" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

6 de mayo de 2013

NIMROD = "NOS SUBLEVAREMOS"

 
Douglas Weaver

La siguiente parada en nuestro paseo por nuestra común heredad, es el nieto de Cam, Nimrod, un poderoso cazador delante del Señor. Su nombre significa “nos sublevaremos”. Fue el fundador de un imperio. La ciudad que fundó—Babilonia—es un símbolo de la oposición a Dios. En Babel los hombres rehusaron obedecer la orden de Dios de salir y llenar la tierra. Por primera vez, en este lugar los hombres toman el camino de Caín convirtiéndolo en una rebelión colectiva, fundando el primer reino.

El Tárgum de Jerusalén dice de Nimrod:

“Y Cus engendró a Nimrod: comenzó a ser fuerte en pecado y en rebelión delante del Señor de la tierra. Fue un poderoso rebelde delante del Señor. Porque dice, ‘desde el día en que el mundo fue creado no había habido nadie como Nimrod, poderoso en la caza y rebelde delante del Señor. Y el comienzo de su reino fue Babel la grande”. 4

Nimrod estaba lleno de la misma ambición y violencia hallada primeramente en Caín. El es la más pura expresión de la tendencia del hombre caído a establecerse y a edificar su propio reino fuera de Dios. Desde un punto de vista mundano, Nimrod tuvo un gran éxito, fue un gran héroe y alcanzó una gran popularidad.

De hecho, “poderoso” es el mismo término usado en Génesis 6:4 para describir a los Nephalin, la descendencia de la mezcla profana de los hijos de dios y las hijas de los hombres. Describe a alguien que intencionadamente se hace famoso cometiendo actos valientes y atrevidos.

Aunque el diluvio libró a la tierra de la toda la carne corrupta, las fuerzas espirituales que había detrás de esa corrupción volvieron a salir a la superficie (Lee Génesis 6:4; Números 13:33). Babilonia es un modelo del continuo deseo que tiene el hombre de establecerse y de construir.

“Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.” Génesis 11:4

“Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.” (Génesis 11:8).

Fíjate en la pseudo-unidad existente en el hecho de que todos hablaran la misma lengua. Viajaron hasta que llegaron a las llanuras de Sinar, donde decidieron establecerse. Edificaron una ciudad con ladrillos, no con piedras. Lo que es significativo en sí. Pero por ahora centrémonos en la mentalidad que revela el versículo cuatro de arriba.

Los primeros esfuerzos se inclinaron hacia la construcción de una ciudad y seguidamente, a la construcción de una torre. Su propósito declarado era establecer un legado que los mantuviera intactos tanto a nivel generacional como geográfico. Estaban volviéndose hacia el camino de Caín, construyendo ciudades y poniéndoles nombre conforme a ellos mismos. ¿Por qué repitieron los errores que finalmente llevaron a una destrucción global?

Dios confundió sus lenguas y los esparció sobre la faz de la tierra como una medida provisional, antes de que la rebelión alcanzara su clímax. La misma idea de reyes y de reinos surgió del corazón de Nimrod. Dios nunca quiso que el hombre edificara ciudades estado y nombrara reyes para gobernar sobre ellos. Esto fue una afrenta directa contra Él y contra Su propio Rey justo.

La parábola que sigue a continuación es una sátira que expresa la vanidad de buscar un rey.

“Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?  Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?  Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.” (Jueces 9:8-15)

Todos los árboles de fruto y la vid, que daban aceite, buenos frutos y nuevo vino para honrar a Dios y a los hombres, rehusaron gobernar sobre los árboles. Para ellos, gobernar era algo inútil y degradante. Pero la zarza, que no sirve a ningún propósito, acordó gobernar sobre los árboles, estableciendo una sola condición. “Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra…” La zarza tiene muchos espinos pero muy poca sombra del sol abrasador. Si tratas de hallar refugio bajo su cubierta, cuidado con los espinos.

Años más tarde Israel quiso someterse al gobierno de la zarza. Cuando el profeta Samuel era viejo, Israel se presentó buscando un rey. Confiar en Dios como rey era algo temible, por lo que escogieron el camino predecible de los reyes de los gentiles. Al hacerlo, rechazaron el gobierno y la soberanía de Dios. Rechazaron a Dios como rey. Prefirieron el reinado de la zarza, Saúl, pastor de asnos. Israel prefirió el estilo de gobierno de Caín y de Nimrod.

“Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.” (1ª Samuel 8:4-8).

Fíjate que cuando Israel escogió tener a un mero hombre para que les gobernara y para ser como las naciones idólatras a su alrededor, Dios se disgustó grandemente y comparó su deseo de otro rey como servir a otros dioses. El deseo de tener un rey equivale a la idolatría porque ambos sustituyen el gobierno o el señorío del verdadero rey.

 El Nuevo Exodo - Douglas Weaver

 

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