Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


15 de diciembre de 2011

LA CRUZ Y EL FRUTO


George Davis y Michael Clark

En Juan 12:20-28, leemos sobre ciertos griegos que vinieron a Felipe y le dijeron, “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe se lo dijo a Andrés, y juntos fueron y se lo dijeron a Jesús. No hay ninguna evidencia de que esos griegos vieran a Jesús aquel día. Aunque parezca un poco lejos del tópico, la respuesta de Jesús a la petición de esos gentiles nos da un entendimiento más profundo de la obra redentora de la cruz. “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.” (vs. 23). ¿De qué forma glorificó Dios a Su Hijo? ¿Cómo podía Dios hacer más glorioso o excelente de lo que ya era a Su Hijo, que era ya perfecto y sin pecado? ¿De qué manera se relaciona esto con la petición de los griegos, “Queremos ver a Jesús”?

Quizá, volviendo la vista hacia los campos de trigo maduro que se veían con tanta frecuencia por todo Israel, Jesús siguió explicando como Le vería el mundo de los gentiles. “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (v.24-25). El camino a la gloria no lleva por los montes de la ambición personal, de los hechos distinguidos en el campo de batalla, o por los picos altivos del rango de la nobleza y el estatus, sino que lleva por el valle de sombra de muerte. Ahí, los nobles, los sabios, los valientes, los débiles y los necios, tienen todos que morir la misma muerte.

Como en la naturaleza, a menos que el grano de trigo caiga en tierra y muera, queda solo. Así es con el camino a la vida y al fruto, y aún más, es el camino por el que Jesús puede ser visto. Jesús sabía que si nunca íbamos a la cruz y moríamos, Él se quedaría solo y los griegos, “las ovejas de otro redil que también deseaban verle…” nunca le verían. Verle y conocerle es conocerle completamente como la sabiduría de Dios, no como el hombre Jesús, o el “Hijo del Hombre”. Es conocerle como la luz y la vida del mundo, “la verdadera Luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”.

No es suficiente conocerle como el Hijo del Hombre según la carne (2ª Cor. 5:1), conocerle y creer en Él como en una gran figura histórica. Debemos verle y conocerle como el Hijo de Dios—el segundo Adán—el Espíritu dador de vida. ¡Hasta que Cristo la semilla no cayera en tierra y muriera, el mundo Gentil nunca vería ni conocería al Cristo glorificado!

¿Cómo vería a Cristo el mundo gentil? No había ni aún uno solo a los pies de la cruz. No había griegos en la tumba, de manera que… ¿Cómo podrían ver al Señor resucitado y glorificado si no a través de aquellos que Le habían seguido? Por esta razón Cristo volvió Su atención a los discípulos y les dijo, “seguidme…a vosotros os es dado que conozcáis los misterios del reino de los cielos…” ¿Sabían a donde los estaba llevando? ¿Sabían que la cruz les esperaba al final del camino en la vida, como la entrada al reino celestial? ¿Sabían que el camino a la gloria los iba a llevar a través de la vergonzosa muerte de la cruz?

Jesús continúa:
“Si alguno Me sirve, sígame. Donde Yo estoy, ahí estará también Mi servidor. Si alguno Me sirve, el Padre Le honrará. Ahora está turbada mi alma, y ¿qué diré? ¿”Padre, Sálvame de esta hora”? Pero por esto He venido yo. Padre, ¡glorifica tu nombre!”

Cuando Jesús dijo, “Si alguno Me sirve, sígame”, ¿A dónde quería él llegar? ¿A dónde iba? Cuando dijo, “Dónde Yo estoy, ahí estará también Mi servidor”, ¿Dónde estaría él y dónde se reunirían Sus siervos? La respuesta a todas estas preguntas es, en la cruz. La cruz era central en la misión de Cristo aquí en la tierra. “… Por esta causa he venido Yo en esta hora.” Jesús prometió que el Padre honraría a los que se reunieran dónde Él mismo estaba—en la cruz—y dónde Le servían.

Si alguno Me sirve, el Padre mismo Le honrará. Jesús continúa quitando toda duda sobre el lugar de su reunión. “Ahora está turbada mi alma. ¿Qué diré? ¿”Padre, sálvame de esta hora”? Pero por esta causa he venido Yo en esta hora. ¡Padre! ¡Glorifica Tu Nombre!” Entonces vino una voz del cielo diciendo, “Lo he glorificado y lo volveré a glorificar” (v. 26-28). La gloria con la que Cristo estaba preocupado no era la Suya sino la gloria del Padre, y esa gloria es vista en la Cruz. El Padre glorificó Su Nombre en la muerte obediente de Su Hijo Jesús, y lo ha glorificado y lo glorificará una y otra vez en el corazón obediente de Sus santos. Respecto de su fruto, Tertuliano dijo, “La sangre es la semilla de los mártires”.

La Cruz y el Fruto - George Davis y Michael Clark

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"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"

Matthew Henry