" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

11 de agosto de 2018

PRIMAVERA, DESPERTANDO EN LA NUEVA VIDA


George Warnock

“Envía su palabra y los derrite; hace soplar su viento y el agua corre.” (Salmos 147:18)

El invierno no es una tragedia... Es una promesa de la venida de la primavera. Las tristezas de Sus amados se transforman por Su amor y por Su gracia en gozos de triunfo. Es el propósito de Dios y nuestro reconocimiento del mismo lo que convierte a la tragedia en una promesa, al oscuro nubarrón en un rayo de esperaza. Dije “nuestro reconocimiento de lo mismo”, y no nuestro entendimiento de ello. Porque la fe está ahí para cada hora de necesidad,  para sobrepasar a nuestro entendimiento y así, impartir el gozo y la seguridad que nunca podría traer el conocimiento absoluto y completo de la situación. “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” (Rom. 8:28). Fíjate de nuevo que es “de acuerdo con Su propósito”. Y el propósito del invierno es preparar la tierra para la primavera. La nieve y el hielo se apilan sobre los montes y colinas para que cuando llegue la primavera, pueda haber una poderosa corriente de agua que bendiga la tierra. Hay “tesoros de la nieve” (Job 38:22). Y la tierra descubrirá en el tiempo de la primavera... como se derrite la nieve y los ríos se llenan de agua, y fluyen por toda la tierra.

¿Pero qué es lo que marca la diferencia entre el invierno y la primavera? ¿Qué marca la diferencia entre en viento del norte y el austro? Sólo el ciclo del propósito de Dios. El sol es tan brillante en invierno como en verano. Es la estación que responde a cada clima diferente. Sentimos el frío del viento del norte; pero cuando completa el ciclo, se convierte en el viento del sur, el austro. Cuando viene del norte, es malo y helado, pero además invalida y es devastador. Los campos verdes se congelan para desolación... los ríos y los arroyos detienen su curso... la naturaleza parece entrar en una completa paralización. Dale tiempo, y cuando el viento del norte haya cumplido su propósito, Dios enviará el austro. Romperá el hielo que cubría la tierra y las aguas, y derretirá la nieve que había traído previamente. Viene la primavera y “envía su palabra y los derrite; hace soplar su viento y el agua corre.” (Salmos 147:18).

Podemos inclinarnos a envidiar a los que parecen tener un caminar positivo, sin estorbos y consistente con el Señor—los que parecen haber experimentado muy poco de devastación y de frustración. Pero con frecuencia falta algo. Puede que no sientas ese fluir de amabilidad, misericordia, paciencia y longanimidad. Los que han conocido luchas, perplejidades, esterilidad, derrota y estaciones invernales son los que descubrirán un gozo peculiar y abundante cuando los vientos comiencen a soplar del sur. Estos son los que encuentran fácil derretirse en Su presencia en la maravillosa hora de la primavera, y fluir juntos en el poderoso río de Dios. La Iglesia puede parecer muy poderosa e impresionante, pero fría y sin vida. La nieve y el hielo amontonados en las montañas presentan un hermoso cuadro escénico, pero cada pico cubierto de nieve sigue manteniendo su propio status denominacional y cada pequeño copo de nieve su propia identidad egoísta. Dios a va causar un derretimiento y un fluir juntos... hasta que cada pequeño copo de nieve y cada pequeño cristal de hielo pierda su identidad en el poderoso Río de Dios. Entonces estará “lleno de agua”, como dijo el salmista... para bendecir la tierra por la que fluye. No puede haber una unidad real aparte de una unión vital con Cristo por el Espíritu Santo... al hacer Dios que Su pueblo se derrita bajo la mirada del Sol de Justicia, pierda su identidad como miembros de esta iglesia o de esa.... y fluyan juntos en el Río de Dios. No estamos hablando de “todas las iglesias” fluyendo juntas bajo alguna clase de unión ecuménica, organizada y controlada por los hombres que edifican algo para su propia gloria. Al contrario, hablamos de esos miembros del cuerpo de Cristo, que son lavados en Su sangre y son nacidos de Su Espíritu.
  
El huerto de Dios - George Warnock

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