra sociedad.

Pero a menos que el árbol sea cortado de raíz—por cada ramita de corrupción que tratemos de cortar en el brote, dos más crecerán en su lugar.

¡El plan de Dios es echar abajo el árbol! Y nosotros que conocemos a nuestro Dios, y que sabemos lo que es el Día del SEÑOR, nos gozaremos cuando el Señor haga la oscuridad y el mal para los hacedores de maldad, y traiga luz y paz a los que aman la verdad. Porque Él ha declarado:

“Yo formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto. Jehová el Creador.  Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente.” (Isaías 45:7-8).  ¡Esto es exactamente el significado del Día del SEÑOR!

Dios aborrece la mezcla y llama a Su pueblo a hacer una diferencia entre lo puro y lo impuro, a conocer la naturaleza del bien y del mal, y trazar una línea divisoria entre la luz y la oscuridad:

“!Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ” (Isaías 5:20).

Una vez más, en este Día del SEÑOR que viene rápidamente sobre nosotros, Dios va a “dividir la luz de la tinieblas”. Una vez más, la luz será llamada día, y las tinieblas serán llamadas noche.

Sólo la revelación de Su gloria puede hacer esto. Intentemos, si es que podemos, meternos en el ámbito político con una pala, para quitar la oscuridad, y la oscuridad permanecerá… y será aún más oscura. Intentemos, si es que podemos, movilizarnos, marchar y hostigar a los hacedores de maldad, y no conseguiremos nada.

Cuando la luz es rechazada, la oscuridad es el resultado inevitable. Y como veremos más tarde en este mensaje,  si la luz es persistentemente rechazada, Dios mismo enviará una mayor y mayor oscuridad, hasta el punto de que los hombres no conocerán la diferencia, y el mal será llamado el bien y la oscuridad, la luz.
 
Quienes Sois? - George Warnock
"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"
Matthew Henry