" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

11 de agosto de 2018

SALE EL SEMBRADOR


George Warnock

“He aquí, el sembrador salió a sembrar...” (Mat. 13:3)

La herencia de Dios es Huerto y Edificio, y hay mucho escrito en la Palabra respecto de ambos aspectos de la obra de Dios en Su pueblo. “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.” (1ª Cor. 3:9). Dios esta edificando un Templo para Su gloria; y parece que el ministerio ha enfatizado de forma generalizada el “programa de construcción” de Dios en lugar de la “siembra” de la buena semilla y el fruto que procede de ello. Tenemos que ver ambas caras del cuadro. Si lo que hacemos no es por la unción y la dirección de Su Espíritu, trabajamos en vano. “Porque nosotros somos colaboradores de (junto con) Dios”, no “para Dios” (v. 9). No hemos de perder de vista el hecho de que sólo mediante una unión permanente con Cristo vamos a producir el “buen fruto” que Él está buscando. Cualquier tipo de edificio que construyamos, si no es de acuerdo con la Ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús... se convertirá en humo en el Día del Juicio, como “madera, heno, hojarasca” (v. 13). En todo lo que hagamos, debemos saber que ningún hombre es nada excepto lo que Dios le hace ser por su gracia soberana. Todavía nos inclinamos a preferir una planta del Huerto de Dios por encima de otra, un ministerio por encima de otro, y esto es totalmente carnal. Dios no ve a ningún hombre ante de Él... a excepción de lo que Él le hace ser por su propia gracia redentora y misericordia.

“Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento.” (1ª Cor. 3:6-7).

De esta forma sale el “sembrador” con su cesto de semillas, llorando al caminar. La tierra no tiene tan buen aspecto... pero sabe que la Simiente es buena, y espera y confía que la mayor parte de ella caerá en buena tierra y brotará para vida eterna. El tiene la confianza de que si Dios  le dio la semilla para sembrar, entonces el Labrador se asegurará de preparar la tierra. Claro que sabe que alguna semilla puede perderse si el corazón “se ha desviado del camino”. Está demasiado cerca del camino  y las aves pronto la encontrarán y la devorarán. Y en el campo habrá también áreas pedregosas... que permitirán una germinación rápida y crecimiento; pero al no tener profundidad la tierra, pronto se secará. Y otras partes de la misma tendrán “espinos”, que esperamos y oramos que el Labrador quite, al tratar con aquellos han sido engañados por las riquezas y se han enfrascado con los afanes de la vida. Pero Él ha prometido que habrá buena tierra para la buena semilla y que habrá una “buena” cosecha:”Éste sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta.” (Mateo 13:23).

Con esta confianza, somos sostenidos al avanzar con nuestro cesto de semillas, sabiendo que  “El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas.” (Salmos 126:6).

El huerto de Dios - George Warnock

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