" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

18 de marzo de 2013

EL LUGAR ALTO DE LA IGLESIA


Charles E. Newbold Jr.

Sustituir a Jesús por la iglesia es idolatría en enormes proporciones. No hemos de levantar la iglesia y convertirla en el camino de la salvación. Solamente Jesús es nuestra salvación. Cuando la gente acusó a Dios y a Moisés de sacarles de Egipto para morir en el desierto, el Señor envió serpientes voraces entre ellos, y las serpientes mordieron a la gente por causa de su murmuración. Muchos israelitas murieron. El pueblo se arrepintió y Dios cedió. Dios le dijo a Moisés que hiciera una serpiente y la pusiera sobre un poste. Todos lo que hubieran sido mordidos, podían vivir tan solo mirando a la serpiente.  Num. 21:4-9.

Ese debía haber sido el final de la historia. ¡Pero lee 2ª Reyes 18:4! Ezequías había sido hecho Rey de Judá, y la Biblia dice que el hizo lo que era recto a los ojos del Señor. “Quitó los lugares altos, quebró las imágenes y cortó los símbolos de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés: porque hasta entonces, le quemaban incienso los hijos de Israel.” Tomaron una obra de Dios, y la convirtieron en un ídolo. En este mismo espíritu de idolatría, la gente ha convertido el mover de Dios en las denominaciones que ha terminado adorando mas tarde.

Lo que hoy llamamos la iglesia es un sistema idolátrico de tradiciones de hombres que es prostitución espiritual. La iglesia es lo que hacemos en adición a lo que Cristo nos ha hecho ser en Él. Si lo que llamamos iglesia puede ser legalizado, unido, nombrado y referido como  “esa”, y nos puede ser quitado, entonces no es lo real. La verdadera ekklesia es un cuerpo colectivo de personas que han nacido en ella. Solo han tomado el nombre de Jesús porque están en relación con Él. Esa relación no les puede ser quitada.

Si la iglesia no es la cosa real, entonces es algo falsificado. El problema con las falsificaciones es que aparentan ser muy semejantes a lo real. La iglesia, como algo falsificado, se presenta y se percibe como lo real. Y aunque sea extraño, sin embargo no se asemeja remotamente a lo real. No obstante, hemos sido engañados en creer que lo es.

Muchos queman el incienso de la adoración del yo a todo lo que se asocie con esta Cosa que llamamos iglesia. Han hecho ídolos de sus doctrinas, formas de gobierno, herencias, programas, rituales, liturgias, edificios, cultos del Domingo por la mañana, asistencia a la iglesia, presupuestos, personalidades, la Escuela Dominical, las reuniones de jóvenes, los grupos misioneros,  las reuniones de hombres, las ventas anuales, y las actividades—todo ello asociado con la iglesia.

Retozan alrededor de sus logros colectivos: sus cementerios, denominaciones, escuelas bíblicas, residencias de la tercera edad, hogares de niños, hospitales, misiones y ministerios de la cárcel.  Puede que algunos de ellos sean genuinos ministerios y causas dignas puestas por  Dios, pero se han vuelto idolátricos cuando los operamos para darnos un buen aspecto y hacernos sentir piadosos. Mucha actividad no es piedad. Estas instituciones, con frecuencia giran más alrededor de quienes las operan, que alrededor de aquellos a quienes pretenden servir.

Muchas de estas Cosas de iglesia fueron originalmente comenzadas para satisfacer las necesidades de la gente, pero pronto se convirtieron en un fin en sí mismas. Muchas de las instituciones se han vuelto orientadas hacia el beneficio, en lugar de hacia el servicio. Jesús dijo: “El sabbath fue hecho para el hombre, y no el hombre para el Sabbath”. Marcos 2:27. Hemos reservado ese dicho. Ahora bien, es como si existiésemos por causa de la iglesia y no la iglesia para nosotros.

Por otra parte, puede que tengamos la actitud de que nuestra iglesia tiene el personal correcto. Si es posible, construimos competitivamente un templo más grande y mejor que los chicos que tienen otro, en la misma calle, un poco más abajo. Planeamos nuestros cultos y albergamos la esperanza de tener el mejor espectáculo de la ciudad. Algunos de nosotros anunciamos nuestra alabanza y adoración, nuestras oraciones, nuestra predicación, e incluso nuestras ofrendas para convencernos incluso a nosotros mismos, de que quizá el Espíritu Santo esté en medio de nosotros.

Podemos planear programas en nombre del evangelismo y hacer tal marketing de nosotros mismos, con el fin de acorralar mas personas—para enseñarlos, arrojarlos y marcarlos con nuestra marca especial, para clonarlos a nuestra semejanza. Y sin embargo, queremos estar separados de las otras iglesias en la ciudad. Fabricamos nuestros credos artesanalmente para distinguirnos a nosotros mismos de ellos. Los nombres que nos damos a nosotros mismos reflejan nuestra separación de ellos. Incluso a veces nos jactamos de nuestras diferencias.

Un joven en una reunión de hombres trataba de comunicar una inocente pero pegadiza frase; sin embargo, revelaba esta noción separatista. Decía: “Iglesia Vineyard: Experimenta la diferencia”.

Para muchos corazones engañados, su iglesia es su plan de salvación, y tenemos tantos planes de salvación como iglesias. Enfatizamos la necesidad de membresía de iglesia y asistencia regular a la iglesia, y a través de ellos comunicamos el mensaje sutil de que somos salvos a través de estas Cosas. Se nos considera no sujetos a la Escritura si no vamos a la iglesia.

Muchas iglesias asocian el bautismo en agua con la membresía de su iglesia. Algunas denominaciones (sectas) predican que estás perdido a menos que seas un miembro de su iglesia. Para algunos, ser aceptados en su redil involucra una adhesión a su rígida doctrina. “Tenemos la sana doctrina. Tienes que estar de acuerdo con nosotros y bautizarte en nuestra iglesia, y serás salvo.” Absolutamente ridículo. ¿No es Jesús nuestro Salvador?

Hemos levantado sepulcros para nosotros mismos y nos hemos convertido en nuestros propios cadáveres dentro de ellos. Nos hemos sepultado en una grandeza que hemos buscado para nosotros mismos. No hay vida en estos sepulcros ni la puede haber jamás. No hay esperanza de vida de resurrección dentro de ellos porque existen para proveer algo para el Yo. La vida de Resurrección viene a través de la negación de uno mismo, y no a aquellos que buscan salvarse a sí mismos.

 El Sistema de La Iglesia Ramera - Charles E. Newbold Jr.

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Matthew Henry