" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

18 de febrero de 2013

MINISTROS DEL MERCADO


Davis y Clark

No te sorprendas si la gente que busca a mamón en las iglesias terminan siendo vuestros peores enemigos. En Hechos 17:5, leemos: “Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.” Theyers define ociosos y malos (agoraios) como sigue:

1) Perteneciente al mercado

2) Frecuentando el mercado

3) Buhoneros, Traficantes mezquinos, comerciantes de baratijas

4) Hombres holgazanes, ociosos, vulgares, bajos, ordinarios

5) Generalmente, gente del montón, adecuada a un lenguaje forense (legal), transacciones de negocios.

Fueron precisamente holgazanes, mercaderes y comerciantes involucrados en transacciones de negocio los que persiguieron a Pablo. Esto debería mostrarnos cuánto de anticristo tiene este espíritu de mamón. Fueron los plateros que vendían estatuas de Diana en Éfeso los que causaron el tumulto que casi mata a Pablo y a los que con él estaban. Una de las últimas excusas para perseguir las riquezas de este mundo en el nombre de Cristo, es “Yo soy un ministro del mercado”.”.

Pablo lo dejó muy claro en su carta a Timoteo: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.” (2ª Tim. 2:1-4).

La marca que distinguía las vidas de estos hombres NO era la educación, ni la riqueza, ni el prestigio o el poder mundano. Lo que hacia que la gente los notara era la fragancia de Jesús en sus vidas. Predicaron el reino con poder, no la sabiduría de los hombres. ¿Qué es lo que se dice de ti o de mí? ¿Los que son testigos de nuestra confesión, pueden decir que hemos estado con Jesús?

Sin tener en cuenta lo que hubieran sido antes de ser llamados a Cristo, el único negocio que tuvieron después fue el Negocio del Padre, igual que Jesús, el ejemplo de ellos. Estaban demasiado ocupados poniendo el mundo patas arriba para preocuparse con representar cada faceta de la sociedad en el sistema del cosmos.

Somos llamados a ser siervos y esclavos, a poner nuestras vidas totalmente por la obra del reino, predicando las buenas noticias sin cobrar nada cambio. Lo que normalmente llamamos ministerio es lo menos parecido posible a la fe y al caminar de Pablo y de los otros apóstoles. Lo que encontramos aquí es formas cristianas de salvar nuestras vidas y evitar la cruz de Cristo, y todo ello en nombre del ministerio.

A lo largo de los años, los que han hecho un impacto mayor para el Reino de Dios no han sido los apóstoles del mercado, como desean hacerte creer éstos que tratan de promocionar el ministerio del mercado, sino los que lo abandonaron todo y siguieron al Señor. Fueron los que abandonaron casas, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos y tierra por causa de Cristo, los que recibieron la bendición de Dios al ciento por uno. No estamos hablando de dinero. Recibieron la vida eterna como  recompensa (lee Mateo 19:29). No tenemos el conocimiento ni las fuentes para dar un listado de estos ministros del Reino de Dios, pero podemos mencionar unos cuantos.

Francisco de Asís fue una luz ardiente en un lugar de tinieblas. Fue hijo de un rico mercante de telas italiano, y abandonó su herencia legal, hasta la ropa que llevaba puesta, y salió fuera del campamento para ministrar a los pobres con gran amor. Llevó el vituperio de Jesús.

O Hudson Taylor, que fue a la China interior obedeciendo el llamado de Dios sin el apoyo ni respaldo de ninguna sociedad misionera. Abrió el amplio continente al evangelio.

O George Mueller, que sirvió a los pobres y huérfanos de Inglaterra. Dios le ordenó que no diera a conocer las necesidades a los hombres. Obedeció, y a esos niños nunca les faltó la comida. Ninguno de estos fieles siervos de Jesucristo salió como un apóstol del mercado. No se enredaron en los negocios de esta vida. ¡Lo dejaron todo! “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y el pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). Este es el verdadero corazón del asunto.

Estamos encontrando fórmulas “cristianas” para salvar nuestras vidas. Cristianizamos nuestras ambiciones, las cubrimos con un lenguaje de piedad, y al mismo tiempo, preservamos intactos nuestros anhelos de cosas de este mundo. Si, deberíamos ser testigos del reino de Dios por donde vayamos, pero si encontramos un lugar en el mercado para sacar ganancia, ¿De qué reino testificamos?

El hombre hará cualquier cosa para justificar su búsqueda de riqueza, incluso transformando el marketing en ministerio. ¿Hay alguien hoy que ministre en sencillez y que crea realmente que si escucha al Señor y Le obedece, el Señor mismo se encargará de que su obra y los gastos que conlleve, sean satisfechos sin necesidad de pedir ni de cobrar por nada? No fue hace mucho que los hombres de fe creían que “Lo que Dios comisiona, Él se compromete a financiarlo”.

 ¿Hay alguien que como Pablo, tenga temor de traer estorbo al evangelio de Cristo buscando ganancia material en el nombre de Cristo? ¿Queda alguna clase de integridad entre los que se llaman a si mismos por SU nombre en esta generación? ¿Están todos corrompidos por la codicia? ¿Hay alguien que predique el evangelio sin cobrar por ello? ¡Adiós, movimiento de la iglesia en casa! Todo evidencia que has empezado a seguir el camino de Caín y de Baalam. Estás siendo seducido por la religión comercializada y como Esaú, estás vendiendo tu primogenitura por un plato de lentejas.

 Haran Mercaderia de Vosotros - G.Davis y M.Clarck

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Matthew Henry