Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.
La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.
17 de julio de 2011
EL HOGAR DEL HOMBRE ES UN HUERTO
15 de julio de 2011
PERIODOS DE SEQUEDAD
6 de julio de 2011
ADORACION EN FAMILIA
29 de junio de 2011
LA CONVERSION DE LOS NIÑOS
22 de junio de 2011
EL TABERNACULO DE DAVID
15 de junio de 2011
EL ARMAGEDON
8 de junio de 2011
EL AMOR AGAPE
El creyente cristiano es alguien que tiene una relación divina con Dios.
7 de junio de 2011
QUIEN ES TU COBERTURA?
FRANK VIOLA
1 de junio de 2011
NO NOS PERTENECEMOS, SOMOS DEL SEÑOR
Es el deber de todo creyente presentar su cuerpo en sacrifico vivo, santo, aceptable a Dios. Como indica la escritura, en esto consiste la verdadera adoración. El principio de la santidad nos lleva a la siguiente exhortación: “no os adaptéis a las formas de este mundo, sino transformados por medio de la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cual es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, y los perfecto.”(Romanos12:2)
Si no somos nuestros y pertenecemos al Señor, debemos huir de aquellas cosas que le desagradan y encausar nuestras obras y nuestros hechos a todo aquello que El aprueba. Basándonos en el hecho que no nos pertenecemos, tendríamos que aceptar que ni nuestra razón, ni nuestra voluntad deberían guiarnos en nuestros pensamientos y acciones.
Si no somos nuestros, no hemos de buscar satisfacer los apetitos de nuestra carne. Si no somos nuestros entonces olvidémonos de nosotros mismos y de nuestros intereses todo cuanto nos sea posible. Pertenecemos a Dios; por lo tanto, dejemos de lado nuestra convivencia y vivamos para El, permitiendo que su sabiduría guie y domine todas nuestras acciones. Si pertenecemos al Señor, dejemos que cada parte de nuestra existencia sea dirigida hacia El, esa debe ser nuestra meta suprema.
¡Cuánto ha avanzado aquel hombre que ha aprendido a no pertenecerse así mismo, ni a ser gobernado por su propia razón, sino que rinde y somete su mente a Dios! El veneno más efectivo que lleva a los hombres a la ruina es el hecho de jactarse en sí mismos, en el poder y sabiduría humana.
La única manera de zafarse de ese autoengaño es sencillamente seguir la guía del Señor.
El servicio del Señor no solo implica una autentica obediencia, sino también la voluntad de poner aparte los deseos pecaminosos y rendirse completamente al liderazgo del Espíritu Santo.
27 de mayo de 2011
LA PERLA PRECIOSA
Por lo cual es ahora (hoy) que debemos vivir EL REINO DE DIOS, camina pensando en Dios, actúa como Jesús, respira su espíritu y fortalécete en su amor. (El Reino de Dios no vendrá con observación; ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el Reino de Dios entre vosotros está. Lucas 17:21,22)
Para ser participes del REINO tenemos que nacer de nuevo, nuestra entrada al REINO ha de ser una continua negación a los placeres de este mundo, compartiendo y entregándolo todo para poseer la perla, porque es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el REINO DE DIOS.
La Perla Preciosa - Paola E. Meza
22 de mayo de 2011
QUE ES LA VERDAD?
No es algo que se pueda poseer sino algo, primero y por encima de todo lo demás, que se es.
La Verdad es espíritu, es vida; y este espíritu, esta vida, es el camino, el único camino al Padre. “…Yo soy…la verdad…nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
Repentinamente nos amanece y vemos que no es por tener verdades, sino por convertirnos en verdad que somos salvos. El deseo de Dios no es tan sólo informarnos, sino transfigurarnos, no llenarnos con verdades, sino hacernos verdad.
El Espíritu Santo, el Consolador, el Espíritu de Cristo, el Espíritu de adopción que derramó el amor de Dios en nuestros corazones, es el Espíritu de Verdad.
Jesús nos deja en un terreno nuevo, no familiar. Sabemos lo que significa que una afirmación o una doctrina sean verdaderas, pero ¿qué significa cuando un hombre declara: “Yo soy la verdad”? Sabemos lo que quiere decir tener verdad, pero vacilamos ante la idea de ser verdaderos.
Estamos y nos sentimos mucho más en casa con la religión que está ocupada en tener y hacer. Sabemos cómo ir por ahí y adquirir más y más verdades. Pero la religión de Dios está animada al máximo por un deseo de ser, no simplemente por hacer o adquirir.
Si creemos que por tener somos, que convertirnos en verdad es simplemente una función de adquirir una cantidad suficiente de verdad, estamos en engaño.
Tal engaño produce, si se le permite seguir sin quebrantarlo, el espectáculo trágico e irónico de hombres impecables (así ellos lo creen) en sus doctrinas, pero que viven vidas que esencialmente son actuación e imitación, es decir, falsas. Si una viuda pudo decir a Elías: “…la palabra de Jehová es verdad en tu boca” (1 Reyes 17:24), entonces de esto se deduce que la Palabra de Dios en la boca de alguien, puede ser falsa. La boca, la voz, no están separadas de la palabra que sale de ellas. La voz y la palabra son un continuom inquebrantable.
Jesús habla la palabra de Dios, porque Él es la Palabra de Dios. Él habla verdad, porque es verdadero. Las verdades son importantes, pero sin el Espíritu de Verdad en nosotros para animarlas, están tan muertas, y son tan mortíferas, como la ley escrita en la piedra. Si la ley sola, aunque se cite y se siga correctamente, no pudo hacernos rectos ni justos, entonces ¿cómo las verdades solas, aunque se profesen con toda la ortodoxia, nos podrán jamás hacer verdad?
Así como Cristo es la meta y el cumplimiento de la ley de Dios, de igual manera es la meta y el cumplimiento de las verdades de Dios. El mismo Dios que pudo hacer de un fariseo como Pablo una epístola viviente de Su gracia, por el Espíritu de Gracia, también puede convertir a Su Iglesia en una demostración viva de la verdad por el Espíritu de Verdad.
Vivimos en una edad que de manera constante desprecia y denigra la verdad preposicional. Inclusive, dentro de la iglesia, se está convirtiendo en una fuente de vergüenza el contender sobre las doctrinas de la fe, como si toda contienda fuese de necesidad contenciosa, y ¿quién quiere que se le ponga la etiqueta de divisor en nuestra época crecientemente ecuménica? Algunos parecen pensar que por el hecho de usar la palabra “simple” antes de “doctrina” ya el tema se ha tratado de manera suficiente. Pero no hay doctrinas “simples.” Las verdades de la fe son, y continuarán siendo, dignas de vivir y morir por ellas.
Es necesario proclamar el Espíritu de Verdad, no porque la palabra de verdad no sea importante, sino precisamente porque es muy importante. Las verdades que se proclaman rudamente, sin una vida que sea verdad, son un mal servicio a la verdad. Pero de la misma manera, la categoría de “auténtica” o “real” o “verdadera” de una forma que disminuya el sitio y el valor de las verdades una vez dadas a la iglesia constituye igualmente un mal servicio para la verdad.
Sería trágico y una verdadera ironía si el Espíritu de Verdad se llegase a convertir en incluso otro estandarte definitivo detrás del cual se enaltezca una versión de la verdad parcial y, por tanto, falsa.
Que es la Verdad? - Paul Volk
"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"
Matthew Henry












