La mayoría de la gente en la pequeña iglesia rural donde yo servía, aceptó el
hecho de que yo creyera que hablar en lenguas, la sanidad divina, la expulsión
de demonios, y todos los dones del Espíritu Santo fueran para hoy, incluso
aunque la burocracia de la denominación no estuviera de acuerdo. De cualquier
forma, intenté hacer de Jesús el único asunto que importaba. Todo el mundo
estaba muy contento con este arreglo hasta que el Espíritu Santo habló a mi
Espíritu pidiendo que aboliera la Escuela Dominical.
“Señor, me estás confundiendo”,
discutí. “Nadie cierra la Escuela Dominical, especialmente como pastor de esta
denominación. La Escuela Dominical pertenece a los ancianos. Tú deberías saber
eso, Señor”. Deseché el pensamiento por imprudente. Tenía planes para levantar
la Escuela Dominical. Había estudios que habían probado que la existencia de
grupos pequeños como la Escuela Dominical, podían contribuir al crecimiento de iglesia,
y en ese momento de mi entendimiento,
quería edificar la iglesia.
Sin embargo, después de ser dirigido
con severidad al cierre de la Escuela Dominical por tercera vez, supe que tenía
que hacer algo. Llamé a los hombres de la iglesia y les presenté mi
dilema. La mayoría de ellos estaban dispuestos a probar para ver lo que Dios haría. “Después de todo”, muchos razonaron conmigo,
“si no resulta provechoso, siempre podemos volver a tener Escuela Dominical”.
Sin embargo, no todos estaban
dispuestos a probarlo. No sabía que Dios quería que diera tal paso hasta que
traté de negociar el trato con la persona de mayor influencia en la iglesia.
Lágrimas brotaron de sus ojos, hablando con voz entrecortada, pero firme. “Tú
no vas a quitar Mi Escuela Dominical”. Entonces supe de qué iba todo esto. La
Escuela Dominical era un becerro de oro para algunos de ellos, y yo me había
atrevido a tocarla.
El Sistema de la Iglesia Ramera - Charles E Newbold Jr.
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