" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

9 de febrero de 2013

REINANDO EN VIDA


George Warnock

El Reino de los Cielos que Jesús vino a establecer en la tierra en un Reino espiritual celestial. La gente pierde interés cuando mencionamos cosas como ésas, porque si es algo espiritual, entonces no es considerado real. Déjame que te asegure que el espíritu del hombre es la parte más importante del hombre—que el espíritu es el hombre real. Y el Reino de los Cielos es ese ámbito en Dios donde el hombre es levantado, elevado, vivificado y llevado a la realidad.

Este Reino era anunciado por Juan el Bautista y fue dado a luz por el ministerio del Señor Jesús mismo. No es un Reino que Él considera apropiado aplazar por el hecho de ser Él mismo rechazado. Tampoco fue aplazado para alguna era futura. Vino justo a tiempo.

¡Ojalá el pueblo de Dios pudiera reconocer esto! Como el Israel antiguo, hemos seguido esperando un reino que vendría “con señales”, y con una expresión externa. Se enseña que Jesús regresará a la tierra cualquier día para establecer el Reino, mientras que la Biblia nos enseña claramente que Él ya lo estableció y ordenó su constitución y su progreso en la tierra cuando vino por primera vez.Si hay algo que Jesús enfatizara por encima de otras cosas en referencia a esta verdad, es el hecho de que el Reino de los Cielos había de crecer de la tierra por causa de una simiente que fue plantada—y que Él mismo se convirtió en esa Simiente.

“Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.” (Marcos 4:26-28). Fíjate en esta verdad clarísima: es plantado en la tierra. Crece y madura en la tierra. Y la “espiga” llega a la madurez y al crecimiento completo como “grano lleno en la espiga”—en la Tierra, y no en el Cielo.

Después tenemos la parábola de los cuatro tipos de suelo en los que es arrojada la semilla del Reino, y como la semilla que cayó en buena tierra produjo fruto abundante, “a ciento, a sesenta y a treinta por uno” (Mat. 13:23). Nuestro Señor nos dice que también el Enemigo siembra cizaña entre la buena semilla y que Dios permitirá que ambas cosas, la cizaña y el trigo, crezcan juntas hasta el día de la cosecha. Y nos dice que la cosecha es “el fin del mundo” (era) (Mat. 13:38,39).

Al final de la era del Reino que Jesús dio a luz, no al principio del mismo. Pero todo esto era tan opuesto al pensamiento de la gente de Su tiempo, que no podían recibirlo. Jesús nos dice por qué: “Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente,  Y han cerrado sus ojos”. (Mat. 13:15).

Ciertamente no habría sido difícil para Él explicar que Él estaba ahí para convertirse en Su Rey en la tierra y para reinar desde Jerusalén. Eso es exactamente lo que ellos buscaban. Pero el Reino que Él vino a establecer era tan, tan diferente, que no podían ver lo que Él quería revelar. Así, se volvió a Sus discípulos, y les dijo: “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. Mat. (13:16-17). Fíjate en lo que dice: “Muchos profetas” desearon ver lo que aquellos discípulos estaban viendo ahora, y no podían. ¿De donde sacamos la noción de que los profetas anhelaban y profetizaban sobre algo distinto? Pedro nos dice que “todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.” (Hechos 3:24).

No comprendían completamente los tiempos sobre los que escribían pero Dios les mostró que “no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo” (1ª Ped. 1:12).

 Coronado con Aceite - George Warnock

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Matthew Henry