" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

5 de diciembre de 2014

EL NICOLAÍTA EN MÍ


Charles E. Newbold Jr

Yo crecí en el cristianismo institucional. El espíritu Nicolaíta (clero) se programó en mí desde mi niñez, por parte de todos aquellos que ya lo tenían programado en sí.  Es generacional. Era lo único que yo había visto o conocido. No había forma de saber que el ministerio pudiera ser algo diferente de lo que mi experiencia y educación me había enseñado. Así, continué el curso normal del ministerio que se esperaba de mí.

Yo respondí al llamado al ministerio cuando tenía unos doce años de edad, inscribiéndome en la escuela denominacional, donde sería entrenado para el ministerio, inmediatamente después de dejar el instituto.  Años después acabé un Master en Divinidad en este seminario.

Había tomado el curso normal de las clases de Biblia y religión que entrenaban para perpetuar el sistema en el que me encontraba. Había sido entrenado por el sistema del clero para ser uno de ellos. Fui contratado por los ancianos de la iglesia local para ser su pastor. Era el administrador general y para todo lo práctico, era el profesional contratado para llevar el trabajo de la iglesia.

Después de doce años detrás del púlpito, me aparté de Dios y dejé el ministerio. Después de mi conversión, años más tarde, Dios me inmovilizó en lo que yo llamo mi experiencia del desierto. Duró muchos años. Dios me puso en la escuela de su Espíritu Santo. Era un tiempo de aprendizaje de la palabra de Dios para mí mismo, de recibir revelaciones, y de ser purgado de muchas manchas y arrugas.

Un día concreto en mi viaje por el desierto, estaba orando con el Señor cuando vi en mi mente una imagen de miniatura de un hombre que se encontraba en lo alto de un acantilado con los brazos cruzados, el pecho erguido, la cabeza hacia atrás, lleno de arrogancia y orgullo. Después de mirar otra vez, dije, “¡Señor, se parece a mí!”

Sabía que estaba viendo un “espíritu” de preeminencia. Sabía que ahí estaba el espíritu Nicolaíta que se había implantado en mí desde mi temprana niñez. Este es ese espíritu de auto-engrandecimiento del clero.  En cuanto lo vi, renuncié a ello y pedí al Señor que lo quitara de mí. Esto ha tardado varios años en suceder.
 El Sistema de la Iglesia Ramera - Charles E. Newbold Jr

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Matthew Henry