" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

15 de junio de 2012

LEY O GRACIA


Davis y Clark

¿Qué te viene a la cabeza cuando oyes esta palabra, “Bajo la ley”? La palabra bajo (hup) significa bajo, por debajo, o en una posición o condición inferior. Pablo escribió de esta condición inferior. “Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.” (Gálatas 3:23). Lo que está sobre nosotros es lo que normalmente nos controla. La ley fue dada para gobernar, NO para ser gobernada. Los que están bajo la misma están sujetos bajo su poder. En otro sitio Pablo dice:

“Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios.” (Romanos 3:19)

“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo” (Gálatas 3:23-25).

“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14).

“Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (Gálatas 5:18).

El capítulo siete de Romanos es un pasaje tremendamente revelador que revela gráficamente la verdadera condición del hombre bajo la ley.

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.   Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.  De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡¡Miserable de mí!! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. (Romanos 7:1-25).

¿Por qué estaba tan frustrado este amado hermano? Estaba viviendo en muerte más que en vida de resurrección.

Aunque esto pueda sonar como un cuento muy triste, en realidad es una historia de victoria. Es en esta escuela de fracaso y derrota donde las almas equivocadas que intentan guardar la ley aprenden las lecciones más valiosas de sus vidas. El hombre de Romanos capítulo siete aprendió la lección. “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.” (Romanos 7:18).

Quizá te identificas con este hombre, después de años de intentar tristemente observar la letra y tratar de saltar por los aros (expectativas) puestas por líderes religiosos bien intencionados. Tu incapacidad para obrar al nivel del consenso de grupo te está destrozando. ¿Qué hacer? Frustrado y derrotado, el clamor brota de tu interior. “Miserable de mí, ¡Quién me librará de este cuerpo de muerte!” ¿Muerte? Si. Muerte. Este es el problema. Esta es una palabra interesante para usar en conexión con el guardar la ley, ¿no crees? A lo largo de todas las escrituras, la muerte (griego thanatos) es separación. Se usa para describir la separación del Espíritu del cuerpo, después de que el cuerpo cese su función. La muerte no es no existencia, sino separación de la vida de Dios. Es tratar de perfeccionar la santidad sin el Espíritu Santo.

Dios es Espíritu y a los ojos de Dios, vivir sin vida espiritual es muerte. El resultado del pecado de Adán y Eva fue muerte espiritual, que luego sería seguida por la muerte física. Nosotros estábamos muertos en delitos y pecados antes de que Dios nos redimiera. Pablo dice, Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.” (1ª Timoteo 5:6).

W.E.Vine escribió: “Una vida espiritual es `existencia consciente en comunión con Dios´, así que la `muerte´ espiritual es `existencia consciente en separación de Dios’”. Aunque el hombre de Romanos 7 se deleitaba en la ley de Dios, le faltaba lo que se necesita para guardarla—la vida de Dios. Se puso a guardar la ley en su propia energía, y todo ello para nada. La ley del pecado, tomando ventaja debido a la falta de la vida divina, barre todo lo que tiene por delante como la embestida de una poderosa inundación.

Pablo responde a la pregunta de quién le librará de este cuerpo de muerte al declarar, “no hay condenación  para el que está en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha hecho libre de la ley del pecado y del muerte” (Romanos 8:1-2). El trabajo y el esfuerzo humanos no pueden producir salvación ni santificación. Así que no depende del que quiere (decide hacer algo), ni del que corre (el que pone el esfuerzo), sino de Dios que tiene misericordia.” Romanos 9:16. ¡Cristo en ti es la esperanza de gloria! La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos transforma y vivifica, librándonos de la ley del pecado y de la muerte. ¡Solo la vida puede reemplazar a la muerte!

Qué triste que el hombre no acepte el juicio de Dios sobre su carne hasta que ha agotado hasta su última onza de energía humana. Dios permite esta lucha para que el hombre vea a su carne como la ve su creador. ¡Bancarrota! Solo entonces estará de acuerdo con la declaración de Dios y pedirá ayuda. Solo entonces puede decir desde su corazón, “en mi, en mi carne, no mora el bien”. Solo entonces buscará la liberación de Dios y Su justicia.

Lo único que se levantará por encima de la ley del pecado y de la muerte es otra ley, la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Recuerda las palabras de Pablo, “porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley” (lee Gálatas 3:21).

La principal táctica de Satanás es alienar a los creyentes de la vida de Cristo seduciéndoles para guardar la ley y caer hasta el nivel inferior del molino de la religión sin gracia. Sabe que haciendo esto, los corta de manera efectiva de Cristo. Pablo escribió: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gálatas 5:4). No puedes añadir nada a lo que Cristo ya ha cumplido y llenado con su propia vida de justicia y su muerte en la cruz. Si lo haces, desechas la gracia de Dios y dejas inefectiva a la muerte de Cristo. “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.” (Gálatas 2:21).

“He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.” (Gálatas 5:2).

“Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo.” (Romanos 9:31.32)

“Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” (Romanos 10:3,4)

“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gálatas 1:6-9).

Fíjate en todos los pronombres personales de Romanos siete: Yo no quería, Yo era, Yo hallé, Yo soy, Yo aborrezco, Yo deseo, Yo practico, Yo no, etc. Su única esperanza la encuentra en Yo, Mi, Mío. No tiene poder fuera de él mismo. Ese es el estado del hombre que se encuentra bajo la ley. Queda embargado con un sentimiento de impotencia. La esperanza desaparece conforme crece y crece la amenaza de su pecado.

En el capítulo siete el pronombre Yo se usa treinta y dos veces, seis veces solo en el versículo quince. En el capítulo ocho solo se usa dos veces. Pablo descubrió que ya no era Yo, sino Cristo. En el capítulo ocho hizo referencia a Dios, a Jesús y a Su Espíritu… ¡sesenta y una veces!  Pablo descubrió a Cristo como su absoluta suficiencia, y así también tenemos que descubrirlo nosotros. Esta es la diferencia entre el hombre en derrota y el hombre en victoria total.

Las vidas miserables de los que han sido engañados hasta pensar que pueden volverse justos por sus propias obras son una constante advertencia a cualquiera que les de oído. Todo comenzó con Eva, que pensaba que si podía comer del árbol prohibido, podría ser como Dios. Tristemente, la gran consecuencia no es solo la miseria de estas pobres almas descarriadas, sino la pérdida de la presencia vital y la bendición del Señor en sus vidas.

Roma imprimió sus valores sobre la primera iglesia dando a luz al catolicismo romano y este mismo esquema mental se trasladó luego dentro de la reforma protestante. El catolicismo se jacta de sus grandes sabios patriarcas como Ignacio, Agustín, Aquino, Tomás Moro, etc. El protestantismo tiene a Lutero, Calvino, Zwinglio, Spurgeon, Moody, etc. Todos ellos educados en los caminos de la sabiduría mundana. Muchos pasaron toda su vida en universidades.

Teniendo solo forma de piedad, esta esposa apóstata siempre niega el acceso a la verdadera fuente de poder, prefiriendo el árbol del conocimiento al Espíritu de Dios. ¿Qué es lo que cualifica a un hombre para servir detrás de un púlpito? ¡Una educación cristiana apropiada en una universidad reconocida, por supuesto! Con este estándar, ni uno solo de los líderes de la iglesia primitiva hubiera estado preparado para dirigir al cuerpo de Cristo con la posible excepción de Pablo, y él consideró basura la mejor educación que recibió bajo la élite de Jerusalén.

Por unos instantes vamos a considerar ahora lo que hemos escogido llamar Contribución de Calvino a la Confusión del Pacto.

Calvino contribuyó a nuestra cautividad animando una mezcla de ley y de gracia. Su contribución a la condición actual de esclavitud entre el pueblo de Dios no puede exagerarse. Nos la entregó en forma de algo que llamó “teología el pacto. De esto procede el movimiento de la reforma y muchas variedades de iglesias de reforma. Calvino escribió:

“Si es verdad, que una justicia perfecta es expuesta ante nosotros en la Ley, entonces se entiende que una observancia completa de la misma es justicia perfecta a los ojos de Dios; es decir, una justicia por la que el hombre pueda ser considerado y pronunciado justo ante el tribunal divino”.

Esta confusión del pacto que enseña que la justicia viene por la observancia de la ley ha salido a la superficie en las enseñanzas de muchos líderes cristianos prominentes que nos la han entregado fielmente. Incluimos algunas citas de unos pocos convertidos a la confusión del pacto de Calvino.

“Es auto-evidente que la obediencia completa a la ley de Dios es posible sobre el terreno de la capacidad natural. Negar esto es negar que el hombre es capaz de hacer y que puede hacer.” (Charles Finney, Lectures on Systematic Theology, pg. 407)

“La santificación genuina se mostrará en respeto habitual hacia la ley de Dios y en el esfuerzo habitual para vivir en obediencia a la misma como norma de vida.” (J.C. Ryle, Holiness, pg. 27)

“Cristo vino bajo la ley (Gálatas 4:4), y vivió en perfecta sumisión a la misma, y nos ha dejado ejemplo para que “sigamos Sus pasos” (1ª Pedro 2:21). Solo amando, temiendo y obedeciendo la ley, seremos guardados del pecar…

“Hay una incesante batalla entre la carne y el Espíritu, cada uno produciendo según lo suyo propio, de manera que los quejidos se mezclan siempre con los cánticos cristianos. El creyente se encuentra a sí mismo alternando entre la gratitud a Dios por la liberación de la tentación y la confesión contrita de su deplorable cesión a la tentación. Con frecuencia tiene que clamar, “¡Miserable hombre de mí! (Romanos 7:24). Esta ha sido la experiencia hasta de veinticinco años del escritor, y aún lo sigue siendo.” (Arthur Pink, The Doctrine of Sanctification pg 81,83).

Considera esta pregunta: ¿Es ésta la vida abundante de la que habló Jesús? Estos mismos hombres han tenido miles de devotos seguidores. Y también los fariseos de hace 2000 años. Siempre que el hombre se gloríe en el potencial humano pensando que hacer lo mejor que pueda es suficiente… habrá guías ciegos guiando a ciegos.

De la Ley al Reposo - Davis y Clark

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La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"
Matthew Henry