Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


9 de octubre de 2012

LA ACTITUD DE JESUS HACIA EL DINERO Y LA GANANCIA TERRENA


Davis y Clark

Por todas partes los cristianos están de acuerdo (por lo menos en principio), que el ejemplo y las enseñanzas de Jesús son la autoridad final en todas las cosas que tienen que ver con el reino de Dios. Él siempre hizo las cosas que vio hacer al Padre y habló las cosas que oyó al Padre decir. Su doctrina no era propia. Ver a Jesús era ver al Padre y oírle era oír al padre. Esto convierte a las palabras de Cristo en la suprema autoridad en todos los asuntos.

Somos exhortados a tener la mente de Cristo en todas las cosas. Si hemos de llevar esto a su conclusión final, la actitud de Cristo hacia el dinero debería ser también nuestra actitud. Los teólogos llaman al Sermón del Monte (Mateo 5-7 y Lucas 12) “el preámbulo del reino” Jesús introdujo conceptos básicos del reino a los pobres. No tienes que leer mucho para darte cuenta de que este reino y su economía no son de este mundo.

De hecho, casi todo lo que Jesús enseñó sobre el dinero es considerado irresponsable en la sociedad actual. Cualquiera que se atreva a obedecer la enseñanza de Cristo en este asunto puede ser acusado de tener la cabeza en las nubes y de no estar en contacto con las realidades de la actual situación financiera. Los hombres tienden a medir sus éxitos y fracasos por el tiempo invertido comparado con el rendimiento, siempre mirando en el fondo del asunto y a los inmediatos beneficios.

Jesús comienza apuntando a este estándar falso de éxito, el asunto de las recompensas, o los pagos realizados en concepto de unos servicios prestados. Incluso al dar a los necesitados, puedes buscar la recompensa de ser considerado un filántropo o una persona dadivosa entre los hombres.

 Jesús sigue diciendo, “al orar, no uséis vanas repeticiones como hacen los gentiles. Porque piensan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes de que se lo pidáis”. (parafraseado). Las vanas repeticiones de los gentiles eran peticiones incesantes de cosas materiales de esta vida. Esperaban obtener lo que deseaban mediante una repetición y persistencia constantes, como un niño cuando pide un obsequio en el supermercado. Eran como Aladino frotando la lámpara mágica. Esto no funciona con el Dios viviente.

Él es un Padre bien familiarizado con las necesidades de Sus Hijos y cuida de ellos. Sabe lo que necesitamos antes de que le pidamos. El conocimiento de este gran amor cambia nuestra forma de acercarnos a Él. En lugar de venir con incesantes peticiones de cosas para consumir para nuestro propio placer, venimos en fe, con las manos abiertas, confiando que el Padre sabe mejor lo que necesitamos para la vida, y confiando también que Él nos dará nuestro pan diario como Él mismo lo determine.



Dios no es un Padre que eche a perder a sus hijos como algunos padres ricos y devotos que compran el afecto de sus hijos, sino que satisface sus necesidades desde Sus riquezas en gloria.

Entonces, ¿Cómo acercarnos a nuestro Padre? Jesús aconsejó: Orad así: “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo, El pan nuestro de cada día danos hoy. No nos metas en tentación, y líbranos del Maligno. Porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por siempre. Amén.”

Jesús convierte a la oración en un asunto de familia. Revela una confianza infantil en un Padre que da diariamente a Sus hijos en contraste con las vanas repeticiones de los gentiles paganos, que clamaban a dioses distantes e indiferentes que se servían a sí mismos. Un buen padre está atento a las necesidades de sus hijos y está dispuesto a satisfacerlas.

Las palabras, “el pan nuestro de cada día, danos hoy”, son quizás la mayor declaración de fe en toda la Biblia. “Padre, Tú sabes lo que necesitamos hoy, y confiamos en que tu lo proveerás. ¡Tú eres nuestro Padre! Nosotros somos Tus hijos.

Danos hoy esas cosas que tu has determinado que sean nuestro pan diario.”

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:26-33)

Fíjate que Jesús no aprueba ninguna clase de oración egoísta aquí. Esto esta lejos de las oraciones egoístas del “Movimiento de la Prosperidad”.

A principio de los 70, Janis Joplin cantaba una canción que era una burla de los evangelistas y predicadores egoístas de la televisión de ese tiempo. Todavía podemos escuchar su voz grave, diciendo: Señor, ¿Por qué no me compras un Mercedes Benz? Mis amigos conducen Porsches, Tengo que compensarte.

Después hubo también otra canción de Ray Stevens, “¿Llevaría Jesús un Rolex en Su show de televisión? Me desperté esta mañana, puse mi televisión A vivo color había algo que no podía olvidar. Este hombre me estaba predicando poniendo el encanto, Pidiéndome veinte teniendo diez mil, en su brazo Llevaba ropa de marca y una gran sonrisa en el rostro. Me vendía la salvación mientras cantaban increíble gracia. Me pedía dinero aunque él tenía todas las señas de la riqueza. Casi le escribo un cheque, y después me pregunte a mi mismo, ¿Llevaría él un anillo de lujo? ¿Conduciría un cochazo? ¿Llevaría su esposa pieles y diamantes? ¿Tendría su camerino una estrella? Si regresara mañana, hay algo que me gustaría saber.

¿Llevaría Jesús un Rolex en su show de   televisión?  ¿Sería Jesús un político si regresara a la tierra? ¿Tendría Su segunda casa en Palm Springs aunque tratara de esconder su valor? ¿Tomaría dinero de esos pobres cuando regrese otra vez? ¿Y admitir que Él ha estado hablando a todos esos predicadores que dicen haber estado hablando con Él? Puede que el mundo no sea espiritual pero no es estúpido (Lucas 16:8).

En el Sermón del Monte, Jesús corta hasta la motivación del corazón detrás de la preocupación del hombre por las recompensas. “19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

Codiciar las cosas de este mundo está enraizado profundamente en el corazón del hombre caído, que cree verdaderamente que el que muere con más juguetes es el que gana. Esto lleva a la iniquidad de acumular. Fue en respuesta a esta ambición lo que hizo que Jesús enseñara como enseñó.

En Lucas 12:13 -21 descubrimos la razón por la que Jesús enseñó esas cosas en ese momento. “Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo” Esto suena razonable, ¿verdad? ¿Qué había de malo en la petición de este hombre? ¿Es que no debía su hermano haber compartido la herencia con él? ¿Es que no debía Jesús preocuparse sobre la justicia y la equidad? Jesús respondió: “Hombre, ¿Quién me ha puesto por juez sobre vosotros?” Con todo esto como telón de fondo, se volvió a la multitud y dijo, “Guardaos de la avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Hablando en parábolas, Jesús continuó conectando la codicia con la acumulación de riquezas. “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?” No se le había pasado por la cabeza que una cosecha abundante pudiera ser la bendición de Dios a los pobres. No. Su respuesta al problema del sobrante fue la misma que hay hoy. “Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”

Con frecuencia alguien planta una iglesia y ésta crece más allá del tamaño del edificio en el que se han estado congregando. Entonces se decide construir un edificio mayor para contener a los fieles. ¿No se les habría ocurrido alguna vez que esto pudiera ser un gran momento para descentralizar y enviar a los fieles a cumplir la gran comisión? Esto podría ser una gran  oportunidad para extender el Reino verdadero hecho de piedras vivas en lugar de despilfarrar el dinero en un reino hecho de ladrillos, madera y hojarasca.

Por causa de la codicia, derriban sus viejos graneros y los construyen aún más grandes para poder almacenar el incremento bajo un techo, ¡más dinero, más reputación por tener la iglesia más grande en la ciudad, además del salario más alto! Nuestros corazones van a estar donde estén nuestros tesoros.

Si acumulamos para nosotros mismos, nuestros corazones se centrarán en la tierra y en las riquezas que hayamos atesorado aquí. ¿Cómo nos hacemos ricos para con Dios? Encontramos la respuesta en Lucas 12:33-34: “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Nos hacemos ricos para Dios vendiendo lo que tenemos y dándolo a los pobres. No hay otra forma de cambiar moneda terrenal por moneda celestial.

Estas no son nuestras enseñanzas sino las de nuestro Señor. Dios hizo nuestros ojos de forma que a menos que estemos deformados, donde se pose un ojo, ahí se posará también el otro. No podemos mirar una cosa con un ojo y otra con el otro al mismo tiempo. Esto es la unicidad del ojo, y cuando el ojo es bueno, todo el cuerpo esta lleno de luz. Tampoco podemos centrarnos en Dios y en el dinero al mismo tiempo. Uno u otro llenará nuestros ojos y como resultado, nuestros ojos serán buenos o malos, llenando al cuerpo de luz o dejándolo en oscuridad.

Jesús explica: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? ” “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:22-24)

 anto al Padre como a las riquezas (mamón), se les llama señores. Ambos expanden sus reinos incesantemente en los corazones de sus adoradores hasta que posean todo el afecto, atención y dominio. Uno es el legítimo Señor de todo. Dios el Padre de los espíritus desea reinar dentro de las almas de los hombres volviendo sus afectos hacia las cosas que son eternas.

La fuerza demoníaca de Mamón atrae a los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y el orgullo de la vida (1ª Juan 2:16) y produce un amor hacia el presente sistema mundial maligno que es anticristo en su misma naturaleza. Para que la advertencia de Jesús pueda tener un impacto en nuestras vidas, tenemos que identificar al señor llamado Mamón. Mamón era un dios babilónico. Los adoradores se reunían alrededor y le hacían ofrendas con la esperanza de obtener ganancia mundana. Su enfoque estaba en las cosas de este mundo. La búsqueda del éxito, la fama y las  riquezas llenaban su atención. En breve, desean un reino para ellos mismos que pertenecía totalmente a este mundo. En contraste con esto vemos otro reino, un reino que no es de este mundo.

Este reino no viene con observancia externa, y fue este reino el que Jesús representó, el reino de Su Padre. La moneda de este reino es el amor desinteresado hacia los demás. Almacenas tesoros en los cielos mediante actos de amor  desinteresados hacia los que están en necesidad.

 No hay compromiso en este asunto entre los que son de Su Reino más que lo hubo en Su propio Hijo. Estos dos reinos y sus señores son diametralmente opuestos—amor en contraste con el odio, devoción en contraste con ojeriza. El hombre no puede servir a ambos. Escoger a uno es rechazar automáticamente al otro.

¿A cuales de estos dos señores servís? ¿Cuál de ellos es dueño de los afectos de nuestro corazón y ocupa los pensamientos que más nos preocupan? ¿Cuál de ellos reclama nuestro tiempo y energías? ¿Es Dios o mamón? ¿O estamos intentando neciamente apaciguar a ambos maestros en un esfuerzo sin fin de demostrar que Jesús es un embustero?

Por todas partes vemos hombres que buscan ganancia para sus propios reinos, todo ello en el nombre de Cristo, que se estuvo toda Su vida centrado en el reino eterno de Su Padre. Si la ganancia terrena es nuestro objetivo, se probará que los embusteros somos nosotros.

Por todas partes vemos a hombres de iglesia almacenando tesoros en la tierra. Construyen grandes edificios, organizaciones, cuentas bancarias, planes de pensiones y mansiones impresionantes. Acumulan coches lujosos, carísimos jets privados y toda clase de riquezas, como si este mundo fuera la única recompensa que fueran a tener.

¿Es ésta la vida manifestada por Jesús y Sus discípulos al consagrar sus vidas en devoción al Padre y a Su Reino? ¿Es esta la vida de aquellos que “moraban en cavernas, vestían pieles de animales, de quienes el mundo no era digno”? En nuestro condado, “Aldeas infantiles”, una misión juvenil de albergue para jóvenes, fue forzada a no recibir a más niños necesitados ¡mientras se construía a la vuelta de la esquina una nueva iglesia de un millón de  dólares “para la gloria de Dios”! ¡Qué afrenta al evangelio del Dios vivo y verdadero!

 Haran Mercaderia de Vosotros - G. Davis y M. Clark

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"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"

Matthew Henry