Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


18 de diciembre de 2011

LA IMPORTANCIA DE LA CRUZ


George Davis y Michael Clark

Hoy día el mensaje de la cruz no es menos despreciado por los hombres de lo que siempre lo ha sido. Las sociedades de Occidente siguen buscando sabiduría y los Judíos (el Este), siguen buscando señal. Ambas mitades del mundo han producido diversas religiones, pero todas tienen algo en común—no tienen un lugar de honra o de obediencia a la operación de la cruz de Jesucristo. Y sin embargo, sin ella no hay unidad ni obediencia a Dios ni a Su Espíritu. Los hombres buscarán sabiduría académica en seminarios, ofrecerán sus cuerpos para ser quemados por una causa, e incluso donarán grandes sumas de dinero a organizaciones caritativas. Se pondrán elocuentes sobre la muerte y resurrección de Jesús desde sus púlpitos, pero pocos abrazarán la cruz de ellos y Le seguirán.

Toda la creación revela el secreto de la vida. Puede verse en la más diminuta semilla. Una semilla tiene que morir antes de poder vivir. Antes de que un árbol o una planta viviente puedan germinar y crecer, la semilla primero tiene que caer en tierra y morir. Antes de que muchos árboles frutales que produzcan semillas puedan reproducirse, primero tendrán que pasar por un invierno en el que permanecerán dormidos. Si plantas un manzano en Florida, donde normalmente no hay heladas en invierno, producirá un gran follaje, pero no tendrá fruto.

Este principio de muerte se refleja en toda la creación, así como en cada página de las escrituras. Isaac, el hijo de la promesa, salió del vientre moribundo de Sara. Aunque Dios proveyó a Abraham con un sacrificio en lugar de Isaac, Él demandó en tipo que la simiente tenía que caer en tierra, morir antes de brotar y multiplicarse en número como las estrellas del cielo y los granos de arena del mar. Figuradamente, el sacrificio de su hijo Isaac era también un tipo del plan redentor de Dios que aún tenía que revelarse.

Otra vez más, Jonás estuvo en el vientre del pez durante tres días y noches. Jesús dijo que esto era una señal profética, la “señal de Jonás”, prediciendo Su muerte y resurrección para salvación. La obediencia de Jonás fue la salvación de Nínive, de la misma manera que la de Cristo fue la salvación del mundo.

Como en la naturaleza, así es en el Reino de Dios. El camino a la vida es por la muerte. Vemos una vívida imagen de esto cuando Israel cruzó el río Jordán para entrar en la tierra de la promesa. Josué puso doce rocas en medio del Río representando a las doce tribus de Israel. Como símbolo de bautismo para muerte y de vida de resurrección, enterraron sus corazones de piedra y dejaron el reproche de Egipto tras de sí para entrar en una nueva vida. (Lee Romanos 6:3-11 y Josué 4:9). En Oseas 6:2 también vemos este principio de muerte vencido por la vida. “Nos dará vida después de dos días. En el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.”

No hay nada que atrape más poderosamente este principio que la cruz. La cruz era un instrumento de muerte y de vergüenza. Fue rechazada por los judíos, en cuya ley estaba escrito, “Maldito todo aquel que cuelgue de un madero…” Hasta los romanos que amaban la brutalidad del coliseo aborrecían la sangre y vísceras de la cruz. Cicerón, el romano, escribió, “Que el mismo nombre de la cruz esté lejos no solo del cuerpo de un ciudadano romano, sino incluso de sus pensamientos, de sus ojos, de sus oídos.” La crucifixión estaba prohibida a los romanos porque era considerada “la muerte de un esclavo”—una descripción que ciertamente se adapta al servicio de Jesucristo, cuya vida entera estuvo al servicio de Su Maestro, el Padre.

A pesar del dolor, del sufrimiento y de la vergüenza abierta de la cruz, ésta sigue estando en el centro de todas las relaciones de Dios con los hombres. La palabra de la cruz era especialmente importante para los propósitos redentores de Dios. Tanto que Pablo dijo, “Porque la palabra (logos) de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se salvan, es decir, a nosotros, es el poder de Dios.” (1ª Corintios 1:18). La versión King James dice, “Porque la predicación (logos) de la cruz, es locura a los que se pierden, pero a nosotros que somos salvos, es el poder de Dios.”

Esto puede de alguna manera dar lugar a confusión porque la palabra griega logos es mucho más amplia en su alcance y significado de lo que conlleva la palabra predicación. Cuando oyes la palabra “predicación”, ¿Qué es lo que te viene a la mente? ¿Visualizas a un hombre detrás de un púlpito exponiendo la palabra escrita, y predicando de la cruz? Aunque la palabra griega logos significa “una palabra”, el énfasis no está en la expresión en sí misma, sino en el pensamiento interior, en la verdad o en la razón que hay tras la expresión. El logos de la cruz es la lógica o razón de la cruz. Pero aún más, el logos es el Pensamiento Divino, el principio celestial de la vida, el poder, el testimonio y el crecimiento en el Reino de Dios.

El prólogo del evangelio de Juan dice, “En el principio era el Verbo (logos).El Verbo (logos—no predicación) estaba con Dios y el Verbo (logos) era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Todas las cosas fueron hechas por Él y sin Él, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La Luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”(Juan 1:1-5). La traducción de la New American Standard del versículo en Primera de Corintios se acerca mucho, “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden, pero a nosotros que somos salvos, es el poder de Dios.”

El autor de Hebreos escribió: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2). Jesús es el Logos, la Palabra o el Pensamiento Divino. ¡Es la última y definitiva Palabra de Dios! Jesús es el resumen de Dios, incorporando la suma total de la sabiduría divina. Nos ha sido hecho sabiduría. Ejemplificó la lógica de Dios, y en lo que concierne a la cruz, cada palabra y cada acto de Cristo, revelaba su lógica—una lógica que desafía a toda lógica humana. Es una lógica que desafía a la muerte y al infierno mismos, rompiendo así el control de la sabiduría corrupta de Satanás (Ezequiel 28:17) sobre la humanidad. Convierte al sepulcro en la misma entrada a la victoria. “Oh, muerte, ¿Dónde tu aguijón? Oh, sepulcro, ¿Dónde tu victoria?” (1ª Cor. 15:55).

La importancia de la Cruz - George Davis y Michael Clark

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Matthew Henry