Paris Reidhead
Y cuando fui a África, descubrí que los africanos no eran unos paganos pobres e ignorantes corriendo por la selva, esperando que alguien les explicara cómo ir al cielo. ¡Eran monstruos de iniquidad! ¡Estaban viviendo en contra de y con un desprecio al conocimiento de Dios, mucho mayor de lo que imaginaba!
¡Ellos merecían el infierno, porque se rehusaban a caminar a la luz de sus conciencias, a la luz de la ley que ya tenían escrita sobre sus corazones con el testimonio de la naturaleza y la verdad!
Estaba tan enojado, que en una ocasión, al estar orando, le reclamé a Dios que me hubiera enviado con gente que no estaba esperando escuchar cómo llegar al cielo; pues cuando llegué ahí, me encontré con que ya sabían del cielo, y no querían ir allá porque amaban su pecado, preferían quedarse en él.
(El hermano Paris habla con gran pasión en este párrafo). Fui allá motivado por el humanismo. Había visto fotografías de leprosos, había visto fotografías de gente con llagas, había visto fotografías de funerales nativos... y yo no quería que mis semejantes humanos sufrieran eternamente en el infierno después de una existencia tan miserable en la tierra.
Y fue ese día, cuando estuve orando en mi habitación, con la puerta cerrada, que luché con Dios. Porque ahí estaba yo, llegando a la conclusión, de que la gente que yo pensaba que era ignorante, y que quería saber cómo ir al cielo, y que estaba diciendo: “¡Que alguien venga a enseñarnos!”, en realidad no quería tomarse el tiempo de hablar conmigo ni con nadie más.














