" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

2 de febrero de 2012

LA VERDADERA UNCIÓN PROFÉTICA


John Bevere

La verdadera unción profética trata con los corazones...

"He ahí que yo os enviaré el profeta Elías, antes que venga el grande y terrible Día del Señor" (Mal 4:5).

El gran día del Señor fue su primera venida. Y Jesús dijo que Juan el Bautista era "Elías, el profeta", enviado por Dios para preparar el camino del Señor. Su ministerio era la "voz de lo que clama en el desierto" (Is 40:3).

Los profetas del Antiguo Testamento profetizaron acerca de Juan, y Jesús lo describe así:

"Pero para que salisteis? Para ver un profeta? Sí, yo os digo, y mucho más que profeta. Este es de quien está escrito: He ahí  yo envío delante de tu faz mi mensajero, el cual preparará tu camino delante de ti. En verdad os digo:

Entre los nacidos de mujer, nadie hay mayor que Juan el  Bautista... y, si lo queréis reconocer, él aun es el Elías, que estaba para venir" (Mt 1l:9-14).

Juan no era la reencarnación del profeta Elías mencionado en 1 y 2 Reyes, como suponen algunos. El texto no se limita a un hombre sólo, pero describe el verdadero sentido de "Elías". Expliquemos.

La palabra Elías viene de dos palabras hebraicas El y Yahh. El significa "fuerza" y Yahh "Jehová" o Señor. Juntas significan "fuerza del Señor". Lo que Jesús afirma sobre Juan el Bautista, es que él vino delante de Jesús, en la "fuerza del Señor". El ángel Gabriel describe a Juan de la siguiente manera:

 “Y convertirá muchos de los hijos de Israel al Señor, su Dios. E irá delante del Señor en el espíritu y poder de Elías, para convertir el corazón de los padres a los hijos, convertir a los desobedientes a la prudencia de los justos y habilitar para el Señor un pueblo preparado" (Lc 1:16, 17). La misión de Juan el Bautista era convertir el corazón del pueblo de Israel a Dios.

Su mensaje era:
"Arrepentíos, porque está cerca el reino de los cielos" (Mt 3:2). Arrepentimiento significa cambio de corazón. El pueblo vivía sólo la forma de la religión, y su corazón estaba lejos de Dios.

Millares de personas frecuentaban regularmente las reuniones de la sinagoga, desconociendo el verdadero estado del propio corazón. Por eso, Dios levantó al profeta Juan para exponer la verdadera condición del corazón del pueblo.

Juan decía a las multitudes:
"Raza de víboras, quien os indujo a huir de la ira venidera? hagan, pues, frutos dignos de arrepentimiento (cambio de corazón) y no comencéis a decir entre vosotros mismos: Tenemos por padre a Abraham... " (Lc 3:7, 8).

Juan expuso a los judíos de la época el engaño del corazón de ellos. Ellos creían que porque eran hijos de Abraham, daban el diezmo y  frecuentaban la sinagoga, eran justificados. Juan no fue enviado a los gentiles, pero si a la casa perdida de Israel, a fin de llevar al pueblo a preparar el corazón para recibir Jesús. Malaquías profetizó que la "unción de Elías" vendría antes del grande (primera venida del Señor) y terrible día del Señor.

El terrible y glorioso día del Señor es su segunda venida. Creo que estamos en esos días. Confirmando las palabras de Malaquías. Afirmó Jesús: "De hecho, Elías vendrá y restaurará todas las cosas. Yo, sin embargo, os declaro que Elías ya vino y no le reconocieron... Entonces los discípulos entendieron que les había hablado acerca de Juan Bautista" (Mt 17:11- 13). Jesús habló estas palabras después de que Juan el Bautista fuera decapitado.

Vea los dos periodos diferentes a los que se refiere la unción de Elías: El período futuro (vendrá) y el pasado (ya vino). Antes de la segunda venida de Cristo, una vez más, Dios derramará una unción profética y en ese tiempo el manto profético no estará solo sobre una persona, pero si corporativamente sobre muchos profetas.

En el libro de hechos, Pedro cita al profeta Joel, diciendo:"... vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán... hasta sobre mis siervos y sobre mis siervas derramara el rey de mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán... antes que venga el grande y glorioso Día del Señor" (Hechos 2:17-20).

La palabra "profetizarán" en ese versículo tiene el sentido de  hablar bajo inspiración, ejercitando el oficio profético y haciendo previsión de acontecimientos futuros. Semejantes a Juan el Bautista, los profetas de los últimos días irán a las ovejas perdidas y engañadas; personas que hacen de la Iglesia sólo un lugar de vida social, así como a aquellas que se desviaron a causa de los escándalos. Existen personas que creen que están listas para el regreso de Jesús, e igual que los judíos de aquella época, tales personas creen que, por sus obras, por la asistencia a los cultos, el pago oportuno de los diezmos o la buena posición en la Iglesia, y porque hayan hecho la "oración de los pecadores", están llenamente justificadas.

Pueden hasta creer que están justificadas, pero la verdad es que no están preparadas para la venida de Jesús. El corazón de ellas está dividido entre Dios y el mundo. Una vez más oiremos el sonido de la palabra profética clamando: "Arrepentíos (cambien de actitud) porque el reino de Dios está cerca". Viviendo una vida de integridad y abandonando el engaño, tales profetas fructificarán en el reino. Ninguna nación del mundo gasta tanto en Cds con predicaciones, literatura, programas misioneros y programas de Televisión como Estados Unidos. Son billones de dólares todos los años.

Tenemos más escuelas bíblicas, centros de entrenamiento e iglesias que cualquiera otra nación. Examinando superficialmente, somos más entrenados en la doctrina bíblica y enseñanza de las Escrituras que cualquier otro pueblo del mundo. Sin embargo, en toda la nación americana las iglesias están secas y áridas, careciendo de la verdadera presencia de Dios. Pecadores oyen nuestros sermones domingo tras domingo, sin que nunca se conviertan!

El pecado rueda suelto en las iglesias, sin que el liderazgo haga algo para contener la entrada del mal a estas. Porque?

El pueblo desconoce el sentido del verdadero arrepentimiento. La palabra griega traducida como arrepentimiento en Mateo 3:8 es metanóia. Tiene el sentido de cambio de mentalidad y de actitud en relación al pecado y sus causas; y no sólo a sus consecuencias. Aprendemos a quedarnos lastimados sobre las consecuencias del pecado, sin abandonar su naturaleza. En la realidad, no nos disgusta el pecado por el hecho de que entristezca a Dios, y si porque sus consecuencias nos dejan avergonzados ante las personas.

La verdadera unción profética trata con las intenciones de los corazones, y no en dar "profecías individuales " que satisfagan el "yo " de las personas. El profeta ve el corazón de la persona dentro del plan de Dios. Él clama al cambio, alertando sobre el juicio inminente.

Llegando a la congregación, él no necesitará usar el viejo dicho de "así dice el Señor" y, con todo, podrá profetizar durante todo el mensaje! La atmósfera de la Iglesia quedara muda, pues el profeta tratara con los motivos de los corazones, llevando las personas al verdadero arrepentimiento.

Su mensaje anuncia una nueva y precisa dirección a las personas. El resumen de su mensaje, sea a la iglesia o la persona es: "Vuélvase para el Señor; hay un nuevo mover de Dios sobre la Tierra!"

El oficio del profeta no está limitado a un culto en el que las personas se quedan de pie y reciben una palabra profética; aunque eso muchas veces puede ocurrir. Él puede dar una palabra de Dios a una única persona, como Agabo a Pablo en Hechos 21:10, 11. Naturalmente que ese no es el énfasis de su ministerio.

Silas compañero del apóstol Pablo, era un profeta, conforme vemos en Hechos 15:32. No lo vemos, andando de iglesia en iglesia, dando "palabra personal"; Silas aparece exhortando a los hermanos a que permanezcan fieles al Señor.

Algunos se titulan a sí mismos "profetas", y salen por ahí "entregando una palabra del Señor". Son personas que no siempre tienen el corazón recto para con Dios y, en algunos casos, son "auto-enviadas", dejando a los hermanos tristes y confundidos. Las palabras que hablan vienen del propio corazón, y en algunos casos, de espíritus familiares. Pueden hasta hablar "buenas palabras", pero Dios no las envió a predicar ni colocó las palabras en su boca.

"No mandé esos profetas; sin embargo, ellos fueron; no les hablé a ellos; pero, profetizaron. Pero, si hubieran estado en mi consejo, entonces, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo y lo habrían hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus acciones " (Jer 23:21, 22). He ahí lo que Dios dice acerca de las personas que se envían a sí mismas: "... hablan las visiones de su corazón, no lo que viene de la boca del Señor" (Jer 23:16). En el mismo capítulo, Dios dice que esos profetas auto-enviados pueblan la Tierra, y a causa de sus profecías, el pueblo de Dios es desvalorizado (versículos 15 y 16).

Buscando ver la motivación detrás del ministerio, la pregunta es, el pueblo está volviéndose para Dios? o las personas están quedándose cada vez más dependientes de los "profetas" y de sus dones? Uno de los subproductos de esa onda profética son personas corriendo de un lado para el otro, recogiendo una "palabra" de Dios. Ellas tienen como punto principal a ellas en sí mismas. Recogen engrandecer el yo. En vez de  volverse para el Señor, abandonando sus malos caminos, ellas recogen a los "profetas" para que tengan alguna respuesta de Dios.

Jesús nos enseña a reconocer entre el falso y el verdadero profeta. "Por sus frutos los conoceréis" (Mt 7:16).

El verdadero fruto es cuando las personas manifiestan públicamente que cambiaron de vida. Necesitamos desarrollar el don de discernir, a fin de percibir la diferencia entre la verdadera y la mala motivación... así como el verdadero y el falso profeta! Acuérdese de una cosa: El propósito de la restauración del oficio profético es preparar los corazones para recibir éste ministerio y los dones ministeriales en él contenidos. Esos profetas serán la "voz que clama en el desierto", anunciando que es hora de preparar el camino de santidad para el Señor
Victoria en el Desierto - John Bevere

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