Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


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2 de junio de 2012

EL SACRAMENTO DE LA VIDA


A.W. Towzer.

Si pues, coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a la gloria de Dios. 1Corintios 10:31

Uno de los impedimentos más grandes que el cristiano encuentra en su búsqueda de paz interior, es su hábito de dividir la vida en dos áreas, la sagrada y la secular. Como estas dos áreas se conciben como para mantenerlas separadas, y ser incompatibles moral y espiritualmente, nos vemos obligados por las necesidades de la vida a entrecruzarlas continuamente. Y por eso vivimos desequilibrados y divididos en vez de hacerlo unidamente.

Nuestras dificultades comienzan, para nosotros los que seguimos a Cristo, en el hecho de que vivimos en dos mundos. Como hijos de Adán vivimos en la tierra sujetos a las limitaciones de la carne, y las enfermedades y flaquezas que son la herencia del pecado.

Para vivir entre los hombres se nos exige años de arduo trabajo y atención a las cosas de este mundo. En agudo contraste con esto tenemos la vida en el Espíritu. Con ella disfrutamos otra y muy alta clase de vida. Somos hijos de Dios. Poseemos naturaleza celestial y disfrutamos de comunión íntima con Cristo.

Esto tiende a dividir nuestra vida en dos departamentos. Casi sin quererlo reconocemos dos clases de acciones. Unas las hacemos con una especie de satisfacción, y con la seguridad de que con ellas estamos agradando a Dios. Son ellas la oración, la lectura de la Biblia, el canto de himnos, la asistencia a la iglesia y muchos otros actos relacionados con la fe. Estos se pueden reconocer porque no tienen ninguna relación directa con el mundo, y no tendrían razón de ser si la fe no nos mostrara otro mundo, "una casa no hecha de manos, eterna en los cielos!'

En contraste con estos actos sagrados están los actos seculares. Ellos incluyen todos los actos ordinarios de la vida, los cuales compartimos con los hijos e hijas de Adán: comer, dormir, trabajar, y en general todos los prosaicos menesteres de la diaria existencia. Muchas veces nos sentimos contrariados al hacerlos, y hasta le pedimos disculpas a Dios por tal pérdida de tiempo y de fuerza. Como resultado de esta actitud casi siempre estamos intranquilos. Vamos a nuestras tareas cotidianas con un sentido de frustración, y nos decimos pensativamente que hay un mejor día por venir, cuando seremos librados de esta envoltura material y ya no tendremos nada que ver con los asuntos de la tierra.

30 de mayo de 2012

MANSEDUMBRE Y REPOSO


A. W. Tozer

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Mateo 5:5

Para describir la condición actual de la humanidad uno podría valerse muy bien de las bienaventuranzas, pero tomándolas al revés. Porque las cualidades que distinguen al hombre de hoy son precisamente lo opuesto a las virtudes que ponderan las mismas.

No encontramos nada en la humanidad que se aproxime a las virtudes de que hablo el Señor Jesús en el célebre Sermón de la Montaña. En lugar de la pobreza de espíritu hallamos el más vicioso de los orgullos; en lugar de los que lloran hallamos a los eternos buscadores del placer; en vez de mansedumbre, arrogancia; en vez de hambre y sed de justicia, oímos a la gente decir, "Soy rico, mis caudales aumentan, y no tengo necesidad de nada"; en vez de misericordia, vemos crueldad; en vez de pureza de corazón, corrupción general; en vez de pacificadores, resentidos y peleadores; en vez de perdón cuando se los maltrata, hallamos desquite y vengan a con cualquier arma al alcance.

Esta es la clase de moral que predomina en la sociedad civilizada. La atmósfera está cargada de ella; la respiramos en el aire y la bebemos en la leche de nuestras madres. La cultura y la educación refinan esas cosas solo ligeramente; en el fondo las dejan sin tocar. Se ha creado todo un mundo de literatura para justificar esta clase de vida como la única normal.

Esto debiera asombrarnos, y mucho más al pensar que ese orden de cosas es lo que hace nuestra vida amarga y dolorosa. Todas nuestras penurias y la mayoría de nuestras enfermedades provienen directamente de nuestros pecados. Orgullo, arrogancia, resentimiento, malicia, maledicencia y codicia, causan más dolor al ser humano que todas las enfermedades que atacan su carne mortal.

En un mundo como este las palabras de Jesús suenan en una manera maravillosa y extraña, como una visitación de lo alto. Bueno es que El haya hablado, porque ningún otro podría haber hablado como El y bueno es que nosotros pongamos atención a lo que El dijo. Sus palabras son la esencia de la verdad. El no nos está ofreciendo una opinión; nunca expuso opiniones; jamás habló sin estar seguro de lo que decía. El sabía lo que decía, y lo sabe ahora.

Sus palabras no son como las de Salomón, producto de la observación aguda. El habló con la plenitud de su naturaleza divina, y sus palabras son absoluta verdad. El es el único que puede decir "bienaventurado" con completa autoridad. Porque El es el solo Bendito, que bajó de las alturas para conferir bendiciones a la humanidad. Y sus palabras están sostenidas por los hechos poderosos que realizó, más que ningún otro sobre la tierra. Es sabio para nosotros escucharlas.

24 de abril de 2012

RESTAURACION DE RELACIONES ENTRE DIOS Y LA CRIATURA


A.W.Towzer

Ensálzate sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra tu gloria. Salmo 57:5

Es casi una perogrullada decir que el orden en la naturaleza depende de la correcta relación de todas las cosas. Para lograr la armonía es indispensable que cada cosa esté en perfecta relación con respecto a otra cosa. En la vida humana, ocurre lo mismo.

He dicho en capítulos anteriores que la causa de todas nuestras miserias es nuestra radical dislocación moral que trajo enemistad con Dios y con cada uno de nuestros semejantes.

Cualquiera haya sido la caída en el pecado, sus efectos han producido un trastorno en las relaciones del hombre con su Creador. El hombre adoptó una actitud equivocada con respecto a Dios, y con eso deshizo los medios de comunicación con su Creador, en la cual, sin que él se diera cuenta, descansaba su felicidad. La salvación es, esencialmente, la restauración de esas relaciones, es decir, el retorno a la relación normal del uno con el otro.

Una vida espiritual satisfactoria debe comenzar con un cambio completo en las relaciones entre Dios y el pecador. No meramente un cambio judicial, sino un cambio consiente y experimental que afecte toda la naturaleza del individuo. La propiciación por la sangre de Jesús hace posible ese cambio judicial, y la obra del Espíritu lo hace emocionalmente satisfactorio. La historia del hijo pródigo ilustra perfectamente esta última fase. El hijo más joven se había metido en una cantidad de problemas a causa de haber olvidado los privilegios que tenía como hijo de su padre.

Su restauración no fue más que el restablecimiento de esas relaciones, las cuales existían desde su nacimiento, pero que habían sido temporalmente interrumpidas por el pecado. La parábola pasa por alto el aspecto legal de la redención, para detenerse hermosamente en el aspecto experimental.

Para determinar las relaciones tenemos que comenzar en algún lugar. Debe haber un punto fijo desde el cual todo ha de comenzar a medirse, donde no intervenga la ley de la relatividad, y donde podamos decir "ES," sin ninguna clase de concesiones. Tal punto fijo es Dios. Cuando Dios quiso dar a conocer su nombre a la humanidad no encontró otro mejor que "YO SOY." Cuando él habla en primera persona dice, YO SOY; cuando nosotros nos referimos a él decimos EL ES; cuando nos dirigimos a él le decimos TU ERES. Todo lo demás parte de esta base. Dios dice, "Yo Soy el que Soy" o sea "jamás cambio."

Así como el marino fija su posición en el mar por la altura del sol, nosotros podemos saber cuál es nuestra posición moral mirando a Dios. Debemos comenzar con Dios. Nosotros estamos bien solo cuando estamos en una correcta relación con Dios, y mal cuando estamos en cualquier otra.

14 de abril de 2012

LA MIRADA DEL ALMA


A.W. Towzer

Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús. Hebreos 12:2

Pensemos en el hombre sencillo e inteligente que mencionamos en el capítulo seis, que se detiene por primera vez a leer las Sagradas Escrituras. Se acerca a la Biblia sin ningún conocimiento previo de lo que contiene. No tiene ningún prejuicio; nada tiene que probar, nada que defender.

 Este hombre no leerá por mucho tiempo sin darse cuenta que algunas verdades comienzan a destacarse nítidamente. Son los principios espirituales con que Dios ha tratado a los hombres, que aparecen entretejidos en los escritos de varones santos que fueron "movidos por el Espíritu de Dios." Según prosiga en la lectura deseará hacer un resumen de las verdades que está entendiendo. Estos resúmenes vendrán a ser los principios de su credo bíblico. Y si lee por más tiempo, las nuevas lecturas no afectarán estos principios; por el contrario los aumentarán y fortalecerán. Nuestro hombre está descubriendo lo que la Biblia enseña.

 Muy arriba en las enseñanzas de la Biblia se encuentra la doctrina de la fe. Es tanta la importancia que la Biblia asigna a la fe, que es imposible que pase desapercibida. El tendrá que reconocer muy pronto que la fe es de vital importancia para la vida del alma. "Sin fe, es imposible agradar a Dios'.' Por la fe es posible adquirir cualquier cosa; ir a cualquier parte en el reino de Dios, pero sin fe nadie puede allegarse a Dios, ni ser librado de sus culpas, ni tener libertad, ni salvación, ni comunión, ni nada. Nunca tener vida espiritual.

 Cuando nuestro amigo haya llegado al capítulo once de la Epístola a los Hebreos, no le será extraño el elocuente encomio que se hace allí de la fe. Antes de eso habrá leído la brillante defensa de la fe que hace Pablo en romanos y en Galatas. Más adelante, si lee la historia de la iglesia, podrá ver el asombroso poder espiritual que tenían los reformadores debido a su fe inalterable en la religión cristiana.

Pues bien, si la fe es algo tan importante en la vida cristiana, si es algo imprescindible en la búsqueda de Dios, es perfectamente natural que deseemos cerciorarnos si en verdad tenemos este don. Y siendo nuestra mente como es, tarde o temprano ha de querer investigar cual es la naturaleza de la fe.

¿Qué es fe? Junto a esta pregunta viene enseguida otra. -¿Tengo yo fe? Y debemos encontrar alguna respuesta dondequiera esta se halle.

Casi todos los que predican o enseñan acerca de la fe dicen más o menos lo mismo. Nos dicen que es creer en una promesa, que es aceptar lo que Dios dice, que es reconocer la verdad de la Biblia, y actuar conforme a ella. El resto de lo que ellos dicen en sermones o en libros son relatos acerca de personas que por fe hallaron respuesta a sus oraciones. Esas respuestas son por lo general bendiciones materiales, tales como sanidad, dinero, protección física o éxito en los negocios. O si el maestro es un filósofo, nos llevará en excursión por los ámbitos de la metafísica, o nos sumergirá en los hielos de la jerga psicológica, definiendo y redefiniendo conceptos, partiendo delgados pelillos hasta hacerlos desaparecer por completo.

19 de febrero de 2012

LA VOZ QUE HABLA


A.W.Tozer

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Juan 1:1

Cualquier persona inteligente, aún no instruida en las enseñanzas del cristianismo, leyendo este texto llegaría a la conclusión que lo que Juan quiere decir es que Dios desea hablar, y comunicar sus pensamientos a otros. Y estaría en lo cierto. La palabra es el medio por el cual se expresan los pensamientos, y al aplicar este término al Hijo de Dios nos lleva a pensar que el deseo de expresarse es inherente a la Divinidad, y que Dios desea hablar con los seres que ha creado. Toda la Biblia apoya esta creencia. Dios está hablando. No solo que ha hablado, sino que está hablando. Habla continuamente por medio de la naturaleza; el mundo está lleno de su voz.

Una de las grandes realidades que debemos considerar es la Voz de Dios hablando en este mundo. La cosmología más breve y más satisfactoria es ésta. "Dios dijo, y fue hecho!' El por qué de la ley natural es la voz viviente de Dios inmanente a toda la creación. Y esta palabra de Dios que dio vida a todas las cosas no puede entenderse que es la Biblia, porque no es palabra escrita o impresa, sino la expresión de la voluntad de Dios hablando en la estructura de todas las cosas. Esa palabra de Dios es el aliento divino, que llena todo con potencia viva. La voz de Dios es la energía más poderosa en la naturaleza, pues toda energía parte del hecho de que Dios ha hablado.

La Biblia es la palabra escrita de Dios, y porque es escrita, está confinada a los límites del papel, tinta y cuero. En cambio la voz de Dios es viva, libre y soberana. "Las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida!' La vida está en las palabras habladas. La palabra de Dios en la Biblia puede tener poder solo si corresponde con la palabra de Dios en el universo. Es su Voz presente, lo que hace a la palabra escrita tan poderosa. Si no fuera así, la palabra estaría encerrada entre las tapas de un libro.

Sería una concepción muy primitiva de Dios imaginarlo en la creación usando sierras, martillos y clavos a la manera de un carpintero que fabrica un mueble. La Biblia enseña otra cosa. "Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió"(Salmos 33.9). "Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos, por la palabra de Dios" (Hebreos 11:3). Tengamos en cuenta que Dios no se refiere aquí a su palabra escrita, sino a su palabra hablada. La voz de Dios que llena el mundo antecede a la Biblia por siglos incontables. Es una voz que no ha dejado de oírse desde los albores de la creación, y sigue resonando de un extremo a otro del universo.

La palabra de Dios es rápida y poderosa. En el principio de todas las cosas habló hacia la nada, y la nada se convirtió en algo. El caos oyó esa voz, y se convirtió en orden; la oscuridad la oyó, y nació la luz. "Y dijo Dios sea, y fue!' Estas palabras gemelas, como causa y efecto, ocurren a todo lo largo del relato bíblico de la creación.

El “dijo” vale por el “así”. Y el “así” es el “dijo”, puesto en continuo presente.

7 de febrero de 2012

LA PRESENCIA UNIVERSAL


A.W.Tozer

¿Adonde me iré de tu espíritu? ¿Y adonde huiré de tu presencia? Salmo 139:7

En toda enseñanza cristiana hay ciertas verdades básicas, ocultas a veces, y más bien asumidas que afirmadas, pero que son necesarias a toda verdad como los colores primarios son necesarios para componer cualquier cuadro. La divina inmanencia es una de esas verdades.

Dios mora en su creación, y está indispensablemente presente en todas sus obras. Esto lo enseñan firmemente profetas y apóstoles y está aceptado por la teología cristiana general. Dicha verdad consta en los libros de teología, pero por alguna razón no ha entrado aun en el corazón de los creyentes, para que llegue a ser parte de su fe. Muchos predicadores y maestros cristianos hacen tímidas menciones de ella, y más bien parecen esquivarla Para eludir sus implicaciones.

Me imagino que proceden así por el temor de ser tildados de panteístas. Pero la doctrina de la divina inmanencia nada tiene que ver con el panteísmo. El error panteísta es tan palpable que nadie debería dejarse engañar por él. Sostiene que Dios es la suma de todas las cosas creadas. La naturaleza y Dios son la misma cosa, de modo que cualquiera que toque a la una toca también al otro. Esto es una degradación de la gloria divina. Los panteístas, al atribuirle divinidad a todo, han hecho desaparecer del mundo toda divinidad.

La verdad es que aunque Dios habita en su mundo, está separado de él por un abismo infranqueable. Por mucho que Dios se identifique con la obra de sus manos, éstas son sus obras, y nunca pueden ser El. Dios es anterior a sus obras e independiente de ellas.

¿Qué significa, entonces, la divina inmanencia en la experiencia cristiana? Significa simplemente que Dios está aquí. Dondequiera estemos nosotros, Dios está. No hay lugar, ni lo puede haber, donde Dios no esté. Diez millones de inteligencias, situadas en igual número de puntos del espacio, separadas por incalculables distancias, pueden todas decir al mismo tiempo, "Aquí está Dios'.' No hay un solo sitio del espacio que esté más cerca de Dios que cualquier otro.

Ningún hombre está, en cuanto a distancia se refiere, más cerca o más lejos de Dios que otro hombre. Hay ciertas verdades que cree todo cristiano medio instruido en la doctrina. A nosotros toca examinarlas y meditar en ellas, hasta que empiecen a resplandecer en nosotros.

"En el principio Dios!' Aquí no hay materia, porque lo material requiere siempre una causa que lo preceda. Dios es esa causa. No se trata de ninguna ley, porque ley es simplemente el nombre que le damos al curso que sigue todo lo creado. Ese curso ha sido planeado, y fue Dios quien lo planeó. Tampoco se trata de ninguna mente, porque la mente es también una cosa creada, y debe tener un creador que la respalde. En el principio Dios, la Causa de las causas, el principio originador de la materia, de la ley y de la mente. Por ahí debemos comenzar.

2 de febrero de 2012

ASIDOS A DIOS


A.W.Tozer

Gustad y ved. Salmo 34'8

Fue el canónigo Holmes, de la India, quien allá por 1920, llamó la atención al carácter inferencial que tiene la fe de muchos hombres. Para la mayoría de la gente Dios es una inferencia, no una realidad. Es una deducción de evidencias que consideran adecuadas, pero El permanece desconocido para el individuo. "Debe haber un Dios —dicen— por lo tanto, creemos en él." Otros ni llegan siquiera a tanto. Conocen a Dios por lo que oyen hablar de él. Nunca se han preocupado de dilucidar el asunto por ellos mismos, y han puesto la creencia en Dios en el fondo de sus mentes, junto con otra variedad de conocimientos que tienen.

Para muchos otros Dios no es más que un ideal, impersonificado como lo bueno, lo bello, lo verdadero. O lo consideran como el principio vital o el impulso creador del fenómeno de la existencia. Las nociones acerca de Dios son muchas y variadas, y aquellos que las sustentan tienen todos una cosa en común: no conocen a Dios de una manera personal. Ni siquiera se les ha ocurrido que esto pueda ser posible. Aunque no niegan su existencia, no creen que sea posible conocerle como a cualquier otra persona o cosa.

Los cristianos, por supuesto, van más allá de esto, por lo menos en teoría. Su credo les exige creer en la personalidad de Dios, y se les ha enseñado a orar: "Padre nuestro que estás en los cielos. "Ahora bien, la personalidad y la paternidad de una persona, conllevan la idea de conocerle personalmente. Esto lo admiten millones de cristianos, sin embargo. Dios no es más personal para ellos que para millones de no cristianos. Viven tratando de amar un ideal y de ser fieles a un mero principio.

Contra toda esta nube de vaguedad e incertidumbre se destaca la clara luz de las Sagradas Escrituras que afirman que es posible conocer a Dios personalmente. Una amante Personalidad domina toda la Biblia, caminando entre los árboles del huerto y respirando la fragancia de cada escenario. Siempre está presente como persona viva, hablando, rogando, amando, trabajando, y manifestándose personalmente cuando quiera y dondequiera que su pueblo tiene la receptividad necesaria para recibir esa manifestación.

La Biblia asume como hecho indiscutible que el hombre puede conocer a Dios, con la misma facilidad conque puede conocer cualquier persona u objeto que cae dentro de la esfera de su experiencia. Al referirse al conocimiento de Dios emplea los mismos términos que usa al tratar del conocimiento de objetos físicos. "Gustad y ved que es bueno Jehová'.' "Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos: en estancias de marfil te han recreado."

"Mis ovejas oyen mi voz." "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios." Estos son solo cuatro de los innumerables pasajes de esa clase que se hallan en la Palabra de Dios. Pero más importante que cualquier texto que citemos como prueba es el hecho de que todas las Escrituras conducen a esta creencia.

1 de febrero de 2012

RASGANDO EL VELO


A.W.Tozer

Teniendo libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesús. Hebreos 10.19

Entre los dichos famosos de los padres de la Iglesia ninguno es tan famoso como aquel de Agustín: "Tú nos hiciste para tí, y nuestros corazones no descansarán tranquilos hasta que no descansen en tí."

El eminente santo expresa aquí, en pocas palabras, el origen y la vida interior de la raza humana. Dios nos hizo para sí, y esta es la única explicación que satisface el corazón del hombre que piensa, no importa lo que diga su razón. Si la falta de cultura y la perversidad hacen que alguien piense de otro modo, y llegue a otra conclusión, hay poco que algún cristiano pueda hacer por él. Para tal persona no tengo ningún mensaje. Me dirijo a los que han sido enseñados en secreto por la sabiduría de Dios; me dirijo a los corazones sedientos, que han sido despertados por el toque de Dios en su fuero íntimo, y que no necesitan pruebas para saber lo que ha ocurrido muy adentro de sus almas. La inquietud de su corazón es toda la evidencia que necesitan.

Dios nos hizo para sí. El Compendio de Catecismo "aprobado por la Sagrada Asamblea de Westminster," según consta en los textos de la Nueva Inglaterra, contiene las antiguas preguntas qué y por qué, y contesta con una sola frase que difícilmente podría ser superada en obras no inspiradas.

Pregunta "¿Cuál es el fin principal de la existencia del hombre?" Respuesta "El fin principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios y gozar de su presencia por siempre jamás"'

Concuerdan con esto los veinticuatro ancianos que cayeron sobre sus rostros y adoraron a aquel que vive y vivirá por los siglo de los siglos, diciendo, "Señor, digno eres de recibir gloria, y honra y virtud; porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas" (Apocalipsis 4:11).

Dios nos hizo para su placer, y nos hizo de tal manera que es posible para nosotros él gustar de la dulce comunión de los seres afines. Esto significa para nosotros poder verle, caminar en compañía de él y gustar de su sonrisa. Pero nosotros nos hemos hecho culpables de esa "vil sublevación" de que habla Millón en El Paraíso Perdido respecto de Satán y sus ángeles. Nos hemos separado de Dios. Hemos dejado de obedecerle y amarle, y a causa de nuestra culpa y el miedo que se apoderó de nosotros, hemos huido de él cuan lejos pudimos.

Pero, ¿quién puede huir de su presencia cuando los cielos, y los cielos de los cielos no pueden contenerle? Cuando como lo dice el sabio Salomón "el Espíritu del Señor llena la tierra!' La omnipresencia de Dios es una cosa, y es un hecho solemne, necesario para su perfección.

28 de enero de 2012

LA BIENAVENTURANZA DE NO POSEER NADA


A.W.Tozer

Teniendo libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesús. Hebreos 10.19

Entre los dichos famosos de los padres de la Iglesia ninguno es tan famoso como aquel de Agustín: "Tú nos hiciste para tí, y nuestros corazones no descansarán tranquilos hasta que no descansen en tí."

El eminente santo expresa aquí, en pocas palabras, el origen y la vida interior de la raza humana. Dios nos hizo para sí, y esta es la única explicación que satisface el corazón del hombre que piensa, no importa lo que diga su razón. Si la falta de cultura y la perversidad hacen que alguien piense de otro modo, y llegue a otra conclusión, hay poco que algún cristiano pueda hacer por él. Para tal persona no tengo ningún mensaje. Me dirijo a los que han sido enseñados en secreto por la sabiduría de Dios; me dirijo a los corazones sedientos, que han sido despertados por el toque de Dios en su fuero íntimo, y que no necesitan pruebas para saber lo que ha ocurrido muy adentro de sus almas. La inquietud de su corazón es toda la evidencia que necesitan.

Dios nos hizo para sí. El Compendio de Catecismo "aprobado por la Sagrada Asamblea de Westminster," según consta en los textos de la Nueva Inglaterra, contiene las antiguas preguntas qué y por qué, y contesta con una sola frase que difícilmente podría ser superada en obras no inspiradas.

Pregunta "¿Cuál es el fin principal de la existencia del hombre?" Respuesta "El fin principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios y gozar de su presencia por siempre jamás"'

Concuerdan con esto los veinticuatro ancianos que cayeron sobre sus rostros y adoraron a aquel que vive y vivirá por los siglo de los siglos, diciendo, "Señor, digno eres de recibir gloria, y honra y virtud; porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas" (Apocalipsis 4:11).

Dios nos hizo para su placer, y nos hizo de tal manera que es posible para nosotros él gustar de la dulce comunión de los seres afines. Esto significa para nosotros poder verle, caminar en compañía de él y gustar de su sonrisa. Pero nosotros nos hemos hecho culpables de esa "vil sublevación" de que habla Millón en El Paraíso Perdido respecto de Satán y sus ángeles. Nos hemos separado de Dios. Hemos dejado de obedecerle y amarle, y a causa de nuestra culpa y el miedo que se apoderó de nosotros, hemos huido de él cuan lejos pudimos.

Pero, ¿quién puede huir de su presencia cuando los cielos, y los cielos de los cielos no pueden contenerle? Cuando como lo dice el sabio Salomón "el Espíritu del Señor llena la tierra!' La omnipresencia de Dios es una cosa, y es un hecho solemne, necesario para su perfección.

13 de enero de 2012

SIGAMOS ARDOROSAMENTE EN POS DE DIOS


A.W.Tozer

Mi alma sigue ardorosa en pos de ti; tu diestra me ha sostenido. Salmos 63:8 V. M.

La teología cristiana enseña la gracia preveniente, que, dicho brevemente, significa que el hombre, antes que busque a Dios, Dios está buscándole.

Antes que el hombre pueda pensar bien acerca de Dios, debe haber en él una iluminación interior. Esta puede ser imperfecta, sin embargo, el hecho existe y es la causa de todos los anhelos, búsquedas y oraciones subsiguientes.
 
Buscamos a Dios porque él ha puesto en nosotros deseos de dar con él. "Nadie puede venir a mi —dijo el Señor Jesús- si mi padre celestial no le trajere" Y es esa atracción de Dios lo que nos quita todo vestigio de mérito por haber acudido a él. El impulso de salir en busca de Dios emana del propio Dios, pero el resultado de dicho impulso es que sigamos ardorosamente en pos de él. Y mientras andamos en pos de él, estamos en sus manos.

"Tu diestra me ha sostenido" Salmos 63:8 V.M.

En este sostén divino, y seguimiento humano no hay contradicción alguna, porque como dice von Hugel, Dios es siempre previo. Pero en la práctica (esto es, cuando el hombre responde a la obra de Dios) el hombre debe salir en busca de Dios. Debe haber de nuestra parte una respuesta recíproca a la atracción de Dios, si queremos disfrutar de la experiencia.

Este interés, este anhelo ferviente, lo tenemos expresado en el Salmo 42, donde dice "Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por tí, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré, y compareceré delante de Dios?" Este es un profundo llamado a lo profundo, y así lo entenderá el corazón anhelante.

La doctrina de la justificación por la fe -verdaderamente bíblica y bendita liberación del legalismo estéril y los vanos esfuerzos personales- ha caído en nuestros días en mala compañía.

Muchos la han interpretado en manera tal que ha formado una barrera entre el hombre y el conocimiento de Dios. Todo el procedimiento de la conversión religiosa ha llegado a ser una cosa mecánica y sin espíritu. La fe, según dicen, puede llegarse a ejercer sin que tenga nada que ver con los actos de la vida, y sin turbar para nada al yo adámico. Se puede "recibir" a Cristo sin entregarle el alma ni tenerle amor alguno. El alma es salvada, pero no llega a sentir hambre y sed de Dios. Los que sostienen tal doctrina reconocen que el alma es capaz de contentarse con muy poco.
 
El hombre de ciencia moderno ha perdido a Dios entre las maravillas de su mundo. Nosotros los cristianos corremos peligro de perder a Dios entre las maravillas de su Palabra. Casi hemos olvidado que Dios es Persona, y que, por tanto, puede cultivarse su amistad como la de cualquier persona. Es propio de la persona conocer a otras personas, pero no se puede conocer a una a través De un solo encuentro. Solo al cabo de prolongado trato y compañerismo se logra en pleno conocimiento.

8 de enero de 2012

LA BUSQUEDA DE DIOS


A.W.Tozer

En esta hora de casi total oscuridad se vislumbra un destello alentador: dentro del cristianismo conservador cada día son más los que están sintiendo un anhelo creciente de encontrarse con Dios. Almas que desean conocer las realidades espirituales, y no se contentan con meras "interpretaciones" de la Palabra de Dios. Los que tienen verdadera sed de Dios no se contentan hasta que no beben de la fuente de Agua Viva.

Esta genuina sed y hambre de Dios es el único precursor de avivamientos en el mundo religioso. Esta sed podrá ser al principio una nube del tamaño de una mano, que atisban unos pocos santos por aquí y por allá, pero puede ser el retorno a la vida de muchas gentes y la recuperación del esplendor que debe acompañar siempre a la fe en Cristo, y que parece haber desaparecido de las iglesias de hoy en día.

Nuestros dirigentes religiosos deben reconocer este ardiente deseo. El evangelismo de hoy en día parece haber levantado el altar y dividido el sacrificio en trozos, sin percatarse, quizá, que no hay fuego en la cumbre del monte Carmelo. Pero gracias a Dios porque hay algunos que se preocupan por ello.

Son los que aman el altar, y se deleitan en el sacrificio, y no están conformes porque aún no ven descender el fuego. Lo que desean, por sobre todas las cosas, es la presencia de Dios. Más que ninguna otra cosa desean gustar de la "penetrante dulzura" del amor de Cristo, del cual escribieron los profetas y cantaron los salmistas.

No hay falta hoy en día de buenos maestros bíblicos que enseñan correctamente la doctrina de Cristo, pero muchos de ellos parecen contentarse, año tras año con enseñar los fundamentos de la fe, sin advertir que en su ministerio hay falta de la Presencia, ni nada en sus propias vidas que sea extraordinario o sobrenatural. Ejercen su ministerio entre creyentes espirituales, anhelantes de experiencias que ellos no pueden satisfacer.

Lo digo con amor, pero en nuestros pulpitos falta calidad espiritual. Nuestros tiempos son semejantes a los de Milton, que le hicieron exclamar, "Las ovejas hambrientas miran interrogantes, pero nadie las alimenta." Es algo patético, y lamentable, ver a los hijos de Dios sentados a la mesa del Padre y desfalleciendo de hambre. Se confirma la sentencia de Wesley, "La ortodoxia o correcta opinión, es, después de todo, parte muy endeble de la religión. Si bien es cierto que nadie puede tener buen carácter sin tener buenas opiniones, es posible tener buenas opiniones sin tener buen carácter. Se pueden tener excelentes opiniones acerca de Dios sin que ello signifique que se lo ama o se desee servirle. Satanás es una prueba de ello."

Gracias a la notable difusión de la Biblia que se ve hoy en día mucha gente tiene correctas opiniones, quizá más que nunca antes en la historia. Sin embargo me pregunto si hubo alguna vez un tiempo en que la temperatura espiritual estuvo en un grado tan bajo. En grandes sectores de la iglesia se ha perdido el arte de la verdadera adoración, y en su lugar han puesto una cosa extraña y espuria llamada "programa!' Esta palabra ha salido del teatro y el circo, y se la aplica lamentablemente al tipo de servicios que hoy pasan por "adoración."

La exposición sana y correcta de la Biblia es imperativa en la iglesia del Dios vivo. Sin ella ninguna iglesia puede ser una iglesia neo-testamentaria en el estricto sentido del término.

Pero dicha exposición puede hacerse de manera tal que deje a los oyentes vacíos de verdadero alimento espiritual. Las almas no se alimentan solo de palabras, sino con Dios mismo, y mientras los creyentes no encuentren a Dios en una experiencia personal, las verdades que escuchen no les harán ningún bien. Leer y enseñar la Biblia no es un fin en sí mismo, sino el medio para que lleguemos a conocer a Dios, y que podamos deleitarnos con su presencia y gustemos cuan dulce y grato es sentirle en el corazón.

Este libro es un modesto intento para ayudar a los hijos de Dios a encontrarle a El. Nada nuevo hay en lo que decimos, excepto que describo mi propio hallazgo de verdades espirituales que han llegado a ser muy preciosas para mí. Otros han avanzado mucho más que yo en estos sagrados misterios. Pero aunque mi fuego no es grande, no por eso deja de ser real y verdadero.

Pueda ser que algunos logren encender sus velas con el fuego de mi lumbre.

La Busqueda de Dios - A.W.Tozer

3 de abril de 2011

CAMINAMOS POR UNA SENDA MARCADA

A.W. Tozer

Para el hijo de Dios no existen los accidentes. Camina por una senda marcada. El camino que sigue fue escogido para él cuando todavía no era, cuando todavía sólo existía en la mente de Dios.

Puede ciertamente parecer que le sobrevienen accidentes y desgracias en su camino; pero estos males lo serán sólo en apariencia, y parecerán males sólo porque no puede leer el secreto guión de la oculta providencia de Dios, y no puede por tanto descubrir el fin que Él persigue.

Cuando la verdadera fe entra en el corazón, se van para siempre de él el azar y los accidentes. No tienen tales cosas dominio sobre los nacidos del Espíritu, porque éstos son hijos de la nueva creación, estando al cuidado especial del Dios Altísimo.

Mientras peregrinan aquí abajo, estos hijos del pacto eterno pueden pagar una prenda en tributo a la naturaleza:

Las enfermedades, la ancianidad y la muerte pueden gravitar sobre ellos, y para los ojos no críticos pueden parecer como los demás hombres. Aquí, como en todos los otros juicios que se hacen del cristianismo, el mundo se ve completamente engañado por las apariencias, porque no puede ver que estos creyentes están

«escondidos con Cristo en Dios».

El hombre de verdadera fe puede vivir con la total certidumbre de que sus pasos están ordenados por el Señor.

Para él, la desgracia está fuera de los límites de lo posible. No puede ser arrebatado de esta tierra ni una hora antes del tiempo que Dios ha dispuesto, y no puede ser detenido sobre la tierra un momento después que Dios haya terminado con él aquí abajo. No es un trotamundos sin rumbo, carente de dirección en el tiempo y en el espacio, sino un santo del Señor, y el amado a quien Él cuida de una manera entrañable.

Todo esto no es un mero ensueño, ni un credo consolador entretejido como una vestimenta para dar calor a los entumecidos corazones de almas solitarias y asustadas en un mundo tenebroso y hostil. Es más bien la esencia de la verdad, una Justa recapitulación de la enseñanza de la Biblia acerca de esta cuestión, y debería ser recibida con reverencia y gozo junto con todo lo demás que se enseña en las Escrituras de verdad.

Aquí pues, ya no dudo más.
Mas en su beneplácito reposo.
De Aquel cuyo saber, amor, verdad y poder.
Dedica a darme bendición.

Caminamos por una Senda Marcada -  A.W. Tozer

30 de marzo de 2011

LA HUMILDAD VENCE DONDE LA FUERZA ES IMPOTENTE


A. W. Tozer

En el REINO DE LOS CIELOS las cosas débiles se tornan poderosas, y las poderosas resultan frecuentemente inútiles.

Dios no ve las cosas como el hombre las ve, y las cosas que son tenidas como grandes entre los hombres pueden ser menospreciadas por el Dios Altísimo, hacedor de los cielos y de la tierra.

El valor carnal tan apreciado en el reino de Adán puede ser la causa directa de una derrota constante y humillante entre los cristianos. Dios no se encuentra necesitado de emplear medios carnales para cumplir sus fines espirituales.

La osada «fuerza de carácter» que ayuda a los hombres a lanzarse al frente, a conseguir los mejores trabajos, a dejar aturdidos a sus oponentes, puede resultar un verdadero obstáculo en el camino de todos los esfuerzos para avanzar en la vida del Espíritu.

Dios da valor a los desalentados. Y al soberbio lo conoce de lejos.

De Adán heredamos el instinto de enfrentarnos de cabeza a nuestros enemigos, de tratar de vencer mediante un ataque directo, y es sólo después de muchos aturdidores fracasos que aprendemos que no es así que se logran las victorias en el reino de lo espiritual.

El enfoque carnal hace generalmente alienar más al enemigo a nosotros, y aún peor, nos sitúa en una posición en la que Dios no puede ayudamos. El enemigo nunca sabe cómo tratar a un hombre humilde; está tan acostumbrado a tratar con gente orgullosa y terca que un hombre manso perturba su programa. 

Y además, el hombre verdaderamente humilde tiene a Dios luchando a su lado. ¿Y quién puede vencer contra Dios.

Por entraño que parezca, frecuentemente vencemos a nuestros enemigos sólo tras haber sido absolutamente derrotados por el Señor mismo. Dios frecuentemente vence a nuestros enemigos venciéndonos a nosotros.

El derrotó a Esaú derrotando a Jacob la noche antes en la ribera de Jabod. La victoria sobre Esaú tuvo lugar en su hermano Jacob. Y a menudo es así. Cuando Dios prevé que tenemos que encontramos con un oponente mortal.

El asegura nuestra victoria trayéndonos humildes a sus pies. Después de ello, todo se hace fácil. Nos hemos puesto en una posición en la que Dios puede luchar por nosotros, y en una situación como ésta, el resultado ya está decidido desde toda la eternidad.


La Humildad Vence donde la Fuerza es impotente - A. W. Tozer

25 de febrero de 2011

LA VIEJA Y LA NUEVA CRUZ


A. W. Tozer

Sin anunciar y casi sin ser detectada, ha entrado en el círculo evangélico una cruz nueva en tiempos modernos. Se parece a la vieja cruz, pero no lo es; aunque las semejanzas son superficiales, las diferencias son fundamentales.

Mana de esa nueva cruz una nueva filosofía acerca de la vida cristiana, y de aquella filosofía procede una nueva técnica evangélica, con una nueva clase de reunión y de predicación. Ese evangelismo nuevo emplea el mismo lenguaje que el de antes, pero su contenido no es el mismo como tampoco lo que es su énfasis.

La cruz vieja no tenía nada que ver con el mundo, para la orgullosa carne de Adán, significaba el fin del viaje. Ella ejecutaba la sentencia impuesta por la ley del Sinaí. En cambio, la cruz nueva no se opone a la raza humana; antes al contrario, es una compañera amistosa y, si es entendida correctamente, puede ser fuente de océanos de diversión y disfrute, ya que deja vivir a Adán sin interferencias.

La motivación de su vida sigue sin cambios, y todavía vive para su propio placer, pero ahora le gusta cantar canciones evangélicas y mirar películas religiosas en lugar de las fiestas con sus canciones sugestivas y sus copas. Todavía se acentúa el placer, aunque se supone que ahora la diversión ha subido a un nivel más alto, al menos moral aunque no intelectualmente.

La cruz nueva fomenta un nuevo y totalmente distinto trato evangelistico.

El evangelista no demanda la negación o la renuncia de la vida anterior antes de que uno pueda recibir vida nueva, predica no los contrastes, sino las similitudes; intenta sintonizar con el interés popular y el favor del público, mediante la demostración de que el cristianismo no contiene demandas desagradables, antes al contrario, ofrece lo mismo que el mundo ofrece pero en un nivel más alto. Cualquier cosa que el mundo desea y demanda en su condición enloquecida por el pecado, el evangelista demuestra que el evangelio lo ofrece, y el género religioso es mejor.

La cruz nueva no mata al pecador, sino que le vuelve a dirigir de nuevo en otra dirección. Le asesora y le prepara para vivir una vida más limpia y más alegre, y le salvaguarda el respeto hacia sí mismo, es decir, su "auto-imagen" o la "opinión de sí mismo". Al hombre lanzado y confiado le dice: "Ven y sé lanzado y confiado para Cristo". Al egoísta le dice: "Ven y jáctate en el Señor". Al que busca placeres le dice: "Ven y disfruta el placer de la comunión cristiana". El mensaje cristiano es aguado o desvirtuado para ajustarlo a lo que esté de moda en el mundo, y la finalidad es hacer el evangelio aceptable al público.

La filosofía que está detrás de esto puede ser sincera, pero su sinceridad no excusa su falsedad. Es falsa porque está ciega. No acaba de comprender en absoluto cuál es el significado de la cruz.

La cruz vieja es un símbolo de muerte. Ella representa el final brutal y violento de un ser humano. En los tiempos de los romanos, el hombre que tomaba su cruz para llevarla. ya se había despedido de sus amigos, no iba a volver, y no iba para que le renovasen o rehabilitasen la vida, sino que iba para que pusiesen punto final a ella. La cruz no claudicó, no modificó nada, no perdonó nada, sino que mató a todo el hombre por completo y eso con finalidad. No trataba de quedar bien con su víctima, sino que le dio fuerte y con crueldad, y cuando hubiera acabado su trabajo ese hombre ya no estaría.


La raza de Adán está bajo sentencia de muerte. No se puede conmutar la sentencia y no hay escapatoria. Dios no puede aprobar ninguno de los frutos del pecado, por inocentes o hermosos que aparezcan ellos a los ojos de los hombres. Dios salva al individuo mediante su propia liquidación, porque después de terminado, Dios le levanta en vida nueva.

El evangelismo que traza paralelos amistosos entre los caminos de Dios y los de los hombres, es un evangelio falso en cuanto a la Biblia, y cruel a las almas de sus oyentes. La fe de Cristo no tiene paralelo con el mundo, porque cruza al mundo de manera perpendicular. Al venir a Cristo no subimos nuestra vida vieja a un nivel más alto, sino que la dejamos en la cruz. El grano de trigo debe caer en la tierra y morir.

Nosotros, los que predicamos el evangelio no debemos considerarnos agentes de relaciones públicas, enviados para establecer buenas relaciones entre Cristo y el mundo. No debemos imaginarnos comisionados para hacer a Cristo aceptable a las grandes empresas, la prensa, el mundo del deporte o el mundo de la educación. No somos mandados para hacer diplomacia sino como profetas, y nuestro mensaje, no es otra cosa que un ultimátum.

Dios ofrece vida al hombre, pero no le ofrece una mejora de su vida vieja. La vida que El ofrece es vida que surge de la muerte. Es una vida que siempre está en el otro lado de la cruz. El que quisiera gozar de esa vida tiene que pasar bajo la vara. Tiene que repudiarse a sí mismo y ponerse de acuerdo con Dios en cuanto a la sentencia divina que le condena.

¿Qué significa eso para el individuo, el hombre bajo condenación que quisiera hallar vida en Cristo Jesús? ¿Cómo puede esa teología traducirse en vida para él? Simplemente, debe arrepentirse y creer.

Debe abandonar sus pecados y negarse a sí mismo. ¡Que no oculte ni defienda ni excuse nada! Tampoco debe regatear con Dios, sino agachar la cabeza ante la vara de la ira divina y reconocer que es reo de muerte.

Habiendo hecho esto, ese hombre debe mirar con ojos de fe al Salvador; porque de Él vendrá vida, renacimiento, purificación y poder. La cruz que acabó con la vida terrenal de Jesús es la misma que ahora pone final a la vida del pecador; y el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos, es el mismo que ahora levanta al pecador arrepentido y creyente para que tenga vida nueva junto con Cristo.

A los que objetan o discrepan con esto, o lo consideran una opinión demasiada estrecha, o solamente mi punto de vista sobre el asunto, déjame decir que Dios ha sellado este mensaje con Su aprobación, desde los tiempos del Apóstol Pablo hasta el día de hoy.

Si ha sido proclamado en estas mismísimas palabras o no, no importa tanto, pero sí que es y ha sido el contenido de toda predicación que ha traído vida y poder al mundo a lo largo de los siglos. Los místicos, los reformadores y los predicadores de avivamientos han puesto aquí el énfasis, y señales y prodigios y repartimientos del Espíritu Santo han dado testimonio juntamente con ellos de la aprobación divina.

Prediquemos la vieja cruz y conoceremos el viejo poder.

La Vieja y la Nueva Cruz - A. W. Tozer

10 de enero de 2011

LA SOLEDAD DE UN CRISTIANO

A. W. Tozer

La soledad de un Cristiano es el resultado de su andar con Dios en un mundo perverso; un caminar que muy a menudo lo lleva a apartarse de la comunión con buenos cristianos así como del mundo no regenerado (los no conversos).

Sus instintos dados de Dios claman por compañía con otros de su mismo sentir, otros que puedan entender sus deseos, sus aspiraciones, su absorción en el amor de Cristo; y debido a que dentro del círculo de sus amigos hay tan pocos que comparten sus experiencias internas, él se ve forzado a caminar solo.

Los deseos insatisfechos de los profetas por comprensión humana los causaba a clamar en sus quejas, y aun nuestro Señor sufrió de la misma manera.
El hombre [o mujer] que actualmente ha experimentado internamente la divina Presencia, no encontrará muchos que lo entiendan. El encuentra a pocos que les interesa hablar aquello lo cual es el objeto supremo de su interés, así que a menudo está silencioso y preocupado aun en el medio de una ruidosa re unión religiosa.

Debido a esto él recibe la reputación de ser aburrido y demasiado serio, y por eso es evitado y el espacio entre él y la sociedad se hace cada vez más grande. El busca a amigos en cuyas vestiduras él pueda sentir el olor de mirra y aloe y casia de los palacios de marfil, y al encontrar solo pocos o ninguno, él, al igual que María, guarda estas cosas en su corazón.

Es esta misma soledad la que lo lleva hacia Dios. Su incapacidad de encontrar compañía humana lo conduce a buscar en Dios lo que no puede encontrar en ningún otro lugar.


Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. (Ap. 12:11)
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La Soledad de un Cristiano - A. W. Tozer

"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"

Matthew Henry