Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


18 de diciembre de 2011

LO QUE NOS FALTA


George Davis y Michael Clark

“Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” (Marcos 10:17-21)

Es muy fácil guardar ciertos mandamientos y aún así, no tener lo principal. Puede que no asesinemos, que no cometamos adulterio, robemos, demos falso testimonio o hagamos fraude, pero hay esa cosa que nos falta, el acto fanático de venderlo todo y de seguir a Cristo. ¿Nos abstenemos de todos los tabúes religiosos y sin embargo, nos falta aún esa cosa radical, esa actitud agresiva e imprudente del abandono? Como el joven rico, ¿nos jactamos de nuestra abstinencia religiosa mientras aún nos sigue faltando otra cosa? ¿Hemos ido más allá de las costumbres corrientes e instituciones hasta un seguimiento radical a nuestro Señor? ¿Lo hemos vendido todo? ¿Nos hemos negado a nosotros mismos? ¿Hemos tomado el camino que nos saca de la mediocridad cristiana, llevando su vituperio? (Hebreos 13:13).

¿Hemos tomado nuestra cruz? ¿Hemos salido a Él, que fue quien llevó nuestra vergüenza y nuestro dolor? ¿Le hemos seguido verdaderamente?
Al mirar a la cristiandad alrededor, con sus llamativas iglesias de muchos millones de dólares, y templos rodeados de brillantes coches nuevos cada domingo por la mañana, la respuesta es demasiado obvia. Hoy día la iglesia, teniendo más riquezas que nunca, gasta muy poco en los pobres y necesitados y en el avance del evangelio en tierras lejanas. Un día vivió como la viuda del templo que daba todo lo que tenía a Dios, pero ahora está en pie golpeándose el pecho como el egocéntrico fariseo justo, que daba gracias a Dios por no ser como uno de los más humildes.

¿Hemos salido ahí fuera, llevando nuestra cruz, al Gólgota, “El lugar de la Calavera?” ¿O estamos a gusto, dentro del campamento disfrutando de todas esas últimas y limpias galas cristianas, a leguas de su propia sangre y vísceras? ¿Cómo podemos llamarnos Discípulos de Cristo cuando fue Él quien dijo, “El que no lleve su propia cruz, y me siga, no puede ser mi discípulo”? (Lucas 14:27). No puede estar más claro que esto. Llevar la Cruz es el pre-requisito al discipulado. El Camino del Cristiano es el Camino de Cristo.

La Cruz y el Fruto - George Davis y Michael Clark

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"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"

Matthew Henry