" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

2 de septiembre de 2013

LAS OCHLAS


George Davis
 
Recientemente Michael Clark y yo nos encontramos con un querido hermano en Cristo quien trabaja entre los jóvenes Nativos Norteamericanos encarcelados. Su nombre es Bud Heringer.

Bud compartió con nosotros cómo él encontró la presencia del Señor entre las ochlas (la multitud). ¡Allí captó nuestra atención! “¿Qué eran las ochlas?” Preguntamos casi al unísono. Bud respondió” “Los marginados, las multitudes, la gente común, lo opuesto a los gobernantes y hombres que dirigen”. El continuó explicando que la provisión del Señor es con los ochlas y que cuando él está sirviendo a estos rechazados de nuestra sociedad, él siente la presencia del Cristo viviente. Entonces dijo algo que penetró fuerte dentro de nuestros corazones: “¡Jesús estuvo entre estos ochlas dos mil años antes y todavía esta allí hoy!”

Usted no encontrará su presencia morando en un lugar santo o en un monte santo en algún lugar. Usted lo encontrará donde usted lo hubiese encontrado si hubiese estado en Judea 2000 años antes. Usted todavía lo va a encontrar en las playas o en los mercados, Usted lo va a encontrar donde sea que se encuentre esa oveja perdida, colgando de las rocas del despeñadero de la vida. Cristo todavía está allí entre los ochlas. El todavía está preguntando a todo el que quiera oír: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” ¿Quiere oír a Jesús? El está allí entre los ochlas. Al ministrarles a ellos, le ministramos a él.

William Booth, el fundador del Ejército de Salvación, tuvo una visión que está muy relacionada con esta verdad:

Mientras miraba fijamente desde la ventana de su carruaje, considerando la desgraciada condición de las multitudes a su alrededor, vio un oscuro y tormentoso océano. En ese océano vio multitudes de seres humanos pobres luchando y ahogándose. En este oscuro y enojado océano, él vio “una poderosa roca con su cúspide alzándose por encima de las negras nubes”.

Alrededor de la base de esta gran roca vio una larga plataforma donde un número de pobres luchando, desgraciados ahogándose, trepaban fuera del océano para salvaguardarse. Unos pocos de ellos que ya estaban seguros en la plataforma ayudaban a las pobres criaturas todavía en las violentas aguas a alcanzar el lugar de seguridad.

Los ocupantes de la roca estaban divididos en dos diferentes clases, y ellos se ocupaban de sí mismos con diferentes placeres y empleos. Pero solo uso cuantos de ellos parecían hacer de sus negocios rescatar a los que sufrían. Si bien cada uno había sido rescatado del océano, la memoria de sus tinieblas y peligros no les preocupaba más para nada y no les importaban aquellos que luchaban y se ahogaban justo frente a sus ojos. Muchos iban regularmente a oír seminarios y sermones en donde se describía el horrible estado de estas pobres criaturas ahogándose.

El señor Booth describió la condición de aquellos en las rocas como sigue:

“Algunos de ellos estaban absortos día y noche en comerciar y hacer negocios de para acumular ahorros en cajas, acciones, y bancos. Muchos gastaban su tiempo entreteniéndose con crecidas flores en los lados de la roca, otros pintando u oyendo música, o vistiéndose en diferentes modas y caminando para ser admirados, Algunos estaban ocupados mayormente en comer y beber, otros estaban ocupados argumentando sobre las pobres criaturas que ya habían sido rescatadas.”
Pero lo que realmente impresiono más a Booth fue que:

“…aquellos en la plataforma a quienes él (Cristo) llamó, quienes oyeron su voz, y sintieron que debían de obedecer (por lo menos decían que lo hicieron), aquellos que confesaron amarlo, que estaban en total simpatía con él en la tarea que él había asumido, que lo adoraban (o decían hacerlo) estaban tan absortos en sus comercios y profesiones, sus reuniones de negocios y placeres, sus familias y amigos, su teología y argumentos, y su preparación para ir al Continente, que ignoraban el clamor que venia a ellos desde aquellos por quienes El mismo había ido al fondo del mar. Si lo oyeron, no respondieron. No les importaba. Y así la multitud continuaba justo frente a ellos, luchando, y chillando, y ahogándose en las tinieblas.

Y lo más extraño de todo, vi que algunas de estas personas en la plataforma, a quien él había llamado para que vinieran a ayudarlo en Su difícil tarea de salvar a estas almas que perecían, ¡estaban siempre orando y clamando para que El viniera a ellos!

Algunos querían que él viniera y estuviera con ellos, y que gastara Su tiempo y fuerzas en hacerlos más felices. Otros le pedían que viniera y les quitara varias dudas y desconfianzas que tenían con respecto a la verdad de algunas cartas que él les había escrito a ellos. Algunos querían que viniera y les hiciera sentir más seguros en la roca, tan seguros de manera que ellos estuvieran convencidos de que nunca más se iban a resbalar al océano.

Muchos otros querían que él les hiciera sentir seguros de que realmente un día iban a salir de la roca e iban a ir al Continente , porque se daba por cierto que era bien sabido que algunos habían caminado tan descuidadamente que resbalaron, y se habían caído de nuevo en las tormentosas aguas.

Así que estas personas solían reunirse y subían tan alto en la roca como podían, y mirando hacia el Continente (donde pensaban que él estaba)  clamaban: “¡Ven a nosotros y sálvanos!” Y sin embargo todo el tiempo él estaba abajo (por su Espíritu) entre las pobres criaturas ahogándose en las profundidades, con Su brazos estirando para agarrarlos y salvarlos, y mirando arriba, con tanto anhelo pero en vano, hacia aquellos en la roca, suplicando con ellos, Su voz ronca de llamarlos “¡Vengan a mi, y ayúdenme!”

Jesús está abajo en las aguas. ¡El está entre las multitudes! ¡El no está entre la alta sociedad en la Ciudad Cristiana! ¿Iremos a él?

La Población Olvidada - George Davis

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Matthew Henry