" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

29 de septiembre de 2012

LA IGLESIA: LA COSA


Charles E. Newbold Jr.

Éramos pocos en número, sentados cómodamente cara a cara en el salón de la casa de una piadosa pareja. Yo tenía algo que compartir ese miércoles por la noche. Era la primera y más significativa revelación que yo había recibido del Espíritu Santo desde mi conversión, un par de años antes.
  
Titulé la enseñanza La Cosa. Años antes habían hecho una película de terror con ese mismo nombre.  Aseguré a mi audiencia que yo no iba a hablar de eso. Sin embargo, la cosa de la que hablé, era igual de monstruosa. Comencé la enseñanza diciendo, “Eso que llamamos la iglesia no es la iglesia, sino una Cosa.” Con esa enseñanza, comencé mi viaje personal en el descubrimiento de la idolatría de la iglesia y la diferencia entre ella y la verdadera novia de Cristo.
  
Años más tarde, mi esposa y yo vivíamos en el oeste de Tennessee y estábamos esperando dirección del Señor. Mientras estábamos allí,  Él me llevó a comenzar una reunión los domingos por la mañana y a invitar a algunas personas que conocía para que asistieran. Algunos vinieron. Nos reuníamos en el Nombre de Jesús. Cantábamos. Yo compartía las revelaciones y enseñanzas que el Señor me daba; orábamos, nos despedíamos y seguíamos cada uno por nuestro camino. Estábamos bastante unidos unos con otros, y teníamos algún contacto unos con otros durante la semana. Comenzábamos a ser el cuerpo de Cristo unos a otros.
  
Después compramos un edificio, lo renovamos, abrimos las puertas, y tuvimos nuestras reuniones allí. Llamas al edificio “Centro de Enseñanza Cristiano”. Hacía lo que creía que el Señor me decía, y la gente comenzó a asistir.
 
Éramos libres de las pesadas tradiciones de los hombres, formalidades, credos, reglas, normas y programas. Estábamos comprometidos a seguir al Espíritu Santo dondequiera que El escogiera llevarnos. Su presencia era poderosamente sentida en la mayoría de las reuniones en aquellos días de los principios.
  
Insistía en que no éramos una iglesia, que Dios no me había llamado a comenzar una iglesia, y que yo no era el pastor de una iglesia. Trataba de diferenciar entre el edificio, al que habíamos dado un nombre, y aquellos de nosotros que nos reuníamos en ese edificio, y a quienes yo rehusaba dar un nombre. Explicaba que era un centro de enseñanza para el cuerpo de Cristo en esa área. Quizás fue un error, pero teníamos reuniones los domingos por la mañana para aquellos que escogían no ir a ninguna otra parte. Esa reunión del domingo por la mañana se convirtió en el evento principal de la semana.
 
 
La presión comenzó. Algunos de los que venían allí querían que fuera una iglesia, y querían que yo fuera su pastor. Yo pastoreaba a individuos, pero insistía en que no éramos una iglesia.
  
Un pastor local discutía mi polémica, insistiendo en que éramos una iglesia. Afirmaba que no había un precedente de la Escritura para justificar el ministerio para-eclesial que teníamos. Dijo, “Si tu pareces un pato, caminas como un pato y graznas como un pato, entonces debes ser un pato. Pareces una iglesia, caminas como una iglesia y hablas como una iglesia.” Yo no quería escuchar esto en aquel entonces, pero al mirar atrás, tengo que admitir que tenía razón. Esta Cosa que llamamos la iglesia se había introducido sigilosamente en nuestro trabajo. Se suponía que el trabajo del Centro de Enseñanza nunca había de ser una iglesia.
  
Una vez que comenzamos a “tener” iglesia, comenzamos a buscar algo para nosotros mismos. Creamos una Cosa que había ido mucho mas allá de lo que Dios me había llamado a hacer. Regresamos exactamente a la cosa de la que habíamos salido. Teníamos cultos los domingos por la mañana y por la tarde, escuela dominical, y un programa para jóvenes. Levantábamos ofrendas y las poníamos en una cuenta bancaria. Nuestro grupo empezó a ser conocido por el nombre que yo había puesto en el edificio.
 
Perdí mi visión de edificar a un pueblo, y en su lugar, comencé a edificar una Cosa. Comenzamos a ir tras ello en lugar de ir en pos del Señor Jesús. Nos reuníamos alrededor de ello, en lugar de alrededor de la presencia del Señor. La gente comenzó a marcharse y no sabían por qué. Cuantos más se marchaban, mas trataba de aferrarlos. Me sentí abandonado. Pero era yo el que les había abandonado a ellos permitiendo que la obra se convirtiera en una Cosa. Poco después de esto, el nombre Icabod se escribió sobre nuestra puerta, hablando espiritualmente. 1ª Sam. 4:21.  Como con Elías, el torrente se secó y los cuervos dejaron de traer sus bocados.1ª Reyes 17:3-7. Era hora de proseguir hacia delante. Tardé un año en acumular todo el coraje necesario para cerrar finalmente.
  
Aunque la mayoría de nosotros sabemos que la palabra “iglesia”, tal y como se usa en la Escritura, se refiere al pueblo de Dios en Cristo, no obstante hemos hecho una Cosa de ello. Es una extensión de nosotros mismos y existe como una entidad para sí misma.
  
El Sistema de la Iglesia Ramera - Charles E. Newbold Jr.

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Matthew Henry