" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

27 de enero de 2015

MEJOR ES LO POCO DEL JUSTO


Mensaje de Paz

Sal 37:16 Tet Mejor es lo poco del justo, que las muchas riquezas de los pecadores.
Nos muestra este versículo de la escritura que el justo tiene poco, mientras que son los pecadores quienes tienen muchas riquezas.

Ahora, si hay algún justo, no es por obras propias, no es por justicia propia, sino, por la justicia de Dios, que es por la fe. Ya que está escrito, que algunos pretendiendo establecer su propia justicia por las obras, desecharon la justicia de Dios, que es Cristo Jesús.

El Señor ha prometido a Su pueblo, a quienes pactan Su pacto, para aprender Sus caminos, a quienes buscan primero Su Reino y Su justicia, que Él les suplirá, añadirá todo lo necesario; y esto en realidad es poco, ya que es poco lo que necesitamos. Mientras peregrinamos por la Tierra, ya que nuestra patria es celestial y somos extranjeros aquí, no requerimos más que una estancia, una cama, una silla y una mesa, y desde luego el pan diario.

Nuestro Padre celestial sabe de qué cosas tenemos necesidad, y nos ha dicho que estemos contentos con sustento y abrigo; que si deseamos más que esto, nos meteremos en problemas, ya que estaremos sirviendo a las riquezas y haciendo tesoros terrenales; lo que nos sacará del Camino, pues andaremos apuntando a la meta incorrecta.

La meta correcta es cuando buscamos lo que el Señor quiere, y la meta incorrecta, es cuando buscamos lo que nosotros queremos, o que el Señor haga nuestra voluntad y satisfaga nuestros antojos, caprichos y deseos carnales; es cuando usamos Su Nombre para beneficio propio, es decir, cuando tomamos Su Nombre en vano.

La voluntad del Señor es hacer de Su pueblo buenos administradores del tiempo y de los recursos que coloca en nuestras manos; ¿en qué estamos invirtiendo el tiempo y los recursos? ¿En hacer lo que Él dice? ¿En hacer tesoros en la Tierra o en el cielo? ¿En Su Reino o en el nuestro?

Recordemos las palabras de nuestro Señor:
Luc 3:8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir en vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos a Abraham.
Luc 3:9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.
Luc 3:10 Y ellos le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?
Luc 3:11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.

El verdadero arrepentimiento consiste en dejar de hacer nuestra propia voluntad, para hacer la voluntad del Padre, y tiene sus frutos, o se manifestará por hechos y no solo de palabra. Los hechos son que si tenemos dos túnicas, demos al que no tiene; y que si tenemos de comer, hagamos lo mismo.

Es decir que si no estamos haciendo esto, no hemos tenido un verdadero arrepentimiento y todavía vivimos para nosotros mismos y no para el Señor.
1Jn 3:17 Más el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo permanece la caridad de Dios en él?
1Jn 3:18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino con obra y de verdad.
1Jn 3:19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él.

Mucho se busca hoy los certificados dados por los hombres, para funcionar en el mundo; ¿pero que tanto tenemos, o hemos buscado el certificado dado por nuestro Señor, el verdadero certificado? ¿Somos de la verdad?

El asunto es que si el Señor pone en nuestras manos bienes de este mundo, es para compartir con los que padecen necesidad, para hacer tesoros en el cielo, y no para amontonarlas y confiar en ellas. Recordemos que no se puede servir a dos señores, pues finalmente se amará a uno y se aborrecerá al otro; no se puede servir a Dios y a las riquezas.
Es por esto, que es mejor lo poco del justo  que las muchas riquezas de los pecadores. Ya que si se tienen muchas riquezas, es por que andamos buscándolas y sirviéndolas, es decir porque andamos pecando y apuntando al blanco torcido, o sea, no tenemos la pureza de intención; no estamos buscando la gloria de Dios, sino nuestra propia gloria; ya que quien obra de cuenta propia, busca su propia gloria; y si estamos buscando riquezas, estamos obrando de cuenta propia; y dice la escritura que nuestro Señor nunca hizo nada por sí mismo, sino solamente lo que el Padre le dijo que hiciera.

Esta es la estatura a la que el Padre nos quiere llevar, a la estatura de Su Hijo Amado; a que ya no vivamos más nosotros, sino Cristo en nosotros; esta es la perfección de los santos de que habla la escritura: Cristo formado en nosotros.

¿Qué estamos haciendo con la riquezas de maldad, en qué las estamos invirtiendo? ¿En agradarnos a nosotros mismos y en hacernos amigos del mundo, en fornicar con el mundo? ¿Estamos disipando los bienes de nuestro Señor? Recordemos que tenemos que dar cuenta de nuestra mayordomía.

Luc 16:1 Y dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fue acusado delante de él como disipador de sus bienes.
Luc 16:2 Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.
Luc 16:3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? Que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.
Luc 16:4 Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.
Luc 16:5 Y llamando a cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor?
Luc 16:6 Y él dijo: Cien batos de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta.
Luc 16:7 Después dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.
Luc 16:8 Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más prudentes que los hijos de luz.
Luc 16:9 Y yo os digo: Haceos amigos con las riquezas de maldad, para que cuando éstas falten, seáis recibidos en las moradas eternas.
Luc 16:10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
Luc 16:11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles. ¿Quién os confiará lo verdadero?
Luc 16:12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?
Luc 16:13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Luc 16:14 Y oían también todas estas cosas los fariseos, los cuales eran avaros, y seburlaban de él.
Luc 16:15 Y les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
Luc 16:16 La ley y los profetas hasta Juan; desde entonces el Reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza a entrar en él.

Oremos:
Oh Padre celestial, que tengamos por sublime, lo que tú tienes por sublime y alcancemos tu misericordia para ser fieles, de tal manera que hagamos amigos con las riquezas de maldad y seamos dignos de las moradas eternas, para que se nos confíe lo verdadero. Concédenos tu GRACIA para ser fieles con lo ajeno, con lo tuyo que  pones en nuestras manos, para ser dignos de que se nos dé lo nuestro.

Perdónanos nuestros pecados y el vivir para buscar lo propio y no lo que es de Cristo; límpianos más y más de nuestra maldad e inmundicia, conviértenos a ti de todo nuestro corazón y torna la cautividad de tu pueblo conforme a tu promesa y buena voluntad.

Tú eres nuestro Dios que nos esfuerza y hace valientes; que así sea para entrar en tu Reino.
Señor, santifica tu Nombre y edifica tu iglesia para que sea para tu gloria y deleite.
Bendito tu Nombre por los siglos. Amén.


Anónimo Mensaje de Paz.

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"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"
Matthew Henry