Los Israelitas atravesaron el Jordán y se establecieron en la tierra prometida en su último campamento (Campamento No. 42) al final del éxodo, lo cual nos indica simbólicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra prometida y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.


19 de noviembre de 2011

CUANDO EL ESPIRITU DE VERDAD VENGA


George Davis y Michael Clark

En cierta ocasión, estando enseñando a Sus discípulos sobre este nuevo orden, Jesús dijo, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador (el Espíritu de verdad), para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). Después, Jesús siguió describiendo como el Espíritu estaría con ellos.

“El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (14:17). ¿Cómo podría venir y estar CON ellos cuando Él ya estaba viviendo con ellos? Venía una manifestación mayor del Espíritu, trayendo un conocimiento mayor de Jesús y del Padre. Él, el Espíritu de Verdad, estarían EN ellos para siempre.

Los dispensacionalistas quieren hacernos creer que esto fue algo solo temporal hasta la muerte de los apóstoles originales y el cierre del canon de las Escrituras. La razón más obvia para hacernos creer esto es que así justifican la condición desvalida de la Iglesia hoy día. El efecto más trágico es que los hombres, por precio, toman el lugar de Dios en las vidas de los demás como guías a la verdad.

Jesús continúa diciendo, “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” (Juan 14:18‐20).

Cuando el Consolador enviado por el Padre haga Su residencia EN nosotros y no antes, conoceremos experimentalmente que Jesús está EN el Padre, que Jesús está EN nosotros y que nosotros estamos EN Él. Si Jesús no está con nosotros de esta forma, no estamos viviendo la realidad del Nuevo Pacto.

Las últimas palabras de Jesús en el evangelio de Mateo son, “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). La promesa de Jesús, “No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros” es cumplida cuando el Espíritu, enviado por el Padre, ya no está con nosotros, sino EN nosotros.

Este es el Espíritu de Adopción por el cual clamamos, “¡Abba Padre!”. Por no haber conocido su adopción, la iglesia,que una vez fue una maravillosa familia en Cristo, se ha convertido en un gigantesco orfanato espiritual, que promociona lo que Juan Carlos Ortiz llamó “la perpetua condición de bebé del creyente”.

Cristo vive EN nosotros y a través de nosotros por la morada del Espíritu. El conocimiento trino de Jesús, estando en el Padre, Cristo viviendo EN nosotros, y nosotros estando EN Él, puede solo puede realizarse en virtud de esa permanencia.

Pablo escribió: “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en Mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Jesús está con nosotros para dirigir, guiar y consolar a todos los que Le siguen. Esta es la vida y el aliento del verdadero Cristianismo. Él no mora en nosotros para que podamos llevarle con nosotros dondequiera que vayamos, sino para que Él pueda guiarnos desde dentro, por el Espíritu, a donde Él quiera.

Cuando el Espíritu de verdad venga… George Davis y Michael Clark

18 de noviembre de 2011

EL VIENTO SOPLA DONDE QUIERE


George Davis y Michael Clark

“El viento sopla de donde quiere y oyes su sonido, más ni sabes ni de donde viene ni a donde va. Así es con todo aquel que nace del Espíritu.” (lee Juan 3:7‐10).

Al observar a la iglesia hoy, parece que nada haya cambiado realmente a lo largo de los últimos 2000 años. La misma mentalidad que paralizó a Nicodemo sigue paralizando a los Cristianos.

La soberanía del Espíritu sigue siendo un concepto de lo más desconcertante para los que dependen de libros de oraciones, homilías, y boletines dominicales que les digan qué orar, qué creer, qué decir y qué es lo siguiente que viene. Se horrorizan ante el mero pensamiento de que el Espíritu de Dios sople quiera o no quiera entre ellos, conforme a Su propio curso y tiempo impredecibles.

El entorno con el que estamos tan familiarizados es muy distinto de la Iglesia que fue llevada delante de los magistrados y potestades y que dependía únicamente del Espíritu para hablar por ellos y a través de ellos sin un pensamiento previo.

Cristo había prometido a estos creyentes indoctos, “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.” (Mateo 10:19‐20).

Tenemos que apuntar aquí que los gnósticos, que afirmaban poseer un conocimiento más alto (gnosis) de Dios, estaban entrando y posicionándose como maestros de las masas indoctas.
Eran hombres muy preparados, que mezclaban el cristianismo con la filosofía griega, trayendo una escuela de mentalidad de Atenas entre los creyentes. A través de sus sermones platónicos, estaban usurpando al verdadero maestro y guía, el Espíritu Santo.

Esto fue una amenaza que no se desvaneció de la noche a la mañana, porque incluso Tertuliano, del Siglo II, preguntó, “¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? Todavía tenemos que recuperarnos de este elitismo.

8 de noviembre de 2011

UN LLAMADO A LA VIDA


George Davis y Michael Clark

Pocos negarían que las denominadas iglesias de hoy día, están notablemente lejos de la Iglesia de hace 2000 años, que puso el mundo al revés por el poder de Dios. Esta discrepancia ha dado lugar a unos amplios discursos y escritos sobre la reforma de la Iglesia, con la esperanza de recuperar la dinámica que ésta ha perdido.

Hay un problema principal en todo esto. La mayoría de estas enseñanzas y escritos se basan en la suposición de que si encontramos el patrón correcto, o el régimen correcto, experimentaremos la vida y el poder que conocieron los primeros creyentes.
Esta mentalidad de “campo de sueños”, “edifícalo y vendrán” es el típico ejemplo del carro que empuja al caballo.

Creemos que la cristiandad ha elevado el conocimiento de cabeza del mundo (la letra), hasta un lugar que ha usurpado el conocimiento experimental de la Palabra viviente (Jesús). Las palabras de Jesús a los fariseos suenan hoy tan verdaderas como siempre:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39‐40).

Cualquiera que utilice la Biblia como un libro de normas, no comprende el propósito divino de la Escritura. “El Testimonio de Jesús es el Espíritu de la profecía”. Sea cual sea nuestra doctrina, si no nos dirige a un conocimiento íntimo de Cristo, pierde el objetivo de Dios completamente. Las Escrituras fueran escritas para que podamos “creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”, y para que creyendo, podamos “tener vida en Su nombre”.

Las Escrituras apuntan a Jesús, y sin embargo, que triste que muchos rehúsen venir a Él. No podemos encontrar evidencia de que Jesús enseñara a Sus seguidores a vivir estrictamente conforme a un libro de reglas. Lo que si dijo es que Dios dio las Escrituras del Antiguo Testamento para traer al lector a Él mismo.

Del mismo modo, los Evangelios y las Epístolas no son libros de normas por las que intentamos de forma independiente y sistemática, acercarnos a Dios por nuestros propios méritos. Son testigos de Él, por cuya sangre somos aceptos en el amado.

Cristo es la sustancia de la que testifican las Escrituras. Las Escrituras son un espejo que refleja Su imagen. Fueron dadas para verificar la existencia y la realidad de una Persona y para llevar a los lectores a dicha Persona.

¿Debemos estudiar las Escrituras? ¡Absolutamente! El problema no es el estudio de las Escrituras sino la creencia errónea de que ellas son la Fuente, el pozo de la vida. Las Escrituras son un testimonio, y como todo buen testimonio, no testifican de si mismas, sino de que apuntan al que es la Fuente de la vida. Agradó al Padre que toda la plenitud habitara en Cristo, el Hijo (Colosenses 1:19). La Luz está en la Vida.
El que tiene al Hijo tiene la Vida. ¡Lo sabremos SI proseguimos en el conocimiento del Señor!

Lo que hoy día se denomina a sí misma iglesia, es claramente una trasgresión de la misma naturaleza de Dios, por el hecho de proseguir en el pecado de rehusar vivir tan solo a través de Su vida. Pablo exhorta:
“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gál. 5:25).

A toda la verdad – M.Clark y G.Davis.

7 de noviembre de 2011

LA GRAN MENTIRA


George Davis y Michael Clark

Satanás ha fabricado una red de mentiras para asustar a los creyentes. Él ha marcado a los que siguen al Espíritu como místicos, fanáticos y “tan centrados en el cielo, que no sirven para nada en la tierra”.

Muchos de los sabios maestros de la cristiandad hoy día se comportan como si las palabras de Pablo en 2ª Corintios 3:6 dijeran: “El Espíritu mata, pero la letra da vida”. Constantemente dan advertencias sobre los peligros de ser dirigidos solo por el Espíritu de Dios.

Dicen que desde el cierre del canon de las Escrituras, Dios ya no nos habla más directamente por Su Espíritu, sino que lo hace por medio de la Biblia solamente. Con tal lógica, han creado con gran éxito una religión tan protegida del Espíritu y del poder de resurrección de Dios como la que crearon los Saduceos.

SI dices que Dios te hable por Su Espíritu, te miran como si estuvieras poseído por un demonio, o si tienes suerte, como si estuvieras en rebelión. Esto es especialmente así si lo que escuchas no encaja con la oficialidad. Cuando arrojas las perlas del Espíritu delante de hombres de esta clase, no solo trataran de pisotearlas en el lodazal de la doctrina de iglesia, sino que lo más probable es que también intenten hacerte trizas.

Un pastor dijo que tenía un auténtico problema con los que decían, “Dios me dijo esto o aquello”, porque “no estar de acuerdo con ellos es no estar de acuerdo con Dios”.
Puede que haya más verdad en esto de lo que él mismo podía apreciar. Los que lleguen a conocer la verdadera reforma de iglesia, deben vencer esas mentiras y vencer sus temores de ser guiados por el Espíritu en lugar de por las tradiciones y opiniones de los hombres.

Los abusos de esos individuos que profesan que el Espíritu los dirige cuando en realidad están siendo guiados por sus propios deseos, complica todo este asunto de forma tremenda.
Recuerda que cuando Jesús estaba siendo guiado por el Espíritu, puso Su vida en obediencia al Padre en el camino de la cruz. Cuando Pedro intentó disuadirle de caminar por este sendero, Jesús le respondió: “¡Apártate de Mí, Satanás! Porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las cosas de los hombres.”

El que es una piedra de tropiezo para los que siguen el impulso interno del Espíritu de Dios, aún pensando que está salvándolos al oponerse, habla por Satanás, no por Dios.

EL HUMANISMO

Paris Reidhead

Con el propósito de comprender lo que el humanismo implica en el siglo XX necesitamos irnos cien o ciento cincuenta años atrás. El Espíritu Santo había sido derramado con poder sobre ciertas porciones de nuestro país, y de pronto, vino un abierto ataque a nuestra fe, desde Europa, por medio de tremendas críticas.
Darwin acababa de postular su teoría de la evolución, y algunos filósofos la adaptaron a sus filosofías y los teólogos la aplicaron a las Escrituras.

Así que, podemos marcar el inicio de un ataque frontal en contra de la Palabra de Dios, alrededor de 1850. Satanás siempre la había estado atacando insidiosamente; sin embargo, en ese momento se abrió la temporada de caza sobre el Libro, una temporada de caza, franca, sobre la Iglesia.

En ese tiempo, Voltaire llegó a declarar que viviría para ver cuando la Biblia se convirtiera en una reliquia que solo se encontraría en museos, pues sería totalmente destruida por los argumentos que estaba presentando con tanto ahínco en su contra.

¿Y cuál fue el resultado de ese ataque?, que el humanismo se convirtió en la filosofía de la-época.-Se-podria-definir-al-humanismo-de-la-siguiente- manera:
El humanismo es una declaración filosófica que establece que el fin de todo lo que existe es la felicidad humana; que la razón de la existencia del hombre es la felicidad.

Ahora bien, de acuerdo con el humanismo, la salvación solo es un asunto de obtener toda la felicidad que se pueda.

Si uno es influenciado por alguien como Nietzsche, quien dice que la única verdadera satisfacción en la vida es el poder; que el poder se justifica a sí mismo; que, después de todo, el mundo es una jungla; luego, entonces, depende del hombre ser feliz, al llegar a ser poderoso. Debe volverse poderoso por todos los medios que pueda utilizar, porque solo en esa posición de ascensión puede ser feliz.

Pero alguien más volteó y dijo: “Bueno, no. El fin de la existencia es la felicidad, sí, pero la felicidad no proviene de ejercer autoridad sobre la gente, la felicidad se obtiene de las experiencias sensuales.”

Y ese pensamiento dio como resultado el tipo de existencialismo que caracteriza a la Francia de hoy, que ha dado origen a la filosofía “hippie” en Estados Unidos y a la asquerosa sensualidad de nuestro país.

5 de noviembre de 2011

QUE ESPIRITU ESTAMOS SIGUIENDO?



Michael Clark y George Davis

Aunque la mayoría de los cristianos están de acuerdo en que la Iglesia es un organismo espiritual, vivo y dirigido por la vida divina, muchos parecen ignorar las implicaciones lógicas de esta realidad, viviendo como si fueran una mera institución dirigida por la norma del consenso.

Esto equivale a creer que una marioneta es un niño vivo. Aunque pueda bailar en el escenario, e incluso cantar “No tengo cuerdas encima de mí”, por su propia naturaleza, una institución es movida mediante cuerdas y cables manipulados por hombres ambiciosos. Los organismos vivos viven, se mueven y tienen su existir en virtud de la vida que hay en ellos.

Toda orden y dirección procede de esa vida interior. Un organismo vivo toma su forma predeterminada por el ADN de la vida en su interior, ordenado por su Padre/Creador. Al contrario, una institución vive por un modelo burocrático preconcebido y la energía necesaria para obtener ese fin es puramente política en su naturaleza.

Las normas y las tradiciones que gobiernan las instituciones y el orden de ellas con mucha frecuencia proceden de mentes de hombres que anhelan el control y la dominación.
Clayt Sonmore describió como estos lobos toman su lugar. Primero,-todos-ellos- “ADOCTRINAN-DESPUÉS-AISLAN- DESPUÉS-DENOMINAN‐ DESPUÉS-DOMINAN.”

El Apóstol Pablo advirtió, “…Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.” (Hechos 20:29,30).

En la mayoría de los casos, estos lobos y maestros perversos usan las Escrituras para convencer a otros a seguirles a ellos , usando las mismas palabras de Dios para hacer discípulos conforme a ellos mismos, en lugar de para Jesús y Su Espíritu.

Ya advertía el Señor Jesús mismo: “Mirad que nadie os engañe, porque muchos vendrán en mi nombre diciendo, Yo soy el Cristo, y apartarán a muchos”. Fíjate que no decía que ELLOS afirmaran ser el Cristo sino que dirían que Jesús es el Cristo y Le usarían a Él y a Sus palabras para apartar a muchos.

31 de octubre de 2011

EL JOVEN PREDICADOR

Paris Reidhead

Un joven predicador me fue a ver cuando estaba yo en Huntington, West Virginia, y me dijo: “Hermano Reidhead, tengo una iglesia grandiosa, un programa de escuela dominical maravilloso y el ministerio de radio está creciendo cada día, pero siento una necesidad personal, una carencia interior; necesito ser bautizado en el Espíritu Santo, necesito ser lleno del Espíritu. Una persona me dijo que Dios había tratado con usted de forma especial y por eso vine. Me pregunto si me podría ayudar.”

Miré al joven, y... ¿saben a quién se parecía? A MÍ. Se parecía a mí. Vi en él todo lo que había en mí. Pensaste que iba a decir “a lo que había en mí antes de que”... Pues, no. Escucha: Si alguna vez te has visto a ti mismo, sabes que nunca vas a ser más de lo que eras. “Porque yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien...” Se parecía a mí.

Ese joven era como un hombre que llega a la gasolinera en un Cadillac, y le dice al del servicio: “Llénalo, amigo, ¡con la gasolina de mayor octanaje que tengas!”. Bueno, así es como ese joven se veía. Él solo quería el poder para mejorar su programa. Y Dios no va a ser un medio para los fines de nadie.

Yo le dije: Estoy sumamente apenado, pero no creo poder ayudarlo. Me preguntó: ¿Por qué? Y le contesté: No creo que usted esté listo. Mire, nada más imagínese..., es que usted llega..., con un Cádillac: su escuela dominical, su programa de radio y su iglesia. Todo lo que ha logrado viene siendo para usted, como poseer un Cádillac. Eso está muy bien... Le ha ido sumamente bien sin el poder del Espíritu Santo.

Eso es lo que un cristiano chino dijo cuando regresó a China y le preguntaron: “¿Qué fue lo que más te impresionó de Estados Unidos?”. Y respondió: “Las grandes cosas que los estadounidenses pueden lograr sin Dios.”

Este joven predicador que me fue a buscar, había logrado bastante sin Dios, como él mismo reconoció. Y lo que me pedía era un poco de poder para lograr sus fines todavía más altos. Yo le dije: No..., no... En este momento usted está sentado detrás del volante de su Cádillac y le está diciendo a Dios: ‘Dame poder para que pueda avanzar’, y esto no es así. Usted tiene que hacerse a un lado.

”Por eso es que muchas de las personas que conocemos no entran a la plenitud de Cristo; Y nunca va a funcionar. De esa manera, nunca va a funcionar”.

27 de octubre de 2011

!LA DIFERENCIA¡

Paris Reidhead

¡Hay una gran diferencia entre la predicación de juan wesley y la predicación de nuestros dias! No se trataba de convencer a un “buen” hombre de que estaba en líos con un Dios “malo”. ¡Era convencer a hombres malos de que se merecían la ira y el furor de un Dios bueno!
Y la consecuencia era el arrepentimiento que llevaba a la fe, que conducía a la vida.

Queridos amigos, solo hay una razón, una razón, para que un pecador se arrepienta, y ésa es: porque Jesucristo se merece la adoración y la reverencia y el amor y la obediencia de su corazón. No porque va a ir al cielo.

Si la única razón por la cual te arrepentiste, querido amigo, fue para evitar el infierno, ¡solo eres un humanista! ¡Eso es todo! ¡Estás tratando de servir a Dios para que te prospere!

Pues un corazón arrepentido ¡es un corazón que ha visto algo de la enormidad del crimen de jugar a ser Dios y de negarle al justo y recto Dios la adoración y la obediencia que se merece!

¿Por qué debería arrepentirse un pecador? ¡Porque Dios se merece la obediencia y el amor que se ha negado a darle! No para irse al cielo.
Si la única razón por la que un pecador se arrepiente es para irse al cielo, no es mas que tratar de hacer un negocio con Dios.

¿Por qué un pecador debe abandonar sus pecados?
¿Por qué se le debe desafiar a hacerlo?
¿Por qué debe restituir los daños cuando viene a Cristo?
¡Porque Dios se merece la obediencia que exige!

He hablado con personas que no tienen la seguridad de que los pecados pueden ser perdonados; quieren sentirse seguras, antes de estar dispuestas a entregarse a Cristo.
Por eso creo que los únicos a los que Dios realmente convenció por medio de su Espíritu y que son nacidos de Él, son aquellos que, lo digan o no, cuando han llegado a Jesucristo, se expresan mas o menos asi:
“Señor Jesús, te voy a obedecer, te voy a amar, te voy a servir, y voy a hacer lo que tú quieras que yo haga mientras viva, incluso si me voy al infierno al final del camino; simplemente, porque eres digno de ser amado, de ser obedecido, de ser servido. ¡Yo no voy a tratar de negociar contigo!”

¿Ven la diferencia? ¿Ven la diferencia entre una persona que sirve a Dios porque le va a prosperar, y alguien que se arrepiente para darle la gloria a Dios?

¿Por qué debe alguien venir a la cruz? ¿Por qué una persona debe abrazar la muerte con Cristo? ¿Por qué una persona debe estar dispuesta a ir, en identificación, a la cruz y a la tumba, y volver a la vida otra vez? Les voy a decir porqué: ¡porque es la única manera en que Dios puede ser glorificado por un ser humano!

Si me contestas que para obtener gozo o paz o bendiciones o prosperidad o fama, entonces no es otra cosa mas que un humanista. Solo hay una razón para ir a la cruz, y ésa es, porque, hasta que no te unas a Cristo en su muerte, estás robándole al Hijo de Dios la gloria que podría obtener de tu vida. Porque ninguna carne puede gloriarse en su presencia.

Así que la razón por la que vas a la cruz no es para obtener victoria, aunque vas a obtener victoria. No es para obtener gozo, aunque vas a recibir gozo. La razón para abrazar la cruz y perseverar hasta que puedas testificar como Pablo: “Estoy crucificado con Cristo”, no es lo que vas a obtener de ello, sino lo que Él va a sacar de ti para gloria de Dios.

¿Por qué no has perseverado para conocer la plenitud del Espíritu Santo? ¿Por qué no has perseverado para conocer la plenitud de Cristo? Te voy a decir porqué: porque la única manera posible de que Cristo pueda recibir la gloria de una vida que ha sido redimida por su preciosa sangre, es cuando puede llenar esa vida con su presencia y vivir a través de ella su propia vida.

Diez monedas y una camisa - Paris Reidhead

23 de octubre de 2011

LOS PREDICADORES

Paris Reidhead

Cual es la diferencia entre la predicación del siglo veinte y la predicación de Juan Wesley?
¡Wesley era un predicador de justicia que exaltaba la santidad y la justicia de Dios, y la sabiduría de sus requisitos! ¡Y la justicia de su ira y de su furor! Les hablaba a los pecadores y les exponía la enormidad de sus crímenes; su abierta rebelión; y su traición; y su anarquía.

Y entonces el poder de Dios descendía de tal manera sobre la multitud, que, en una ocasión, fuentes confiables reportaron que cuando terminó de predicar había mil ochocientas personas tiradas en el suelo ¡completamente inconscientes! Porque habían tenido una revelación de la santidad de Dios; y frente a esa luz habían visto la enormidad de sus pecados. Y Dios había penetrado su mente y su corazón, de tal forma, ¡que habían caído a tierra!

Eso no solo sucedió en la época de Wesley; lo mismo pasó en Estados Unidos, en New Haven, Connecticut, en Yale. Un hombre llamado Juan Wesley Redfield ministraba continuamente alrededor de New Haven, culminando con unas grandes reuniones que se hacían en el gimnasio de Yale, el primer gimnasio que hubo en Yale en el siglo XVIII.

En esa época, la policía estaba acostumbrada, a que, si veían a alguien tirado en el piso, se acercaban a esa persona y olían si tenía aliento alcohólico. Si tenía aliento alcohólico lo encerraban; pero si no, era que tenía la “enfermedad de Redfield”, y lo único que necesitaban hacer era llevarlo a un lugar apartado y esperar a que volviera en sí; pues sabían que, si habían sido borrachos, dejaban la bebida; si habían sido crueles, no volvían a serlo; si habían sido inmorales, renunciaban a su inmoralidad; si habían sido ladrones, devolvían lo que tenían en su poder.

¡Al ver la santidad de Dios frente a la enormidad de su pecado, el Espíritu de Dios los dejaba inconscientes por el peso de su culpa! Cuando se derramaba el poder de Dios, los pecadores se arrepentían de su pecado y se acercaban a la salvación de Cristo.
¿Y qué hay de ti? ¿Tú, por qué te arrepentiste? Me gustaría ver a algunas personas arrepentirse de nuevo en los términos bíblicos.

George Whitefiel entendió esto. Él estuvo una vez en Boston Commons hablando delante de veinte mil personas y les dijo:
“Escuchen pecadores, ustedes son unos monstruos... ¡monstruos de iniquidad! ¡Se merecen el infierno! ¡Y lo peor de su crimen, es que, aunque han sido criminales, no han tenido la gracia de reconocerlo! ¡Y si no lloran por sus pecados y sus crímenes en contra de un Dios Santo, George Whitefield va a llorar por ustedes!”

Este hombre levantaba la cabeza y lloraba como un bebé. ¿Por qué? ¿Porque estaban en peligro de ir al infierno? ¡No! Lloraba porque eran “monstruos de iniquidad”, que ni siquiera veían su pecado ni se preocupaban por sus crímenes. ¿Ven la diferencia?

¡La diferencia es que aquí, ahora, está alguien temblando porque va a ser herido en el infierno y ni siquiera se da cuenta de la enormidad de su pecado! ¡Y no entiende su insulto en contra de la Deidad! ¡Solo está temblando porque su piel está a punto de rostizarse! Tiene miedo.
Y les digo que, aunque el miedo es una buena preparación para la gracia, no debemos quedarnos allí.

Y el Espíritu Santo no se detiene allí. Ésa es la razón por la cual nadie puede recibir a Cristo para salvación hasta que no se arrepienta. Y nadie se puede arrepentir hasta no haber sido convencido de pecado.

Y la convicción es obra del Espíritu Santo, que ayuda al pecador a ver que es un criminal delante de Dios que se merece toda la ira de Dios; y que, si Dios lo enviara al último rincón del infierno para siempre durante diez eternidades, es porque al ver sus crímenes decide que se lo merece por completo, ¡y cien veces más!

Diez monedas y una camisa - Paris Reidhead

20 de octubre de 2011

MI VIAJE AL AFRICA


Paris Reidhead

Si me preguntan por qué fui a África, les voy a decir que fui principalmente para “mejorar” la justicia de Dios. No pensaba que estuviera bien que nadie se fuera al infierno sin la oportunidad de ser salvo, así que fui “para darles a los pobres pecadores la oportunidad de irse al cielo”.

Ahora bien, no lo he explicado más, pero si analizan lo que acabo de decir, ¿saben qué es? Es humanismo. Yo simplemente estaba tratando de usar las provisiones de Jesucristo como un medio para mejorar las condiciones humanas de sufrimiento y pobreza.

Y cuando fui a África, descubrí que los africanos no eran unos paganos pobres e ignorantes corriendo por la selva, esperando que alguien les explicara cómo ir al cielo. ¡Eran monstruos de iniquidad! ¡Estaban viviendo en contra de y con un desprecio al conocimiento de Dios, mucho mayor de lo que imaginaba!

¡Ellos merecían el infierno, porque se rehusaban a caminar a la luz de sus conciencias, a la luz de la ley que ya tenían escrita sobre sus corazones con el testimonio de la naturaleza y la verdad!

Estaba tan enojado, que en una ocasión, al estar orando, le reclamé a Dios que me hubiera enviado con gente que no estaba esperando escuchar cómo llegar al cielo; pues cuando llegué ahí, me encontré con que ya sabían del cielo, y no querían ir allá porque amaban su pecado, preferían quedarse en él.

(El hermano Paris habla con gran pasión en este párrafo). Fui allá motivado por el humanismo. Había visto fotografías de leprosos, había visto fotografías de gente con llagas, había visto fotografías de funerales nativos... y yo no quería que mis semejantes humanos sufrieran eternamente en el infierno después de una existencia tan miserable en la tierra.

Pero fue allí, en África, donde Dios comenzó a arrancarme el recubrimiento de este humanismo.

Y fue ese día, cuando estuve orando en mi habitación, con la puerta cerrada, que luché con Dios. Porque ahí estaba yo, llegando a la conclusión, de que la gente que yo pensaba que era ignorante, y que quería saber cómo ir al cielo, y que estaba diciendo: “¡Que alguien venga a enseñarnos!”, en realidad no quería tomarse el tiempo de hablar conmigo ni con nadie más.

No estaban interesados en la Biblia, ni en Cristo; y amaban su pecado y querían seguir en él. Y fue en ese lugar, en ese momento, donde sentí que todo el asunto era una burla, una farsa, ¡y que me habían visto la cara!

18 de octubre de 2011

LIBERALISMO Y FUNDAMENTALISMO



Paris Reidhead

Alrededor de 1850, la Iglesia se dividió en dos grupos; uno de los cuales fue el de los liberales, que aceptaron la filosofía del humanismo, y trataron de obtener cierta fama diciéndole algo así a su generación: “Ja, ja, ...bueno, pues... no estamos seguros de que exista el cielo ni tampoco de que exista el infierno; pero sí sabemos que ¡tienes setenta años para vivir! Y también sabemos que puedes beneficiarte mucho con la poesía, con los pensamientos sublimes y con las ‘nobles aspiraciones’.

“Por lo tanto, es importante que vengas a la iglesia los domingos para que podamos leer un poco de poesía, y para que te demos algunos refranes y axiomas que te ayuden a vivir. No te podemos decir nada acerca de lo que va a suceder cuando mueras, pero sí te vamos a decir esto: si vienes todas las semanas y pagas y ayudas y te quedas con nosotros, vamos a ponerle amortiguadores a tu carreta y tu viaje será más cómodo. No podemos garantizarte lo que vaya a suceder cuando mueras, pero si vienes con nosotros, vamos a hacer que seas más feliz mientras vivas.”

Así que este tipo de pensamiento se convirtió en la esencia del liberalismo: tratar de poner un poco de azúcar en el amargo café de la travesía humana, para endulzarla un rato. Eso era todo lo que el liberalismo podía decir.

 Pero había otro grupo de personas que se habían mantenido lejos de los liberales (éste es el grupo al que yo pertenezco): los fundamentalistas. Cada uno de ellos decía: “¡Creo en que la Biblia fue inspirada por Dios! ¡Creo en la deidad de Jesucristo! ¡Creo en el infierno! ¡Creo en el cielo! ¡Creo en la muerte, en la sepultura y en la resurrección de Cristo!”

Pero recuerden: el ambiente es el humanismo. Y el humanismo dice que el fin principal de todo lo que existe es la felicidad del hombre. El humanismo es como el hedor que sale de un foso; lo contamina todo. El humanismo es como una enfermedad, como una epidemia; está por todos lados.

 Así que no pasó mucho tiempo antes de que las cosas cambiaran. Al principio, los fundamentalistas se reconocían entre sí, porque decían: “¡Yo creo estas cosas!” Eran hombres que en su mayoría se habían encontrado personalmente con Dios. Pero, poco después de haber dicho: “Éstas son las cosas que nos establecen como fundamentalistas”, la siguiente generación dijo: “¡Así es como cualquiera llega a ser un fundamentalista! ¡Es bueno que creas en la inspiración de la Biblia! ¡Cree en la deidad de Cristo! ¡Cree en su muerte, su sepultura y su resurrección! ¡Sé un fundamentalista!”

Hasta que, finalmente, el humanismo llegó a nuestra generación, en la que todo el plan de salvación se resume en aceptar algunas declaraciones de doctrina, y en la cual se considera cristiana a una persona porque puede decir que “sí” a cuatro o cinco preguntas que le hagan. Si sabe en qué momento decir que “sí”, alguien le da una palmada en la espalda, le estrecha la mano y le dice: “¡Hermano, eres salvo!”

13 de octubre de 2011

TROMPETAS: LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO


Autor Anónimo
 
Siete fiestas debían guardar los israelitas en el Antiguo Pacto, pero tres de ellas eran las principales en Israel y tipificaban dispensaciones que se han venido cumpliendo a cabalidad; eran fiestas obligatorias para todo israelita y sombra de lo que había de venir: la Pascua, Pentecostés y Tabernáculos (Éxodo 23:14-17). Y, aunque eran siete, no dice la Escritura que siete veces debían comparecer ante El (Éxodo 34:23; Deuteronomio 16:16) sino que solamente tres veces al año debían comparecer ante el Señor.

La Fiesta de la Pascua se cumplió cuando el Cordero de Dios (Juan 1:29) fue inmolado por nosotros, para que el juicio y la ira de Dios pasaran por encima de nosotros, cayendo sobre ese Cordero bendito por los siglos como un sustituto nuestro. Tipifica la redención y rescate de Egipto, que es símbolo del mundo, por medio de ese sacrificio eterno (1ª Corintios 5:7).

 La Fiesta de Pentecostés se cumplió cuando cincuenta días después del sacrificio del Cordero de Dios, los comienzos, los primeros frutos fueron bautizados en Espíritu y Fuego (Hechos 2:1-3) convirtiéndose en las primicias de la Iglesia, el primer ramillete de ciento veinte nacidos de nuevo. Ciento veinte nuevas creaciones, a semejanza de la semilla plantada y con la misma imagen del Cristo resucitado, fueron espectáculo que notificó a principados y potestades en los cielos el misterio de que Dios iba a tener un pueblo con su misma naturaleza, que todos esos nacidos de nuevo iban a ser conforme a la misma imagen de su hermano Primogénito (Romanos 8:29).

Esta Fiesta-Dispensación comenzó con los hechos de los apóstoles y por casi dos mil años se ha extendido aun hasta nuestros días, fiesta que está llegando a su final, hasta que la levadura simbolizada en ella llene las tres medidas y todo quede leudado (Mateo 13:33; Levítico 23:15-17 “…cocidos con levadura…”); hasta que se cumplan los tiempos y entre la plenitud de los gentiles (Lucas 21:24; Romanos 11:25). Esta fiesta no era el todo del propósito eterno sino un escalón que nos llevaría a ese propósito final.

La tercera y última fiesta es la Fiesta de los Tabernáculos que tenía varias connotaciones: la de cosecha final a la salida del año (Éxodo 23:16b), pues era el  fin del calendario judío de labores agrícolas y el inicio del nuevo año (Éxodo 34:22b), era precedida por el toque de trompetas (Números 29:1), que introducía al pueblo de Israel al día sagrado de las reconciliaciones con Dios -para los judíos el más solemne pues era el único día en que el Sumo Sacerdote entraba en el Lugar Santísimo para reconciliar al pueblo por medio de la sangre a fin de estar a cuentas y en paz con Dios (Éxodo 30:10; Levítico 16:2-34), hoy se conoce como la fiesta del Yom Kipur, Día del Perdón y es el día más sagrado guardado por los judíos practicantes-.

Tabernáculos también significaba la fiesta del reposo, del descanso y regocijo después de la cosecha final, era la sombra que tipificaba ese reposo prometido que hace falta por cumplirse en nosotros (Hebreos 4:1-11); además, al salir a morar en cabañas o tabernáculos los israelitas eran el testimonio vivo ante los ojos del mundo de que eran peregrinos y advenedizos en esta tierra, de que eran extranjeros y esperaban la ciudadanía de la Nueva Jerusalén, la Jerusalén celestial, ciudad de Dios.

10 de octubre de 2011

RETIÑIRAN AMBOS OIDOS


Mensaje de Paz
(1ª Samuel 3:11; 2ª Reyes 21:12; Jeremías 19:3)
En días del profeta Samuel, Israel se llevó una tremenda decepción porque estaba completamente seguro de que el Señor de los Ejércitos estaba de parte de ellos y en contra de los “paganos” pueblos enemigos; sólo que cometieron un error de cálculo, hicieron cuentas falsas, “cuentas alegres”, suponiendo que Dios estaba de su lado por el hecho de tener el Arca del Pacto andando entre ellos, sin necesidad de una vida limpia delante de Él, sin necesidad de dar el fruto al agrado de Dios.

El pueblo de Israel estaba confiado en los ritos externos de la Ley y en las apariencias, confiado en cumplir unas ceremonias, confiados pues en la seguridad que les daba tener el Arca del Dios de Israel con ellos pero su corazón no era recto para con Dios. Fue entonces que Él le dijo al profeta Samuel que haría una cosa que quien la oyere le retiñirían ambos oídos (1ª de Samuel 3:11): que la gloria de Dios, simbolizada en el Arca del Pacto, caería en manos de los Gentiles, enemigos del pueblo de Israel y sería “secuestrada” por los Filisteos.

Esto era algo sacrílego para los oídos de cualquier israelita de ese tiempo, esto era un imposible para su teología, era un absurdo para sus creencias, el hecho de que Dios fuese a dejar caer el Arca del Pacto en manos de incircuncisos.


Tanto como si hoy alguien se levantara y dijera que la  presencia del Señor no está ya entre los Evangélicos y Protestantes, porque se han corrompido, porque han adulterado con otros dioses, que por no arrepentirse Dios los ha abandonado y los ha dejado a la dureza de su corazón: Quién creería ese anuncio? Israel se acostumbró al Arca del Pacto, se le volvió costumbre el Arca y ésta terminó siendo un fetiche, un amuleto; y creyó Israel que con sólo tenerla entre ellos, sin necesidad de andar en integridad, Dios estaba obligado a bendecirlos, a darles la victoria, Dios tenía que ampararlos y ellos contar con Su presencia.


Cuán equivocados estaban, porque cuando el culto al Señor se vuelve externo, se vuelve falsa religión y se torna costumbre, la gloria de Dios indefectiblemente se va.

La historia de esto se encuentra en el primer libro de Samuel capítulo 4 en donde finaliza con una muy terrible palabra: “Icabod”, que quiere decir “la gloria se ha ido” y “sin gloria” (1ª Samuel 4:21-22). Israel perdió la Gloria de Dios y quedó convertido en un pueblo Sin Gloria, es decir, sin la presencia de Dios, sin el respaldo del Señor, sin la guía del Altísimo, con la profesión de fe vacía, con el cascarón pero la esencia de adentro ausente. Dios ya no estaba con ellos, se les había apartado por su impiedad, los entregó a derrota delante de sus enemigos y permitió que el Arca fuera capturada por impíos.


En efecto, la gloria de Dios se fue de Silo, el lugar de la presencia de Dios en esos días, el sitio donde Dios se manifestaba, allí donde el Señor les había señalado para guiarlos, el lugar de encuentro con Dios (Salmo 78:60-61; Jeremías 7:12). 


Siglos más tarde, el Señor le dice a Israel que mire, que aprenda de lo que sucedió en Silo donde hizo morar su Nombre al principio, que vean el resultado de lo que era una profesión de fe externa, bonita y pomposa de labios pero de corazón falso, que meditaran en lo que sucedía cuando se “manosean” las cosas santas, que aprendieran qué pasa cuando se “usa” el nombre del Señor para provecho propio, para buscar las cosas de este mundo, aquellas de este reino y no del de Dios primeramente; lo que acontece cuando el corazón se corrompe y se acerca al Señor con reservas, con cartas tapadas, con motivaciones mezquinas, cuando vamos a ver qué partido sacamos para el yo, para fortalecer al viejo hombre, para nutrir al Adam caído, cuando en fin, el caminar nuestro en Cristo se torna una costumbre o una obligación.


6 de octubre de 2011

ISRAEL / JUDA / SION


Charles Elliott Newbold, Jr.

En los tiempos del Antiguo Testamento, Israel estaba dividida en dos reinos: el Norte, el Reino de Israel, a veces llamado por el nombre de su ciudad principal, Samaria, y el Sur, el Reino de Judá, que incluía la ciudad de Jerusalén.

El Reino del Norte, Israel, recibió de Dios el nombre de Ahola (Ezequiel 23:4). Fornicó hasta el punto de que Dios la entregó al olvido, para nunca más ser restaurada—sólo un remanente regresaría.

Ahola significa “ella tiene su propia tienda”. Este nombre probablemente tuviera que ver con el hecho de que Israel, bajo el reinado de Jeroboam, abandonara la adoración a Yahvé en Jerusalén y estableciera su propia adoración, justificando así la adoración idolátrica en Samaria (1ª Reyes 12:25-33).

El reino del Sur, Judá, recibió el nombre de Aholiba, (Ezequiel 23:4), semejante al de su hermana, y que significa “Mi tienda está en ella”. Este nombre pudo ser dado a Judá para dar a entender que el Templo estaba en Jerusalén como el verdadero centro de la adoración a Yahvé.

A pesar de este hecho y de haber visto lo que su hermana traicionera había hecho y lo que le había sucedido, Judá cometió las mismas atrocidades contra Dios. Y así, fue exiliada a Babilonia durante setenta años (Jer. 25:11).

Pero el llamado de Dios alcanzó a los cautivos en Babilonia. “Salid de en medio de ella, pueblo Mío” (Jer. 51:45). Hemos de regresar a Sión, el monte santo de Dios (Jer. 31:6). Sión es ese lugar en el que descansó el Tabernáculo de David, donde Jesús es lo único que hay.

El Reino del Norte, Israel, es semejante a los que se encuentran en el atrio exterior, el Cristianismo institucional, los que están llenos de idolatría, que no han de ser incluidos cuando la vara de medir de Dios sea puesta en la iglesia.

El Reino del Sur, Judá, es semejante a los Pentecostales y carismáticos que una vez vieron las atrocidades que cometió su hermana mayor, y salieron de ella para ser guiados por el Espíritu a un terreno más alto.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando se volvió tan institucional, tan egoísta, tan legalista y tan idólatra como su hermana. La única diferencia radica quizás en que tomó con ella, además de su lámpara, una vasija de aceite—el aceite del Espíritu Santo. Logró entrar como asistente de la esposa, pero no es la esposa (Mat. 25:1-13).

Eso es lo más lejos que ella llega. El clamor por subir a Sión no está en su corazón. Sólo un remanente regresó de Babilonia con Zorobabel, Esdras y Nehemías. La mayoría del resto se conformó con permanecer en la comodidad de sus ciudades Babilonias.

El camino no fue fácil para los que salieron de Babilonia para regresar a Jerusalén. Tuvieron que contender constantemente en la tierra con un enemigo amenazante que se mofaba de ellos todo el tiempo.

5 de octubre de 2011

LA ESPOSA


Charles Elliott Newbold, Jr.

Hay una sola narración desde el principio hasta el fin en la Biblia. Es una historia de amor entre un esposo y aquella a quien Él pretende hacer Su esposa. La historia comienza con una boda, una boda entre dos personas, un hombre y una mujer. “…y serán una sola carne” (Gén. 2:24).

Este primer hombre (Adán) fue hecho conforme a la imagen de Dios y fue planeado de Dios para ser como un hijo para Él.

Sin embargo, este primer hombre cayó de la comunión con su Padre-Creador cuando él Le desobedeció en el jardín de la vida. Habiendo caído, fue apartado de ese jardín de la vida para vivir bajo la maldición de la muerte. La muerte es la ausencia de la vida. Dios es vida y Adán ya no estaba por más tiempo en presencia de la Vida. “Porque la paga del pecado es muerte.” (Rom. 6:23).

Con esta historia comienza una historia de amor entre el Creador y Su ser creado.

Dios e Israel

A lo largo de la Biblia, vemos a Dios como al esposo y a Israel, como Su escogida, como Su esposa.

El ejemplo más impresionante de esto está registrado en Jeremías 3:6-8. Fue después de que Israel se dividiera entre el Reino del Norte, Israel, y el reino del Sur, Judá. El Señor habló a Jeremías en los días en que Josías era Rey, diciendo, “¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica...”

“Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a Mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Israel.”

“Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá, su hermana, sino que también fue ella y fornicó.”

Dios había escogido a Israel a través de Abraham, Isaac y Jacob para ser para Él un pueblo escogido por Él mismo. “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra-”. (Deut. 14:2).

Pero por causa de su idolatría—por ir tras otros dioses, la cosa más grave de la que Dios ya les había advertido—Dios llamó ramera a Israel y a Judá. Esto lo describe vividamente Ezequiel 16. ¡Léelo!

Oseas el profeta, describe la relación de este esposo y esposa entre Dios e Israel en términos de su propia vida. Dios lo llamó a casarse con una ramera. Sin embargo, aunque ella le abandona para regresar a su condición de ramera, él muestra un gran amor por ella comprándola en la subasta.

En esta gran historia vemos a Dios como si cortejara a la ramera Israel para que regrese a su amor. Ella no está dispuesta a amarle, aparentemente incapaz de hacer eso, por lo que Él mismo la compra para Sí. Por supuesto, vemos esto ahora ante el hecho de la redención de Dios en Cristo Jesús nuestro Señor, que derramó Su preciosa sangre para comprarnos del pecado y librarnos de la idolatría.

"Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo, ni por mucho tiempo más"

Matthew Henry