Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


5 de junio de 2012

EL GOBIERNO DE DIOS


Javier Vargas

En el momento que escribo estas líneas, Colombia vive un estado de confusión demasiado grande, al cual, no se puede llegar sino después de haber nacido y vivido por años con la misma mentira: políticos e instituciones corruptas, alzados en armas y narcotráfico; 40 años de guerra interna (toda una generación que solo conoce el estado de guerra); el gobierno, las ramas del poder público y sus opositores se dan dedo entre ellos mismos cual trifulca callejera; los presupuestos están desfalcados y los potenciales responsables tienen la conciencia dizque limpia y esperan el pronunciamiento de la justicia, ya que son muy devotos a las instituciones; la iglesia Romana, bastante culpable de lo que sucede, es dizque llamada a mediar en el conflicto, y para ello, usa un lenguaje parecido al de los manzanillos; gran parte de la iglesia evangélica está más preocupada por los bienes terrenales que por hacer lo que le corresponde; el sistema judicial es una cloaca de impunidad, los más grandes delincuentes posan en cárceles de máxima comodidad; el ejercito y la policía tienen asegurada su presa en este maravilloso ajiaco; la radio, en muy buena parte, está dominada por los hechiceros; la televisión, es un medio donde lo que se observa, es la línea que tienen los dueños, todo ello, en medio de una aglomeración de telenovelas, noticieros, realitys y frivolidad convertida en programas; el sistema financiero, enriqueciéndose brutalmente, factura hasta el más mínimo derecho que tiene un cliente, como por ejemplo, pedir información de su saldo; las empresas de servicios públicos atropellan a los usuarios con tarifas excesivas, y se han convertido además, en vendedores y cobradores de electrodomésticos (eso si, estén tranquilos, que estamos vigilados con la superintendencia de servicios públicos); y las multinacionales, que colocan palo en la rueda, solo saben descremar y re-descremar en un mercado sin límite.  

Sabemos que la olla es más putrefacta que lo aquí descrito, pero no vale la pena mirar el fondo ya que lo más triste de todo este panorama de confusión, es ver cómo el poder logró contagiar y llevar a un clímax de delirio a las grandes masas, quienes buscan refugio en las fauces de una minoría que gobierna y se corona sobre un pueblo al que solo busca y escucha en elecciones.

LA DESAPARICIÓN DEL NOMBRE


Javier Vargas

Le puedo decir que todo lo acá escrito es primeramente para mí, además viene siendo una vivencia en medio de nosotros, así como en medio muchos otros miembros de su cuerpo por todo el mundo que han renunciado a los nombres propios.

Mateo 16:16-18

"...y sobre esta roca (Cristo, El Hijo del Dios viviente, Mateo 16:16) edificaré mi iglesia (El mismo lo hará, a ningún hombre le fue delegado ese trabajo, ni aún al más famoso y poderoso cristiano), y las puertas del hades no prevalecerán contra ella (si es edificada por Cristo, pero prevalecerán en aquellas iglesias que son edificadas por hombres y por esas puertas entrarán las doctrinas del anticristo)."

Salmos 127:1

“Si Jehová no edificare la casa (la iglesia), en vano trabajan los que la edifican…” Jesús mismo edificará su iglesia, únicamente El con su presencia, con su gobierno y con su palabra. Mas hoy el Señor ve en medio de la iglesia ministerios con nombres de hombre, y los ministerios con nombres de hombre no son nada más que las obras de sus manos, no son más que el esfuerzo del hombre por pretender hacer la obra de Dios. 

Qué pronto los estrados y los atriles se convirtieron en lo mismo que son para el mundo y la religión: los altares del ego, las plataformas para controlar y para levantar el nombre humano en lo alto.

Pareciera que el hombre estuviera diciendo: “mírenme a mí, miren cuan santo y puro soy, alábenme, no se para que buscan un Salvador o un Señor si yo soy suficiente para ustedes”, escondido obviamente tras grandes oratorias religiosas y humanistas y tras falsas apariencias de humildad, cuando los hechos y los frutos de sus vivencias no solo son considerablemente mundanos, sino que además, niegan categóricamente la doctrina de Cristo y su camino de cruz. 

EL EDIFICADOR DE UN IMPERIO PARA DIOS



Leonard Ravenhill

Si Saulo hubiese encontrado un buen predicador y oído un buen sermón en el camino de Damasco, puede que lo hubiera olvidado pronto. Pero encontró a Cristo. (Se puede evitar a los predicadores y los sermones, pero nadie puede escapar de Cristo.) Desde aquel día la filosofía de la vida de Pablo halló a aquel que es la Vida misma. Este zelote, que vomitaba fuego contra los cristianos, halló al Señor, que le bautizó con fuego, y, como resultado del cambio que se operó en el joven Saulo, la civilización de sus días cambió de rumbo. (¡Oh, si quisieras hacer lo mismo, Señor, hoy día!) Pero notad que el que era a sus propios ojos un fariseo intachable, fiel guardador de la ley, empezó a llamarse el primero de los pecadores a los ojos de Dios. No es extraño, pues él era para la recién nacida Iglesia cristiana lo que Herodes a los recién nacidos de Belén y a Cristo niño.

El hombre que ha tenido una experiencia de Dios nunca depende de argumentos o experiencias de otros. Lo que cuesta es lo que se aprecia. Pablo no hizo un experimento, sino una experiencia. Su encuentro con el Santo de los santos, aquel día, no sólo fue aterrorizador, sino transformador. Tuvo una visión del Señor que le dejó ciego (una luz más brillante que la del sol al mediodía). Desde entonces, Pablo, aunque recobró la vista física, quedó ciego a los honores y glorias humanas.

(«No me honrarán a mí los que no te honran a ti», dijo F. B. H. Meyer.) Su encuentro con Cristo quitó repentinamente a Saulo su sueño de dominio intelectual y empezó a viajar como un mendigo de Cristo. No sin antes haber tenido una nueva experiencia con Dios en el desierto de Arabia (acerca de la cual no se atrevía a hablar).

Y, de alguna manera, este edificador de imperios para Cristo, con su colosal intelecto y sus notables títulos, aceptó al Señor, no sólo como sustitución de lo antiguo, sino para identificarse con El. «Yo morí» (en El). Esta es su declaración (que todos hacemos de labios). Pero Pablo afirma triunfalmente: «Y ahora vive El en mí.» Piénsalo bien.

Si hicieras una declaración como ésta, ¿no se burlarían de ti los amigos? Pero este nuevo Sansón arrancó con goznes y todo las macizas puertas de la Historia y, como en, el antiguo mito griego, cambió el curso de los ríos para limpiar los establos de la corrupción del mundo antiguo. ¡Bendito hombre de Dios!

Habiendo hallado la paz con Dios, Pablo declaró la guerra a todo lo que no es de Dios. Cautivó la «inteligencia», de los atenienses con los dulces sones de la lira del Evangelio y terminó su concierto haciendo sonar la aguda  trompeta de la resurrección y del juicio.

EL TESTIMONIO DEL ESPIRITU


John Wesley

DISCURSO I

Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espí­ritu que somos hijos de Dios (Romanos 8: 16).

1. ¡Cuántos hombres vanos, sin entender lo que dicen ni saber lo que afirman, han torcido el sentido de este pasaje de las Sagradas Escrituras, con gran pérdida y peligro de sus almas! ¡Cuántos han tomado la voz de su imaginación por el testimonio del Espíritu de Dios creyendo vanamente que eran los hijos de Dios al mismo tiempo que hacían las obras del demonio! Estos son verdaderos fanáticos en el más lato sen­tido de la palabra y qué trabajo cuesta persuadirlos, especial­mente si están aferrados en este nefando error. Considerarán todos los esfuerzos que se hicieren por sacarlos de ese error, como tentaciones del demonio que lucha en contra de Dios. Esa vehemencia e impetuosidad de espíritu que se complacen en llamar: contención eficaz por la fe, los afirma en su per­suasión a tal grado que nos vemos obligados a decir: el con­vencerlos es cosa imposible para con los hombres.

2. No es nada extraño por consiguiente, que muchos hombres razonables, al ver los terribles resultados de este engaño y al tratar de no ser sus víctimas, caigan algunas ve­ces en el error opuesto; que no den crédito a los que dicen te­ner este testimonio, viendo que otros han errado tan crasa­mente; que califiquen de fanáticos a todos los que usan estas palabras, de algunos tan abusadas; que crean que todos los que se llaman cristianos tienen este testimonio como cualquier otro don, y que no es un don extraordinario, peculiar de la era apostólica como habían creído.

3. Pero ¿estamos obligados a aceptar uno de estos dos extremos? ¿No podemos tomar un término medio y caminar a una distancia conveniente de ese espíritu de error y fana­tismo, sin negar, por otra parte, que existe ese don de Dios y sin dejar de gozar del privilegio de ser hijos del Altísimo? Indudablemente que podemos aceptar ese medio y, a ese fin, pasemos a considerar, en la presencia y en el temor de Dios:

Primero. El testimonio de nuestro espíritu, el testimo­nio del Espíritu de Dios, y de qué manera “da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”

Segundo. La diferencia clara y palpable que debemos hacer entre el testimonio unido del Espíritu de Dios y nues­tro espíritu por una parte, y la presunción de la mente natu­ral y el engaño del diablo por otra.

EL CONFLICTO ENTRE LOS DOS HIJOS


Davis y Clark

Así que la ley, que produce fruto para muerte, falló al criterio principal para la justicia—vida. “Si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.” (Gálatas 3:21). La ley no puede conferir vida. Este es el fallo principal. No puede impartir gracia y verdad. Si pudiera… “entonces Cristo murió en vano” (Gálatas 3:21). En crudo contraste, Juan escribía de Jesús, “en ÉL estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”.

La justicia de Dios viene por la fidelidad de Jesucristo, inherente en Su vida misma aparte de la ley. Esta justicia jamás es inherentemente nuestra. Porque el judío y el gentil, ambos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios. No hay justo, ni aún uno solo. Todos son justificados por la gracia que viene por la redención que hay para siempre en Cristo Jesús. Sólo Él es lleno de gracia y de verdad. Dios demuestra Su justicia en esto. Demuestra que Él es justo al justificar a los que creen Su Hijo por la fe solamente.

Los legalistas de los días de Pablo vieron esto como una obra completamente ilegal, porque la ley demandaba la circuncisión antes de poder ser tenido por justo y aceptado en la mancomunidad del pueblo escogido de Dios. Si Dios hubiera de justificar a los gentiles solo por la fe, Él rompería Su propia ley o al menos, eso es lo que parecía a los judaizantes de la iglesia de Jerusalén. De manera que se dispusieron a armonizar ambas, y terminaron desarrollando una doctrina más equilibrada: “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.” (Hechos 1:15).

Jesús advirtió a los discípulos que se guardaran de la levadura de los fariseos. Después de Su resurrección, la institución judía y los ejecutores de la ley hicieron incursiones en la iglesia infante en la misma ciudad donde Le habían matado (lee Hechos 6:7 y 21:20). En Hechos leemos que un poquito de levadura comenzó a leudar toda la masa. Hasta el mismo Pedro fue atrapado en esto y luego tuvo que arrepentirse. Los legalistas se convirtieron en los grandes perseguidores y opositores del evangelio de gracia de Pablo.

GLOBALIZACION


Javier Vargas

Dos reinos en conflicto: Antesala del fin.

Estamos llegando al tiempo en que los gobiernos humanos no podrán seguir resistiendo el establecimiento del gobierno de Dios, que va a ser claramente visible a los ojos de los hombres, no sin antes mostrar la devastación que va a dejar un mundo coligado, que al final de los tiempos se va a valer de una plataforma GLOBALIZADA para poder influenciar toda actividad del hombre, con el propósito de acabar lo que es connatural al hombre: el ejercicio del libre albedrío. El final del que venimos hablando, tiene que ver con lo que DIOS denomina como el "Día del Señor", o como el "Día grande y terrible"; es importante que el lector entienda que para DIOS un día es como mil años, y mil años como un día:

2 de Pedro 3:8 “Pero, amados, una cosa no paséis por alto: que delante del Señor un día es como mil años y mil años como un día.”

Este día es de capital importancia, pues todo lo que el hombre construyó en abierta rebeldía va a ser desmantelado para dar lugar al orden de Dios.

El nuevo orden mundial promovido por el hombre, se podría resumir como un sistema de gobierno que viene penetrando su doctrina principalmente en la economía, la política y la religión de las naciones del mundo, y para este propósito se ha creado una cantidad de instituciones supranacionales, que gozan de una legislación con ámbitos internacionales, alianzas en los gobiernos, sociedades ultra secretas (sin domicilio), control y manipulación de la información y sus medios.

El gobierno humano, que desde el principio se rebeló, ha utilizado hábilmente dos estrategias: el Relativismo y la Autodeterminación, que en estos tiempos es conocido como: La nueva era. La nueva era no tiene una cabeza única y visible, ni una sola declaración doctrinal, pues es un conjunto de creencias que se predican en todo el mundo sin pretender ser una religión; habla de la espiritualidad, entresacando lo que más le conviene y lo más aceptado de las religiones y se mezcla hábilmente con la ciencia y el arte, inclusive, apela a las escrituras para enseñar cosas totalmente anticristianas.

EL ESPIRITU DE SERVIDUMBRE Y EL ESPIRITU DE ADOPCION


John Wesley

Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre pa­ra estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre (Romanos 8:15).

1.    El apóstol Pablo se dirige a los que por medio de la fe son hijos de Dios, y les dice: Vosotros que sois sus hijos, habéis recibido el Espíritu; mas no el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor, sino que por la misma razón de que sois hijos de Dios, el Altísimo derramó el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones y “habéis recibido el espíritu de adopción por el cual clamamos Abba, Padre.”

2.    Muy lejos está el espíritu de servidumbre y temor de este espíritu amante de adopción. A los que están bajo la in­fluencia de este temor servil, no se les puede llamar “hijos de Dios;” si bien algunos de ellos son siervos que no están “lejos del reino de Dios.”

3.    Se puede y debe con razón temer que la gran parte del género humano que se llama mundo cristiano no haya lle­gado ni siquiera a este estado, sino que esté muy distante de Dios y no tenga a Dios en todos sus pensamientos. Podrán darse unos cuantos nombres de los que aman a Dios; unos cuantos más de los que le temen; pero la gran mayoría de los hombres ni temen a Dios ni lo aman en sus corazones.

4.    Tal vez muchos de vosotros quienes, por la miseri­cordia de Dios, estáis en la actualidad bajo la influencia de un espíritu mejor, recordáis la época cuando estabais en el mismo caso en que ahora se encuentran aquéllos, justamen­te bajo la misma condenación sin temor ni amor. Al princi­pio no lo sabíais, si bien caminabais diariamente en vuestros pecados, hasta que, a debido tiempo, “habéis recibido el es­píritu de temor” (habéis recibido, porque también este es un don de Dios); y después el temor desapareció y el espíritu de amor llenó vuestros corazones.

5.  A una persona que se encuentra en la primera de es. las condiciones, se le llama en las Sagradas Escrituras “hombre natural;” de los que se encuentran bajo el espíritu de servi­dumbre y temor se dice que están “bajo la ley” (si bien esa expresión se refiere con mayor frecuencia a los que esta­ban bajo la dispensación judaica, o se creían obligados a ob­servar los ritos y ceremonias de la ley judaica); pero del que ha dejado el espíritu de temor y ha recibido el espíritu de amor se dice que está “bajo la gracia.”

EL REINO DEL MUNDO Y EL REINO DE DIOS


Javier Vargas

Dios es un Dios que no tiene horario, es un Dios que no podemos formatear, es un Dios que no podemos encajar, es un Dios al que no podemos condicionar para que se manifieste a través de estructuras, estrategias o moldes; pues el hombre todo lo ha hecho según parámetros, según fechas, según calendario, y su mentalidad está puesta en el tiempo y según el mundo.

Pero la manifestación de la presencia de Cristo viene cuando Él quiere y no hay de que temer cuando venga y estemos en su reposo, porque gran victoria hay en su tiempo de reposo; el control lo tiene el Señor Jesús, Él es el gran Yo Soy, el gran Sumo Sacerdote, y nosotros seremos sacerdotes si permitimos que Cristo sea nuestra cabeza, Cristo es quien va a levantar su sacerdocio.

Por lo tanto, hay que desechar cuanto antes y sin miedo, como un paso hacia la madurez espiritual, esa importante plataforma para operar que tiene el espíritu del anticristo, la cual consiste en que cuando nos congreguemos tengamos una metodología, una manera de hacerlo, una estrategia, un molde o una estructura; Jesús es la cabeza y sabe qué va a hacer.

Toda esta manera de pensar fue heredada y aprendida dentro de los muros espirituales de babilonia que estructuró todas las religiones del mundo, y que además, ha fornicado (se ha mezclado) con todos los reyes del mundo.

Lo mismo pasa con la predicación, hay dos reinos que se predican en medio de su iglesia, el reino del mundo (aparentemente hermoso por fuera), predicado por los anticristos en sus pareceres, doctrinas y ambición; y el reino de Dios, predicado por los sacerdotes que han renunciado a toda palabra propia, a toda interpretación propia, a toda estrategia, a todo método y a toda estructura mundana y religiosa. El reino del mundo (y el misterio de la iniquidad) es bello a los ojos, es encantador, es seductor, es tan hermoso como lo es su reina, babilonia la grande, por eso nos deleita tan enormemente, el problema es que es efímero y conduce a muerte.

SE NECESITA UN PROFETA PARA PREDICAR A LOS PREDICADORES


Leonard Ravenhill

Tratar de medir el sol con un metro sería menos difícil que tratar de medir a Juan el Bautista con nuestras medidas modernas de espiritualidad. El ansioso padre que recibió la profecía de su nacimiento escuchó de boca del ángel: «Muchos se regocijarán de su nacimiento, porque será grande delante de Dios.»

Hoy día prodigamos mucho la palabra grande, pues, confundimos prominencia por eminencia. En aquel día Dios no necesitaba un sacerdote ni un predicador, sino un hombre. Había muchos hombres en aquellos días, como los hay al presente, pero todos eran demasiado pequeños.

Dios necesitaba un gran hombre para una gran empresa. Probablemente Juan el Bautista no tenía aptitudes para el sacerdocio, pero tenía todas las cualidades para ser un profeta. Antes de su venida habían pasado cuatrocientos años de oscuridad, sin un rayo de luz profética; cuatrocientos años de silencio, sin un «así dice el Señor».

Cuatrocientos años de deterioración progresiva en las cosas espirituales, derramando ríos de sangre de animales para expiación de los pecados y con un sacerdocio bien pagado como mediador, Israel, la nación favorecida dé Dios, estaba bien provista de ceremonias, sacrificios y circuncisión.

Pero lo que un ejército de sacerdotes no pudo hacer en cuatrocientos años lo hizo un «hombre enviado de Dios»: Juan el Bautista, un hombre preparado por Dios, lleno de Dios y ardiente para Dios; y lo hizo en seis meses.

Comparto la opinión de E. M. Bounds de que Dios requiere veinte años para preparar a un buen predicador. La educación de Juan el Bautista tuvo lugar en la universidad divina del silencio; Dios lleva a todos sus grandes hombres a una universidad así. Aun cuando Pablo, el orgulloso fariseo guardador de la ley, poseía un intelecto colosal y buenos títulos de la Escuela Rabínica de Jerusalén, cuando Cristo cambió su rumbo en el camino de Damasco, necesitó llevarlo tres años a Arabia, para vaciarle de sus prejuicios y educarle, antes de que pudiera decir: «Dios reveló a su Hijo en mí.» Dios puede llenar en un momento lo que tarda años en vaciarse. ¡Aleluya!

Jesús dijo «id», pero también dijo «esperad». Que algún hombre se encierre por una semana, sin otra comida que pan y agua, ni otros libros sino la Biblia, ni otro visitante excepto el Espíritu Santo, y os garantizo, hermanos predicadores, que este hombre, o quebrantará su propósito o quebrantará los corazones. Después de esto, a semejanza de Pablo, hará sentir su influencia en el infierno.

LOS PRIMEROS FRUTOS DEL ESPIRITU


John Wesley

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al Espíritu (Romanos 8:1).

1.   Con las palabras: “los que están en Cristo Jesús,” in­dudablemente se refiere el Apóstol a los que creen con sin­ceridad; los que justificados por la fe “tienen paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Los que de tal manera creen, ya no andan “conforme a la carne,” no siguen los movimientos de su naturaleza corrompida, sino que an­dan conforme al Espíritu: de modo que sus pensamientos, pa­labras y obras están bajo la dirección del Espíritu Santo.

2.    “Ahora pues, ninguna condenación hay para” éstos. Ninguna condenación por parte de Dios; porque El los ha justificado “por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús.” El ha perdonado todas sus iniquidades y borrado to­das sus transgresiones. No hay condenación para ellos por parte de su conciencia, porque no han recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcan lo que Dios les ha dado (I Corintios 2:12), el cual Espíritu da testimonio a su espíritu de que son “hijos de Dios.” A esto se añade el testimonio de su conciencia, “que con simplicidad y sinceridad de Dios, no con sabiduría carnal, mas con la gracia de Dios,” han “conversado en el mundo” (II Corintios 1:12).

3.    Pero siendo que muchos han entendido mal esta Es­critura, y a veces de una manera tan peligrosa; siendo que hay infinidad de hombres “indoctos e inconstantes,” (hombres que no han sido enseñados de Dios), quienes, por consiguiente, no están firmes en la verdad, que es la santidad, y la han tor­cido para perdición de sí mismos; me propongo demostrar, lo más claramente que pueda, primero: quiénes son “los que están en Cristo Jesús, que no andan conforme a la carne, mas conforme al Espíritu,” y en segundo lugar, cómo no hay “con­denación” para éstos. Concluiré con algunas deducciones prác­ticas.

1.   1. Primeramente, ¿quiénes son los que están en Cris­to Jesús? ¿No son los que creen en su nombre, los que son hallados en El, no teniendo su justicia que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo? Los que han alcanzado la reden­ción “por su sangre,” son los que, hablando propiamente, se hallan en El, porque moran en Cristo y Cristo mora en ellos. Están unidos al Señor por medio de un mismo Espíritu. Han sido injertados en El como las ramas a la vid; están unidos co­mo los miembros a la cabeza, de tal manera que las palabras no llegan a expresar; y que sus corazones, antes de ser rege­nerados, no podían ni siquiera concebir.

2.   “Cualquiera que permanece en él, no peca;” no anda según “la carne;” la que, en el lenguaje de Pablo significa la naturaleza corrompida. En este sentido usa la palabra cuan­do escribe a los gálatas: “manifiestas son las obras de la car­ne” (Gálatas 5: 19), y en el verso 16, “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.” Para probar lo cual, es decir: que los que andan en el Espíritu no satisfacen “la concupiscencia de la carne,” añade inmediatamente: “por­que la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una a la otra, para que no hagáis lo que quisiereis.”

2 de junio de 2012

DEMOCRACIA Y CORRUPCION


Javier Vargas

Para la sociedad de nuestra época, la democracia se ha convertido prácticamente en una religión civil, siendo defendida esta forma de gobierno humano como algo sublime, casi sacro. Desde los orígenes de los pueblos, los hombres siempre han aguardado por el surgimiento de un líder que pueda garantizar armonía y bienestar económico.

Con el paso de la historia llegamos a esta forma de gobierno el cual pareciera que brindara una libertad y unos derechos que antes no se tuvieron, entre ellos, la supuesta participación del pueblo en las decisiones que cuando se lleva a la práctica, casi todas las veces, la suma aritmética de estas voluntades, engendra la determinación más inconveniente para la mayoría de los ciudadanos. La suma de estas voluntades se vuelve en la práctica una colcha de asuntos contradictorios y de puja de intereses a todo nivel, en donde solo triunfan los más hábiles dejando a su paso sociedades enfermas.4

Proverbios 28:2 “Por la rebelión de la tierra sus príncipes son muchos; mas por el hombre entendido y sabio permanecerá estable.”

4 Según algunos estudios de pedagogía y liderazgo realizado con niños, los mejores líderes de las sociedades no son los más inteligentes, sino los que mejor saben mentir.
La Biblia muestra que el hecho de que muchos gobiernen (aspecto fundamental de las democracias modernas), es el resultado de la rebelión del pueblo contra Dios; nunca fue su voluntad que existieran tantas cabezas tomando decisiones, y mucho menos, que se consultara al pueblo. Para mí, es como si la junta de médicos esperase a que los pacientes determinen qué tipo de operación seguir o qué prescripción médica tomar. Para Dios las cosas funcionan de esta manera: si las gentes son limpias y hacen lo recto a sus ojos El permite que gobierne el justo y honesto, si este se tuerce, Dios mismo se encarga de sacarlo.
Pero si las gentes son torcidas y no se arrepienten, de la misma manera levanta un líder que atribula a la nación y todo se convierte en caos. El hombre moderno ingenuamente piensa que Dios no interviene en el destino político de las naciones, aunque la realidad es bien diferente; Dios tiene que intervenir, pues, El no es irresponsable como para dejar a las naciones al garete, El guía a la humanidad a un tiempo en el que va a haber conciencia en los hombres, acerca de que gobernar, excedía la capacidad humana.

LOS QUE HABÉIS SIDO BAUTIZADOS EN CRISTO, DE CRISTO ESTÁIS VESTIDOS


 Anónimo
El bautismo significa sumergir, en este caso ser sumergidos en Cristo, en Su naturaleza; no se trata de un rito para seguir en nuestra propia voluntad. Juan el bautista dijo:
Mat 3:11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras de mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Es Cristo mismo quien nos concede el verdadero bautismo en Su Espíritu y en fuego. En Su Espíritu, para ser controlados por él, y en fuego, para quitar toda escoria e impureza de nosotros.
Notemos como si somos participantes del bautismo en Cristo, estamos entonces vestidos de él. Y el vestido nos habla de cubierta, de tapar nuestra desnudez.
Es decir, la única forma de estar verdaderamente cubiertos, es participando del bautismo en Cristo.
Luc 12:50 Pero de un bautismo me es necesario ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!
Recordemos la petición de la madre de los hijos de Zebedeo al Señor: Que uno de sus hijos se sentará a Su derecha y el otro a Su izquierda en Su reino. ¿Que respondió Cristo? ¿Podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo con que yo soy bautizado?
De nuevo se nos enseña que para participar de Su reino debemos participar de Su bautismo. Miremos lo que nos dice el libro de los Romanos:
Rom 6:3 ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en el Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?
Rom 6:4 Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como el Cristo resucitó de los muertos a gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
Rom 6:5 Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, también lo seremos a la de su resurrección;
Rom 6:6 convencidos que nuestro viejo hombre juntamente fue colgado en el madero con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado.

LA RENDICIÓN DE NUESTRAS OBRAS


Javier Vargas

Definitivamente la victoria está en Cristo, esto es cuando se hace viva en nuestro corazón la completa e incondicional rendición del yo, cuando mi propio gobierno se rinde a los pies del gobierno de Cristo, tal como quedó testimoniado en las escrituras cuando al mismo Señor Jesús estando en la cruz (negado a si mismo), lo instaban a que se bajara y se salvara a si mismo, en su propia fuerza y poder:

Lucas 23:35-39

“Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes (representando el gobierno humano o propio) se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. Los soldados (representando a quienes luchan en sus propias fuerzas) también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había también sobre él un título escrito con letras griegas (lengua del mundo), latinas (lengua de satanás en el mundo) y hebreas (lengua de Dios en la tierra): Este es el Rey de los Judíos.

Y uno de los malhechores (de su propio pueblo) que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.”

Por ello se mencionó anteriormente, que la principal obra de Cristo fue negarse a si mismo, a pesar de que pudo hacerlo en su gran poder y autoridad, Él se negó a bajarse de esa cruz para salvarse a si mismo o para hacer su propia obra y no la de su Padre, Dios, (la cruz de la negación de si mismo), porque su voluntad estaba en la voluntad de su Padre, por eso obedeció y así fue hecha la voluntad de Dios, dándose la victoria más grande de toda la creación. 

Otro caso que también nos confirma la necesidad de la rendición de nuestro yo, lo vivió cierta vez Moisés, en medio de una batalla contra un pueblo enemigo:

EL CAMINO DEL REINO


John Wesley

El reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evan­gelio (Marcos 1:15).

Estas palabras naturalmente nos inducen a considerar: primero, la naturaleza de la verdadera religión que el Señor llama: “el reino de Dios,” que según lo que dijo, “está cer­ca;” y en segundo lugar, el camino que El mismo señala con estas palabras: “Arrepentíos, y creed al evangelio.”

I.  1. Debemos considerar en primer lugar, la natura­leza de la verdadera religión que el Señor llama: “el reino de Dios.” El apóstol usa de la misma expresión en la Epístola a los Romanos, donde explica las palabras del Señor, diciendo: “Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo por el Espíritu Santo” (Romanos 14: 17).

2. El reino de Dios o sea la verdadera religión “no es comida ni bebida.” Cosa bien sabida es que no sólo los judíos inconversos sino también un gran número de los que habían aceptado la fe en Cristo, eran, sin embargo, “celadores de la ley” (Hechos 21:20), de la ley ceremonial de Moisés. Por con­siguiente, no sólo observaban todo lo que encontraron escrito respecto a los holocaustos de comida y bebida, o las diferen­cias entre las cosas limpias y las inmundas, sino que exigían dicha observancia por parte de los gentiles que “se habían convertido a Dios” y esto a tal grado, que algunos de ellos en­señaban a los que se convertían que “si no os circuncidáis con­forme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (Hechos 15: 1, 24).

3. En oposición a esto declara el apóstol, aquí y en otros lugares, que la verdadera religión no consiste “en co­mida ni bebida,” en observancias del ritual, ni en ninguna cosa exterior; la sustancia de la verdadera religión consiste: “en justicia, paz y gozo por el Espíritu Santo.”

4.   Ni en ninguna cosa exterior como formas o ceremo­nias, aun las más excelentes. Aun suponiendo que sean suma­mente dignas y significativas, que sean expresiones de las cosas de que son emblemáticas, no sólo para el vulgo, cuya inteligencia no alcanza más allá de lo que ven; sino pa­ra hombres de inteligencia y capacidad, como, sin duda, hay muchos. Más aún: suponiendo que dichas ceremonias hayan sido instituidas por Dios, como en el caso de los judíos, duran­te el período cuando esas leyes eran vigentes, la verdadera religión, hablando rigurosamente, no consiste en observar­las. Cuánto más cierto debe ser esto con respecto a los ritos y las formas de origen meramente humano. La religión de Jesucristo es mucho más elevada y profunda que todas las ceremonias. Estas son buenas en su lugar mientras permane­cen subordinadas a la verdadera religión; el oponerse a ellas— mientras se usen sólo para ayudar a la debilidad humana— sería una superstición. Que nadie se propase en el uso de las ceremonias, sueñe con su valor intrínseco ni crea que son esen­ciales a la verdadera religión; esto sería hacerlas abominables en la presencia del Señor.

LA IGLESIA PRODIGA EN UN MUNDO PRODIGO


Leonard Ravenhill

Una mirada a la Iglesia hoy día nos hace pensar cuánto tardará un Dios santo en cumplir su amenaza de vomitar esta Laodicea de su boca, pues si en algo están de acuerdo los comentadores del Apocalipsis es que nos hallamos en la edad de Laodicea en cuanto a la Iglesia.

Sin embargo, aun cuando pende sobre nuestras cabezas la espada de Damocles del rechazamiento, los creyentes somos endebles, perezosos, amantes de los placeres, sin amor, y faltos en el más amplio sentido.

Aun cuando nuestro misericordioso Dios perdonará nuestros pecados, limpiará nuestra iniquidad y se apiadará de nuestra ignorancia, nuestros corazones tibios son una abominación a su vista. Debemos ser fríos o calientes, ardientes o helados. Dios aborrece la falta de calor y de amor.

Cristo es ahora «herido en la casa de sus amigos». El santo Libro del Dios viviente sufre más ahora de sus expositores que de sus opositores.

Somos descuidados en el uso de frases escriturales, parciales al interpretarlas y perezosos hasta la impotencia para apropiarnos sus inconmensurables riquezas. El señor predicador derramará elocuencia y fervor hablando de las excelencias de la Biblia y de su valor como Palabra de Dios; sin embargo, pocos momentos después empezará con calma mortal a racionalizar la misma Palabra inspirada, negando autenticidad a sus milagros y declarando con tono infalible: «Este texto no es para nosotros hoy día.» Así la fe ardiente del nuevo creyente es apagada con el agua fría de la incredulidad del predicador.

Sólo la Iglesia puede «poner límites al santo de Israel» y hoy día lo hace con extraordinaria habilidad. Si hay grados en la muerte, entonces la peor muerte que conozco es predicar acerca del Espíritu Santo sin la unción del Espíritu Santo.

Al orar asumimos la imperdonable arrogancia de clamar que venga el Espíritu Santo con su gracia, pero no con sus dones.

Hoy es el día de la restricción y relegación del Espíritu Santo, aun en círculos fundamentalistas. Necesitamos decir que queremos el cumplimiento pleno de Joel 2. Clamamos: «Señor, derrama tu Espíritu sobre toda carne», pero añadimos —si no en palabras, en intención secreta—: «pero no hagas que nuestras hijas profeticen y que nuestros hijos vean visiones».

PREGUNTAS DIFICILES DE LA LEY


Davis y Clark

En cuanto nos atrevemos a sacar el hecho de que ya no estamos más bajo la ley del Antiguo Testamento, el griterío de los que han puesto su identidad en el cumplimiento de la ley aumenta hasta convertirse en un estruendo ensordecedor. Siempre están prestos a citar las palabras de Jesús a los judíos,

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (Mateo 5:17-19).

Echemos un vistazo a las dos palabras griegas traducidas como cumplir y cumplido.

Cumplir – pleroo pleroo {ple-r’o}

1)    Llenar, rellenar, esto es, llenar hasta lo máximo.

2)    Completar

a)    Llenar hasta el borde de manera que no haya nada con falta, rebosar

b)   Consumar

1)    completar en cada aspecto, perfeccionar

2)    Llevar a un fin, cumplir, desarrollar, emprender

c)    Llevar a efecto, hacer realidad, cumplir

Cumplido – ginomai ginomai {gin-omai}

1)    Ser, llegar a existir, comenzar a ser, recibir ser

2)    Ser hecho, acabado

LA JUSTICIA POR LA FE


John Wesley

Porque Moisés describe la justicia que es por la ley: Que el hombre que hiciere estas cosas, vivirá por ellas. Mas la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo). O ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos). Mas, ¿qué? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos (Ro­manos 10:5-8).

1.    El Apóstol no contrapone el pacto dado por Moisés al que Cristo dio. Si alguna vez nos hemos figurado semejante cosa, ha sido por falta de meditación, pues tanto la primera como la última parte de estas palabras fueron dichas por Moi­sés al pueblo de Israel respecto al pacto que existía en aquel tiempo (Deuteronomio 30:11, 12, 14). Dios estableció el pac­to de la gracia con todos los hombres por medio de Jesucristo, tanto antes y bajo la dispensación judaica como después que Dios se manifestó en la carne, el cual pacto Pablo pone en contraste con el pacto de las buenas obras, hecho con Adán en el paraíso; pero que por lo general se supone, y especial­mente por los judíos de quienes el Apóstol escribe, que fue el único que Dios hizo con el hombre.

2.    Estos son de los que tan cariñosamente habla al prin­cipio de este capítulo. “Hermanos, ciertamente la voluntad de mi corazón y mi oración a Dios sobre Israel, es para salud. Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios,”—de la justificación que procede de su mera gracia y mise­ricordia, perdonando gratuitamente nuestros pecados por me­dio del Hijo de su amor, por medio de la redención que hay en Jesús—”y procurando establecer la suya propia”—su propia santidad anterior a la fe en Aquel que justifica al impío, co­mo la base de su perdón y aceptación—”no se han sujetado a la justicia de Dios” y, por consiguiente, sumergidos en el error de su vida, están en peligro de morir espiritualmente.

3.    Ignoraban que “el fin de la ley es Cristo, para justi­cia a todo aquel que cree;” que por medio de la oblación de sí mismo una vez ofrecida la primera ley o pacto—que en rea­lidad no fue dado por Dios a Moisés, sino a Adán en su estado de inocencia—era sin disminución alguna: “haz esto y vivi­rás.” Ignoraban también que Cristo al mismo tiempo obtu­vo para nosotros este pacto mucho mejor de: “Cree y vivi­rás,” cree y serás salvo, salvo en esta vida de la culpa y del poder del pecado, y por consiguiente, de sus consecuencias.

4.    ¡Cuántos hay que ignoran esto, aun entre aquellos que se llaman cristianos! ¡Cuántos hay que tienen “celo de Dios,” pero que aún procuran establecer su propia justicia como la base de su perdón y para ser aceptados, y que se re­husan con vehemencia a sujetarse a la justicia de Dios! Cier­tamente el deseo de mi corazón y mi oración a Dios, her­manos míos, es que seáis salvos. A fin de quitar de vuestro camino esta gran piedra de tropiezo, voy a procurar mostra­ros: primero, qué cosa es la justicia que es por la ley, y “la justicia que es por la fe.” Segundo: la torpeza de confiar en la justicia que es por la ley y la sabiduría de someterse a la justicia que es por la fe.

EL SACRAMENTO DE LA VIDA


A.W. Towzer.

Si pues, coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a la gloria de Dios. 1Corintios 10:31

Uno de los impedimentos más grandes que el cristiano encuentra en su búsqueda de paz interior, es su hábito de dividir la vida en dos áreas, la sagrada y la secular. Como estas dos áreas se conciben como para mantenerlas separadas, y ser incompatibles moral y espiritualmente, nos vemos obligados por las necesidades de la vida a entrecruzarlas continuamente. Y por eso vivimos desequilibrados y divididos en vez de hacerlo unidamente.

Nuestras dificultades comienzan, para nosotros los que seguimos a Cristo, en el hecho de que vivimos en dos mundos. Como hijos de Adán vivimos en la tierra sujetos a las limitaciones de la carne, y las enfermedades y flaquezas que son la herencia del pecado.

Para vivir entre los hombres se nos exige años de arduo trabajo y atención a las cosas de este mundo. En agudo contraste con esto tenemos la vida en el Espíritu. Con ella disfrutamos otra y muy alta clase de vida. Somos hijos de Dios. Poseemos naturaleza celestial y disfrutamos de comunión íntima con Cristo.

Esto tiende a dividir nuestra vida en dos departamentos. Casi sin quererlo reconocemos dos clases de acciones. Unas las hacemos con una especie de satisfacción, y con la seguridad de que con ellas estamos agradando a Dios. Son ellas la oración, la lectura de la Biblia, el canto de himnos, la asistencia a la iglesia y muchos otros actos relacionados con la fe. Estos se pueden reconocer porque no tienen ninguna relación directa con el mundo, y no tendrían razón de ser si la fe no nos mostrara otro mundo, "una casa no hecha de manos, eterna en los cielos!'

En contraste con estos actos sagrados están los actos seculares. Ellos incluyen todos los actos ordinarios de la vida, los cuales compartimos con los hijos e hijas de Adán: comer, dormir, trabajar, y en general todos los prosaicos menesteres de la diaria existencia. Muchas veces nos sentimos contrariados al hacerlos, y hasta le pedimos disculpas a Dios por tal pérdida de tiempo y de fuerza. Como resultado de esta actitud casi siempre estamos intranquilos. Vamos a nuestras tareas cotidianas con un sentido de frustración, y nos decimos pensativamente que hay un mejor día por venir, cuando seremos librados de esta envoltura material y ya no tendremos nada que ver con los asuntos de la tierra.

"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"

Matthew Henry