" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

2 de mayo de 2013

HAY DOS PANOPLIAS


George Warnock

Las Escrituras hablan de dos juegos de armadura completos: la del pueblo de Dios y la del Enemigo. La palabra griega es “panoplia” de donde obtenemos la palabra inglesa rara vez usada “panoplia”. La palabra es usada solo dos veces en el Nuevo Testamento: la primera aparición de la misma refiriéndose a la panoplia de Satanás, y la segunda, refiriéndose a la nuestra.

“Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín.” (Lucas 11:22).

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” (Efesios 6:11-13).

Fíjate que hay dos hombres fuertes, y el más fuerte hace tres cosas:

(1)  Vence al hombre fuerte

(2)  Le quita la panoplia al hombre fuerte

(3)  Divide el botín entre los hombres fuertes

 (1)  Venciendo al Hombre fuerte

Esta clase de victoria va mucho más allá del concepto ordinario de victoria, de algún modo un mero sobrevivir, simplemente aferrándonos a lo nuestro, haciendo una incursión de éxito contra el enemigo y después corriendo a resguardarnos a la guarida del zorro. Nuestro Señor no viene en busca de una Iglesia derrotada, sino que viene a por una iglesia que es gloriosa y triunfante. Sé que Cristo triunfó en la Cruz pero Su Iglesia aún se humilla en la derrota—aunque disfrute muchísimo de sus marchas de victoria y cante sobre sus victorias.

Pero Cristo triunfó totalmente en la Cruz. Ahí Satanás fue robado no sólo de su poder (dunamis)—su capacidad para hacer sus obras del mal. Pero también de su autoridad (exousia)— de su derecho a dominar la raza Adámica y los reinos de este mundo. Así, Jesús dijo a Sus discípulos, “He aquí os doy potestad (exousia) de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza (dunamis) del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19). Y antes de marcharse les prometió que serían revestidos de poder (dunamis) de lo alto. (Lucas 24:49). La panoplia de Satanás le ha sido quitada; porque Cristo despojó a los principados y potestades, cuando murió en la Cruz (Col. 2:15). La palabra “despojó” significa que los “desnudó”—les quitó su vestidura de la batalla… Los desnudó.

¿Cómo entonces puede seguir hostigando y atormentando al mundo y al pueblo de Dios? Lo ha hecho engrandeciendo la oscuridad que hay en él y de este modo, devastando al mundo y al pueblo de Dios con todos los atributos de la oscuridad: temor, tormento, incredulidad, lucha, contienda, malicia, odio, división… y podríamos seguir y seguir con esto. Y todo ello es una clase de ENGAÑO de una forma u otra. Por supuesto, esto ha sido muy efectivo desde su propia perspectiva. Y el mundo entero yace bajo el control del “dios de este mundo” (su título religioso) y del “príncipe de la potestad del aire” (su título político). Su verdadera panoplia de PODER y AUTORIDAD le ha sido quitada; de modo que ahora se continúa fortaleciendo, incluso después de la Cruz, su panoplia de OSCURIDAD. Pero todo ello es un engaño, y es sólo en el área de la oscuridad y del engaño dónde él puede hacer esto. Tiene éxito porque “los hombres amaron más las tinieblas que la luz”. Tiene éxito porque incluso nosotros, como creyentes, nos encontramos muchas veces entreteniendo ideas que el enemigo planta en mentes carnales.

Nuestra guerra, por tanto, consiste en ponernos “toda la armadura de Dios”, y mediante ello, negar al Enemigo cualquier área en nosotros. Con esta panoplia divina de Dios, esta vestidura de batalla completa, esta armadura completa… Dios ha asegurado a Su pueblo una victoria total. El mundo entero yace en el regazo de la “maldad”, o con un énfasis mayor, del “maligno” (1ª Juan 5:19); y “el dios de este mundo ha cegado las mentes de los que no creen” (2ª Cor. 4:4). Sólo la ministración del evangelio en el poder del Espíritu Santo puede quitar esta ceguera de los corazones de los hombres, permitiéndoles creer. Que Dios nos ayude a comprender (y nos extenderemos más en este tema más adelante)… que la ministración del evangelio va mucho mas allá de una mera declaración de un mensaje, o escribir o hablar al respecto. Tiene que ver con un pueblo que penetra en el mundo de oscuridad asociándose a los poderes del reino celestial, familiarizándose con Dios y siendo conocidos por Dios en la ciudadela de Sión. Sólo entonces podremos soltar los grilletes de los corazones y las mentes de los hombres. No puedes conseguir que los hombres sean sanos de su ceguera con palabras… y mucho menos entreteniéndoles con frivolidad. Tiene que haber una sanidad… tienen que caer escamas de sus ojos.

(2) Quitando la Panoplia al hombre fuerte
 
Esto es lo que Jesús hizo en la Cruz. Pero en su derrota, Satanás sigue vistiéndose con la armadura de la oscuridad y del engaño; y estás armas se han vuelto formidables en sus manos. Cuando no entendemos que éstas son las únicas armas de Satanás, el pueblo de Dios se ha gastado completamente en su esfuerzo por adquirir grandes y formidables (¿?) armas para oponérsele, y su reino sigue tan fuerte como siempre. Con todos nuestros esfuerzos, junto con todos los recursos de la tecnología moderna (sobre la que el enemigo sigue ejerciendo dominio), hemos fracasado en producir un impacto real sobre las fuerzas del mal que gobiernan el mundo.

La razón es bastante evidente: No nos hemos dado cuenta de que sus únicas armas son las que operan en áreas de engaño y de oscuridad: temor, odio, tormento, contienda, lucha y otras. Y aún seguimos predicando el “evangelio” con estos atributos de la oscuridad todavía en nuestros corazones. Pensando que él tiene gran poder, vamos por ahí tratando de encajar arma con arma, números con números, recursos con recursos, tácticas con tácticas, estrategia con estrategia. Él dispara y el pueblo de Dios se anima comenzando a contraatacar. SI viene en contra de nosotros con lo que aparenta ser un arma poderosa, intentaremos combatirlo. Si viene en contra de nosotros con una técnica, nos ponemos justo ahí para enfrentarnos a su desafío, afortunadamente con algo comparable o mejor. Si se levanta contra nosotros con una gran hueste, haremos lo que podamos para reunir a una hueste mayor para venir en contra de él. Si él marcha… entonces nosotros organizaremos una marcha mayor, tratando de maniobrar en contra de él.

Con otras palabras, intentamos ir en contra de él con sus propias armas, y él no es impresionado por esto en absoluto. ¿Qué le importan a él vuestras pequeñas manifestaciones y entretenimiento, y vuestras representaciones del evangelio en forma de drama tan monas? Simplemente se divierte un poco y se sienta en la congregación aplaudiendo junto al resto de ellos.

Todavía tenemos que descubrir el camino de la Cruz. Todavía tenemos que saber que un hombre puede perseguir a mil, y que dos pueden hacer huir a diez mil, si caminamos en los caminos del Señor. Todavía tenemos que aprender que un pueblo de Dios vestido con “la armadura de luz” es el único y exclusivo antídoto de Dios para el mal.

(3) Dividiendo el botín del Hombre fuerte

Este es el tercer aspecto de la victoria de la Cruz. Hemos tomar el “botín” de las manos del enemigo. El botín es nada más y nada menos que los cuerpos, almas y espíritus de los hombres. Los bienes de Satanás “están en paz” siempre que el pueblo de Dios esté en conflicto… siempre que él pueda ejercer dominio sobre los corazones de los hombres. Él sabe que su reino está seguro si el pueblo de Dios mezcla la religión con el entretenimiento, el marketing y la política y si se involucra mucho en los caminos del mundo.

Pero nuestro Señor ha triunfado, y pacientemente gobierna y reina sobre el trono de Su gloria “en medio de Sus enemigos”—tal y como Dios ha decretado. Él espera pacientemente al día en que “todos Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies”… el día en que Su pueblo esté “dispuesto”—el día de Su poder.

El pueblo de Dios no sólo ha de entrar en Su heredad de Canaán, para después quedarse en la frontera y jactarse de cómo lo han conseguido. Deben expulsar al enemigo y POSEER el territorio y PARTICIPAR del fruto de su heredad espiritual. Caleb exhortó al pueblo con tantas palabras… “no temáis al enemigo… Si Dios se deleita en nosotros, nos introducirá… serán pan y mantequilla.” ¡Qué poco hemos conocido de los frutos de la victoria en Cristo Jesús!

¡Qué pronto nos llevaría Dios a nuestra heredad con tan solo humillarnos en Su presencia y caminar en obediencia, en amor, en verdad, en mansedumbre y en la unidad del Espíritu!  Por supuesto, todos reconocemos que sería precioso tener estas virtudes. Recordaremos estas cosas en nuestra mente y con suerte algún día tendremos algo de ellas. Pero mientras tanto, estamos en guerra contra el diablo y no vamos a involucrarnos demasiado en esto ahora—estamos demasiado ocupados luchando contra el diablo. Y teniendo esta actitud, no reconocemos que estos atributos de la luz, y del amor, de la verdad y de la obediencia—éstas son las únicas armas que van a derrotar al diablo. Él no teme nada de nada cuando intentamos derribar su reino con nuestro celo humano, nuestros sermones elocuentes, nuestras actividades de iglesia y nuestros programas—diversión, hermosas representaciones musicales, interpretaciones teatrales—todos estos programas maquinados carnalmente y los reclamos publicitarios que son formulados hoy día para la propagación del evangelio.

¡Pero tiene un gran temor cuando ve a un pueblo que aprende a caminar por el camino de la Cruz!

 Quienes Sois - George Warnock 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esto se merece un ¡GLORIA A DIOS, ALELUYA!

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"
Matthew Henry