" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

7 de diciembre de 2014

LA IGLESIA DE CRISTO SE PROPAGA A ELLA MISMA


George Warnock

El camino del hombre consiste en edificar templos y graneros para almacenar la simiente. Pero el camino de Dios es dispersarla. Los paganos montaban en cólera. Decían: “¡Cortaremos las cuerdas del rey de Sión! ¡Dispersaremos al pueblo a todo lo largo y lo ancho! Pero cumplieron los propósitos de Dios al hacerlo. Poco sabían que en sus fanáticos esfuerzos por erradicar a la Iglesia, en realidad estaban plantando las semillas del Reino de Dios en todas las partes de la tierra. No sabían que éste era un pueblo que se reproduciría y que se propagaría a sí mismo,  que produciría de lo suyo propio en la buena tierra de un mundo hambriento y casi muerto por inanición. 

No sabían que estaban tratando con reyes cuyos cetros eran simples bordones, pero que se movían en la autoridad del Rey del Universo. Las sandalias que calzaban eran las del “apresto del evangelio de la paz”. Y su túnica era la vestidura de verdad, en la que vivían y por la que proclamaban una palabra que era “más afilada que toda espada de dos filos”.

Ahora bien, el propósito del verdadero ministerio es alimentar a las ovejas del pasto de Dios para que se vuelvan fuertes, vitales, saludables y reproductivas. Tenemos toda clase de granjas de ovejas a nuestro alrededor. Y están usando toda clase de trucos, música rock, entretenimiento, pantomimas y danzas—llámalo como quieras—para hacer que la Iglesia sea productiva, cuando en realidad eso la hace estéril. Pero Dios en esta hora va a levantar “pastores conforme a Su propio corazón” que ministrarán vida a las ovejas, para que puedan producir según su naturaleza:

“Que suben del lavadero, todas con crías gemelas, Y ninguna entre ellas estéril” (Cantar de los Cantares 4:2).

¿Qué supones que sucedería si todas las ovejas de Dios parieran mellizos? ¿Mellizos que a su vez son vitales, fuertes, saludables y reproductivos?

Empecemos con un rebaño pequeño, muy pequeño. Empecemos con un cristiano vital en cada ciudad o pueblo del mundo… solo uno (Creo que hay al menos 150.000 pueblos, ciudades y poblaciones en el mundo). De modo que tendríamos 150.000 cristianos genuinos en la tierra.

Ahora bien, demos a cada uno de estos cristianos vitales un día completo para traer a alguien al Señor. De modo que ahora habría dos en cada una de estas poblaciones: dos ovejas llenas de vitalidad,  fuertes y sanas. El día siguiente, doblaría al número del día anterior, hasta 4—y el día siguiente al anterior, hasta 8—y así sucesivamente. ¿Parece eso demasiamos difícil?  ¿Cuanto tiempo entonces supones que nos llevaría llenar al mundo entero de cristianos saludables, fuertes y llenos de vitalidad?

¡Sólo unas dos semanas! ¡Eso es todo! ¡En apenas dos semanas el mundo entero estaría saturado con el evangelio del Reino! Y todo esto por la palabra de la boca, de un vecino a otro, sin el uso de cualquier otro medio de comunicación.

Obviamente, un día sería algo exagerado. En lugar de eso tomemos a una semana para que cada uno se reproduzca en otro, y el doble a la siguiente semana—y a la siguiente, durante 15 semanas—y la obra se cumpliría en aproximadamente un poquito más de un año. ¡Cada oveja del pasto de Dios sería responsable de dar a luz en Cristo en cada uno de estos períodos—y el mundo entero estaría lleno de cristianos verdaderos en 15 días—o 15 semanas—o 15 meses—sea cual sea el caso! Hablamos de una Iglesia vital—de verdaderos discípulos de Cristo, viviendo y andando en los principios del Reino del Cielo.

No estoy sugiriendo que éste pueda ser el plan de Dios. Simplemente lo uso como una ilustración del camino de Dios.

150.000 x 2x2x2x2x2x2x2x2x2x2x2x2x2x2x2 =4.915.200.000  ¡Aproximadamente 5000 Millones!

“Y el Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47).

“Y el número de los discípulos se multiplicaba” (Hechos 6:1).

“Y la Palabra de Dios aumentaba: y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén.” (Hechos 6:7).

“Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.” (Hechos 12:24).

Y hubo una gran persecución… y todos fueron dispersados excepto los apóstoles. (Hechos 8;1,4). Los apóstoles permanecieron en Jerusalén y la gente fue por todas partes sembrando las semillas del Reino por toda la tierra. La Iglesia de Dios ha recibido vida inherente de Dios para reproducirse a sí misma en la tierra.

Y puede que esto suene poco realista hoy día; porque una Iglesia muy irreal rehúse reconocer su condición estéril, escogiendo avanzar con sus propios programas estériles en lugar de poner fin a todo e instar a sus miembros a clamar a Dios por lo genuino. ¿Cuándo vamos a darnos cuenta de que somos la Iglesia, y que el edificio no tiene nada que ver con esto? “Oh si, por supuesto”, estamos convencidos. “Todo el mundo sabe eso”. Pero si lo saben, ¿Entonces por qué siguen edificando grandes templos para la gloria de Dios en la llanura de Sinar? ¿Por qué siguen dándoles tal reverencia y honor? ¿Por qué no puede el pueblo de Dios apartarse de todo eso cuando la gloria de Dios ya se ha apartado? Simplemente porque “Esta es mi iglesia—Yo nací aquí—Yo ayudé a pagarla.”

Las congregaciones de la Iglesia primitiva se caracterizaban por su simplicidad. “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2:42). Sus hogares se convirtieron en lugares de reunión y esto se convirtió en su forma de congregarse cuando las iglesias comenzaron a brotar por todo el imperio. Si no tenían casas, se reunían donde podían. Eran la Iglesia. Necesitaban comunión y reconocían que si había “dos” de ellos, entonces podían tener comunión. Tenían acceso al templo de Jerusalén durante un tiempo. Pero cuando comenzó la persecución, esas instalaciones dejaron de estar disponibles. En Jerusalén podía haber cientos de hogares. Pero eran uno porque caminaban en la verdad y el Señor Jesús estaba presente en medio de ellos. Porque Él prometió que cuando “dos o tres” se reúnen en Su nombre, Él estaría ahí, en medio de ellos (Mat. 18:20).

Él no estaba animando a ese pequeño puñado a reunirse el miércoles por la tarde. Estaba hablando del poder del Reino que ata a las fuerzas del mal y suelta las fuerzas del cielo, cuando simplemente dos personas están en armonía en el Espíritu y el Señor Jesús es Señor en medio de ellos—un puñado reuniéndose en esta casa—otro puñado reuniéndose en esta otra--¿Qué más podía desear el Señor? ¿Qué pasaría si tuviéramos doscientos hogares así, tres cientos, cuatrocientos—llenos de gente que se reúnen para tener comunión, teniendo al Señor Jesús en medio de ellos en la plenitud de Su presencia?

Decimos estas cosas para animar al pueblo de Dios en este día en que los programas de los hombres están viniéndose abajo. No decimos que no podemos alquilar o edificar una estructura de alguna clase si Dios da una clara dirección al respecto. Lo que decimos simplemente es que es prácticamente ocasional. Usamos lo que Dios provea conforme a Su voluntad, pero debemos estar preparados para dejarlo todo ello en un aviso momentáneo. Él quiere que seamos peregrinos en carácter, con la capacidad para propagarnos a nosotros mismos, reproductivos por naturaleza—y que estemos seguros de que los edificios y los templos no tienen nada que ver con el evangelio del Reino de Dios.

Dios va a producir esta clase de gente en la tierra. Y lo puede conseguir rápidamente. ¡Ven Señor Jesús! Pero puede que cueste los fuegos de la prueba y de la persecución producir eso. Recuerdo el sentimiento de desesperación que barrió a la Iglesia aquí en el Occidente cuando se cerraron las puertas a la obra misionera en China. ¿Es que no podemos creer que el Rey Jesús tiene “la llave de David”, “que abre y nadie cierra, y que cierra y nadie abre” (Apoc. 3:7)? Y así, cuando se cerraron las puertas de China, Dios comenzó una gran obra de purificación y de refinamiento. Y a través de mucha prueba y sufrimiento ha surgido en esa gran tierra una Iglesia fuerte, sana, que se propaga a sí misma.

En años recientes ha llegado un poquito de ayuda desde el exterior. Pero la Iglesia en China no depende de esto. Saben que esto podría cambiar en cualquier momento. Y han probado que Dios es fiel en el pasado para levantar en medio de ellos el ministerio que ellos necesiten. En comparación, tienen pocas Biblias y no por mucho por medio de la literatura cristiana. Se reúnen donde pueden, en los campos, entre los árboles, en las calles, pero generalmente en sus hogares. Todo esto es bastante ocasional porque reconocen que son la Iglesia—y crece y crece y crece porque Cristo Jesús está en medio de ellos como Señor y Rey.

 Coronado con Aceite - George Warnock

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