" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

14 de abril de 2012

EL GRAN ÍDOLO DE NUESTRAS OBRAS


Javier Vargas

Un par de buenos ejemplos en las escrituras acerca de la naturaleza “anticristo” de nuestras propias obras los tenemos en dos personajes, uno que jamás aceptó la obra de Cristo, este es, Caín; y otro que si lo hizo, este es, Abel:

Génesis. 4:2-5 “…Y Abel fue pastor de ovejas (gracia), y Caín fue labrador de la tierra (ley). Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante (luego en su ira Caín mató a Abel)”

Recordemos que Dios miró con agrado el corazón de Abel y su ofrenda, porque significaba que él reconocía su pecado, que estaba muerto y que sus obras y esfuerzos eran indignos, inmundos e inútiles delante de Dios, y por lo tanto, aceptaba en gracia la obra de Jesucristo, por eso ofrendó una oveja, que era tipo de Cristo y la promesa y salida de justicia que ya Dios les había hecho.

Mientras al corazón de Caín y su ofrenda Dios no miró con agrado, pues significaban que Caín creía ser digno, acepto y que sus obras y esfuerzos lo eran igualmente delante de Dios, y esto significaba esencialmente, que NO aceptaba la obra perfecta que el Cristo iba a realizar (Gn. 4:1-5), según la promesa que Dios ya les había hecho y que él ya conocía (Gn. 1:3, Gn. 2:9, Gn. 3:15 y 21).

Ese carácter de querer mostrar las mejores capacidades, esfuerzos y obras como algo digno y justo para Dios, en realidad es parte del carácter del anticristo.

Para Dios el único sacrificio y la única obra en verdad, es la hecha por su Hijo Jesús y su Espíritu, Dios no acepta nada más, porque todo lo demás esta bajo maldición y en todo está la maldad:

1 Juan 3:12

"No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas (obras propias), y las de su hermano, justas (porque creía a Dios aceptando la obra de Cristo).

" Caín hizo como hacemos nosotros hoy, presentamos nuestras aparentemente mejores capacidades y obras ante Dios como algo que vale la pena rescatar, tapándolo con el engaño de que es para su obra (nuestra mente, nuestras habilidades, nuestro conocimiento bíblico, nuestro humanismo, nuestros sentimientos, nuestro propio ministerio, nuestra propia congregación, nuestra profesión, etcétera); nos deleita presentar nuestros trapos de inmundicia y nuestra naturaleza caída como algo bueno, justo y que vale la pena salvar para el Señor, cuando El, que siendo el mismo Dios, se entregó completamente.

Caín representa a la iglesia farisea y a los anticristos, los cuales consideran que sus obras y esfuerzos son justos, y que por eso tienen validez delante de Cristo, y en realidad, esto significa que en lo más profundo de sus corazones no aceptan la obra justa que Cristo ya hizo o que solo Él puede hacer (y esto es del carácter del espíritu del anticristo).

Lucas 13:23-24

"Y alguien le dijo: Señor. ¿Son pocos los que se salvan? Y El (Jesús) les dijo: Esforzaos (en morir para vivir) a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar (en sus propias obras y esfuerzos), y no podrán".

Queremos entrar por la “puerta angosta” pero con trasteo, es decir, con la naturaleza caída de Caín, con los conocimientos y habilidades aprendidas en babilonia y con el carácter de anticristos; y le decimos al Señor que ese trasteo ha sido cuidadosamente seleccionado dejando únicamente lo mejor que tenemos (que a los ojos del Señor probablemente es lo peor), cuando el único que cabe y entra por esta puerta angosta es Cristo, solo podremos entrar allí en Cristo (negándonos a nosotros mismos para que muera nuestra naturaleza y viva la de El).

Por esto es absolutamente necesario que presentemos y entreguemos todo al Señor, sobre todo eso que consideramos nuestras mejores cosas (como lo que creía Caín en su corazón) para que mengüe la simiente caída de Adán y viva la simiente de Cristo (Dios en nosotros).

Todo esto, a la verdad, es muy sencillo de entender pero muy duro de aceptar y muy difícil de escribir en los corazones para ponerlo por obra en nuestras vidas.

¡Escucha esto por favor! Dios (y su Hijo Jesús) solo se complace en que el hombre haga y diga lo que Él quiera, y Él sabe por qué lo hace.

Mira que también hay allí en las escrituras otro buen ejemplo que confirma esta frase que acabas de leer, con Aarón, quien cuando fue delante de faraón enviado por Dios habló únicamente lo que le fue dado hablar, él no fue con Moisés a hablar de su propia cuenta, ni a negociar, ni mucho menos a hacer pactos de paz con acuerdos entre hombres (como hacen desviadamente hoy algunos pastores), él no fue a hacer justicia por su propia mano sino lo que Dios le mandó.

Y aunque Aarón vio todo lo que el Señor hizo y que todas las palabras que salieron de sus bocas fueron cumplidas sobre faraón (satanás) y sobre Egipto (el mundo y la ciudad ramera de babilonia) dejando ir a su pueblo, un día, aquella vez, cuando estaban en el desierto, no pudo esperar a que bajará Moisés con las tablas de la ley (que solo demoró cuarenta días) y allí se vio al hombre en toda su capacidad para construir un ídolo con sus propias obras:

Éxodo 32:1-6

Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate (en tus fuerzas, bájate de la cruz), haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos (tomó el oro, pues necesitaba que fuera hermoso externamente).

Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril (su propia obra), e hizo de ello un becerro de fundición (con su gran habilidad religiosa). Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto (esa típica gran oratoria de los religiosos, políticos y predicadores).

Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro (religiosidad); y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová (creyendo supuestamente que así podría ayudarle a Dios a calmar el pueblo, y de paso, para ofrendarle obras impías de sus propias manos)”.

Así como ese patético y blasfemo becerro que está allí elevado, es como el Señor ve nuestros propios esfuerzos y obras, es decir, como ídolos abstractos.

Todo aquel que no espera en el Señor construye un ídolo intentándole ayudar, todo aquel que no reposa en la obra del Señor y espera en El, construye un ídolo con sus supuestas grandes virtudes. Aarón había visto las señales del Dios Vivo, y que su promesa era verdadera (la venida de Cristo), mas no pudo reposar en esta promesa (la obra de Cristo) y con sus propias manos (su obra, sus conocimientos) construyó un ídolo (hoy en día ese ídolo representa los grandes esfuerzos y metas religiosas de las congregaciones) con el cual se pretende ayudar nada mas y nada menos que al Dios, cuya esencia, es la omnipotencia.

Aarón aprendió que lo único que podía hacer con sus manos, habilidades, fuerzas, esfuerzos y conocimientos era un ídolo, por eso la segunda vez que subió Moisés por las tablas reposó en la obra de Cristo, y fueron también cuarenta días.

Nuestro llamado es a estar delante del Señor y a conocer su reposo, y Él se manifestará, Él se revelará y nos sorprenderá con su presencia en días y en horas que no esperamos, aun cuando estemos distraídos en nuestras propias cosas. El Señor Jesús quiere quitar toda vestidura vil (habilidades, conocimientos y obras aprendidas cuando bebimos tantas veces del vino del furor de la fornicación de la gran ramera), porque todo varón que no haya sido levantado por causa de la unción de Cristo ha hecho ídolos con sus manos; y si de verdad lo anhelamos, El mismo nos llevará hasta su reposo y en su reposo cesaremos de hacer ídolos, y solamente allí esperaremos, así como lo aprendió Aarón.

Solo basta comprender y vivir la analogía que nos da el Señor con el alfarero y su barro: el barro (su iglesia) sencillamente se deja moldear por su alfarero (Jesucristo), el barro no participa de su formación, el alfarero sabe lo que hace y tiene potestad de formar la vasija como él quiere; así es el Señor Dios, el Creador y Rey del universo y de todo, que es el Alfarero, con nosotros, que somos su barro.

Él es soberano y sabe qué hace con nosotros y qué tipo de vasija formará con su Espíritu (Jer. 18:1-8) y (Ro. 9:20-21). ¿Acaso, quién de nosotros le ayudó a formar todo el universo y la vida? A nosotros solamente nos corresponde dejar que Cristo con su Santo Espíritu nos forme como parte de su cuerpo para que fluya el  verdadero ministerio que tiene para cada uno de sus miembros, recuerda esto, cada uno tiene un ministerio delante del Señor si está en su reposo, esto es rendirnos y morir a nosotros mismos para vivir (He. 4:10-11).

Ahora bien, hay que recordar y comprender que el reposo del Señor no es esa antigua y torcida doctrina (que satanás revive constantemente), fundamentada en una interpretación carnal, que consiste en llevar a los miembros de la iglesia del Señor a no hacer nada (ni dirigir su familia, ni trabajar, ni congregarse, etc. etc.), sino que se refiere a rendir delante de Cristo, y solo a El, nuestras propias capacidades, habilidades, conocimientos y obras, porque nos fueron reveladas, por un lado, sus naturalezas malignas, sus propósitos mundanos, su carácter de muertas, su calidad de injustas y su vanidad como ídolos, y por el otro, porque también nos fue revelada, por lo menos en parte, la majestuosa obra del Señor, de tal manera, que solo anhelemos la manifestación de esta obra a través de nosotros.

Por la vivencia que hemos tenido, también es pertinente indicar que ninguna persona puede entrar al reposo del Señor por sus propios medios, es un error alimentado por satanás como último recurso, hacernos creer que podemos entrar al reposo del Señor cuando así lo deseemos; en realidad cuando creemos esto en nuestros corazones, es porque aun no se comprende (ni mucho menos se ha vivido) la verdad de lo que esto es, por ello es necesario que primeramente seamos convencidos de pecado, de tal manera que nos sea alumbrada la maldad e inmundicia que hay en nosotros.

Así vivenciaremos la naturaleza impía y muerta de nuestras obras, podremos ver ese ídolo que construyó Aarón y Caín, pero en nuestras propias habilidades, capacidades y obras, y ahora si, convencidos de pecado (verdadero arrepentimiento), anhelaremos intensamente que nuestras obras cesen y que sea manifiesta la verdadera obra de Cristo en nuestras vidas, en la congregación, en el mundo, y en el ministerio que tiene para nosotros.

Zacarías 3:1-10

“…Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie...”

Nosotros ni siquiera podemos quitarnos las vestiduras viles (la naturaleza carnal, la religiosidad, el humanismo, nuestras habilidades, conocimientos y obras aprendidas en babilonia), ni siquiera el sumo sacerdote Josué podía quitarlas, y que de hecho, siendo sumo sacerdote, ciertamente las tenía (vestiduras viles); pero cuando venga la presencia del Señor Jesús como consecuencia de entrar en su reposo, esas vestiduras viles caerán y su presencia traerá la mitra limpia (la mente y el gobierno de Cristo) y la vestidura limpia (la obra de Cristo), y ese si será el verdadero sacerdocio: mitra limpia y vestidura limpia en la presencia del Señor.

Aquel sumo sacerdote no hizo ningún esfuerzo, mas fue testigo de que la vestidura vil era quitada y una nueva vestidura venía y era limpia, y la mitra era limpia en gran manera y realmente era puesta sobre su cabeza. Jesucristo con su presencia, su palabra y su gobierno es suficiente para levantar el real sacerdocio y la nación santa.

  El Ministerio de la iniquidad - Javier Vargas

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