Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


28 de agosto de 2013

LAS COSAS QUE HABÉIS OIDO Y VISTO DE MI, ESAS HACED.

 
Davis y Clark                                                                                     
La primera mención del hijo de perdición como tal, la encontramos en la oración de Cristo en Juan 17:12. “Cuando estaba con ellos en el mundo, Yo los guardaba en Mi Nombre. A los que me diste, Yo los guardé y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición, para que se cumpliera la escritura”. La profecía a la que hace referencia la encontramos en el juicio de Zacarías contra los pastores de Judá (lee Zacarías 11:3-17), que hacían mercadería del pueblo de Dios. El rebaño estaba siendo tan maltratado que Dios los llamó “el rebaño de la matanza”.

Y Dios dijo a Zacarías, “Apacienta las ovejas de la matanza, a las cuales matan sus compradores, y no se tienen por culpables; y el que las vende, dice: Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus pastores tienen piedad de ellas.”
Cuando Zacarías tomó el cayado llamado gracia y lo rompió en señal de que Dios estaba rompiendo Su pacto con estos pastores crueles, “así conocieron los pobres del rebaño que miraban a mí, que era palabra de Jehová.”
Lo que sigue parece casi estar fuera de lugar, porque Zacarías, hablando bajo la unción del Espíritu Santo, dijo, “Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata”.

Entonces Dios dijo a Zacarías: “Échalo al tesoro; ¡Hermoso precio con que me han apreciado! Zacarías hizo como Dios le había dicho y “tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro.” ¿Es éste el precio con el que valoramos a Jesús? ¿Es éste el precio con el que Él es valorado hoy? ¿Está Jesús siendo traicionado aún hoy por treinta piezas de plata— meramente mamón? Como hemos visto lo que hicieron a sus hermanos menores, la respuesta está dolorosamente clara. Su casa se ha convertido en matadero espiritual por causa de la ganancia de los “pastores”. Como si estuviera hablando directamente al propio Judas, Zacarías sigue hablando, “¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! Hiera la espada su brazo, y su ojo derecho; ¡del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será enteramente oscurecido!” (v. 17) La mayoría de nosotros conocemos la historia de Judas traicionando a nuestro Señor con un beso.
Pero, ¿Hemos considerado que Judas entró en un pacto con ambiciosos gobernadores religiosos que estaban tramando la muerte de Cristo? Judas fue delante de los principales sacerdotes y les dijo, “¿Qué me daréis para que yo os lo entregue?” (Lee Mateo 26:14-15). Pactaron con Judas por el mismo precio que Dios había llamado “Mi precio - ¡Hermoso precio con que me han apreciado! Treinta piezas de plata”.

Mientras Jesús oraba en el huerto y el resto de los discípulos dormían, Judas vino con una turba de hombres armados con espadas y palos, enviados por el sumo sacerdote y los ancianos del pueblo. La señal de Judas era, “A quien bese, a ése prended”. Al acercarse a Jesús, le dijo, “¡Hola Maestro!”, y Le besó. Jesús le dijo, “Amigo, ¿Qué haces aquí?”.
Jesús sabía muy bien porqué Judas había venido. ¿Pero lo sabía Judas? No en ese instante, pero pronto recuperaría el sentido. Y entonces sería demasiado tarde (lee Mateo 26:47-50:

El evento histórico nos da una gran luz respecto de las características de la manifestación o revelación del hijo de perdición en los últimos tiempos. ¡Anota esto bien! El hijo de perdición que traicionó al Señor por treinta piezas de plata no era un enemigo, era aquel a quien Jesús llamaba amigo. No es ninguna coincidencia que tuviera la bolsa y que con frecuencia metiera la mano en ella para su uso propio.
Estaba entre los escogidos los que caminaron, comieron y se sentaron a los pies de Jesús durante tres años. Y sin embargo, hizo un pacto con los asesinos del Ungido por un precio, bajo la influencia del espíritu del anticristo.

De la misma forma que los hijos de perdición de hoy día venden al cuerpo de Cristo por precio y hacen mercadería de los santos, la escritura vuelve a cumplirse. Jesús dijo, “Lo que hacéis al más pequeño de estos, a Mí me lo hacéis”. Recuerda, esta gran ramera y sus hijas comercian “en los cuerpos y almas de los hombres” (Apocalipsis 18:13).
Harán mercadería de Vosotros - Davis y Clark.

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"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"

Matthew Henry