" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

4 de noviembre de 2014

EL EXODO DEL FIEL ABRAHAM


Douglas Weaver

Esteban comienza su exhortación de esta manera:

Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora.” (Hechos  7:2-4)

Esta es la primera vez en la que Dios llama a un pueblo a salir en lugar de dispersarlos. Dios llamó a un hombre de nombre Abraham a salir de su tierra idólatra para peregrinar con Él en tierra extraña. Lo que Dios quería era hacer un pacto con Abraham que bendijera al mundo, algo que no podía hacer mientras Abraham siguiera viviendo en la tierra de los Caldeos. Los propósitos de Dios nunca podían cumplirse en Babilonia. La canción del Señor no puede cantarse en tierra extraña (Salmos 137:4).

“Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo. Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este lugar.” (Hechos 7:5-7).

Aquí hay otro éxodo. Dios reveló a Abraham que su simiente también sería extranjera en tierra ajena y que sería esclava durante 400 años. En el crisol de Egipto la simiente de Abraham se convertiría en una nación. En la consumación del tiempo, ¡oirían un nuevo llamado a salir! Por la poderosa mano de Dios, la simiente prometida regresaría para servir a Dios en la tierra prometida.

Hacia el fin de los 400 años, un libertador nacería entre ellos. Su nombre sería Moisés. Después de ser rescatado del río Nilo de niño, Moisés fue criado por la hija del faraón y educado en la sabiduría de los egipcios. De hombre, se encontró en su propio éxodo. Como su antecesor Abraham, peregrinó en tierra ajena. Moisés vio los abusos de los señores de Egipto y trató de librar a su pueblo del látigo de la opresión, pero su ministerio de liberación se equivocó absolutamente. Golpear a un señor hasta la muerte de una sola vez para liberar a la gente era algo cansino e inefectivo. Por temor a las consecuencias de sus actos, Moisés huyó de Egipto y se convirtió en un extranjero en tierra de Madián.

Después de cuarenta años de cuidar ovejas junto a su padre político, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se apareció a Moisés en forma de una zarza ardiente, diciéndole; “Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto.” (Hechos 7:34).

Por medio de Moisés, Dios hizo poderosos milagros, derrotando a los magos y dioses de Egipto, y llegando al clímax en ese gran evento que precedió a la liberación completa de Israel, y que fue conocido a todas las generaciones que siguieron después como la Pascua.

El Nuevo Exodo - Douglas Weaver

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