" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

4 de febrero de 2013

REPOSO PARA EL PUEBLO DE DIOS


Davis y Clark.
                       
En los capítulos tres y cuatro del Libro de Hebreos, hay una clave muy importante a caminar por la fe. Se llama reposo. Cuando el Espíritu me mostró esto (a Michael) por primera vez, lo compartí con el líder de nuestra congregación, un auténtico agitador y promotor, me aseguro que “¡Descansamos después de morir. Ahora tenemos que trabajar!”
 
La cristiandad tiene más comisarios de tributos que el Egipto del faraón. Como faraón, estos hombres son movidos a edificar sus ciudades-almacén para convertirlas en ciudadelas más atractivas. Jamás oímos la palabra suficiente desde la jerarquía. En lugar de eso escuchamos una constante súplica por “¡Más ladrillos! ¡Más ladrillos! ¡Conseguid vuestra propia paja!”. Salomón escribió, “La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame! ¡Dame!” Bien podía estar hablando de los ministerios de la iglesia de hoy y de los que recaudan impuestos.

Estudiemos con más detenimiento este pasaje de Hebreos que habla de entrar en el reposo de Dios.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones,  Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?  Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.

Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.” (Hebreos 3:4-4:10).

Primero leemos que todo lo que es eterno es construido por Dios. Jesús dijo que a menos que Dios edifique la casa, en vano trabajan los que la edifican. David observó, “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.” La actividad no es justa en sí, ni siquiera la mucha ocupación en cosas “buenas”.

Jesús dijo, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7:22-23).

La palabra conocí en “nunca os conocí”, se usa del acto de la procreación sexual entre un marido y su esposa (lee Mateo 1:25). ¡Toda nuestra vida cristiana se nos ha dicho sobre la importancia de que conozcamos a Jesús pero aquí y en otras dos parábolas, el énfasis está en que Él nos conozca a nosotros! ¿Nos conoce? Su fluir de vida… ¿ Halla expresión y canal por medio de nosotros para fruto? Los que vinieron diciendo, “Señor, Señor, nosotros no hicimos, nosotros no hicimos…” están ofreciendo a Jesús una descendencia ilegítima, fruto de iniquidad, bastardos, no nacidos de una unión de amor con Él, y por tanto, ciertamente sin fruto para Dios. Si las obras que ofrecemos a Cristo no son nacidas de una comunión íntima con Él, sino que se conciben y se hacen desde nuestra propia iniciativa, aunque puedan estar hechas en Su nombre, son iniquidad delante de Él.

El conocimiento de Cristo que viene por Su Espíritu ES el fruto que Dios exige. ¿Es nuestro fruto resultado de SU venir a nosotros y de Su conocernos? ¿Son nuestras obras resultado de nuestra intimidad con Él? Si no traemos este fruto, ¿Qué exportaremos? Si no producimos lo que es de Él, ¿tenemos entonces algo que dar aparte de nociones y patrones del pasado, las obras de nuestra carne?

La palabra griega traducida fruto en Romanos capítulo siete, “para que llevemos fruto para Dios”, significa ser fértil o producir descendencia, y se usa en el contexto de nuestro matrimonio con Cristo. Si el fruto no nace de una unión íntima y legal con Cristo, nace entonces de nuestra carne y es obras de iniquidad, hijos de promiscuidad a los ojos de Dios. Todo lo demás en un hecho independiente, una demostración de falta de reposo e incredulidad—otro Ismael para cargar a un mundo lleno de tal fruto malo. Dios busca esas obras que Él pre-ordenó para que anduviésemos en ellas desde la fundación del mundo (lee Efesios 2:10).

Muchos conocen las obras de Dios o al menos intentan hacerlas en y de sí mismos. Cuando Jesús dio de comer a los cinco mil, querían tomarlo a la fuerza y hacerle su rey. A éstos que estaban tan preocupados con las cosas de esta vida, Él dijo;

“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” (Juan 6:27-29).

El hombre religioso siempre pregunta, “¿Qué haremos para que podamos hacer las obras de Dios?” Esta no es la pregunta que separa a las ovejas de las cabras. La pregunta es, “¿Conocemos Sus caminos y descansamos en ellos o conocemos meramente Sus obras?” Las obras tratan con el hombre exterior, pero los caminos de Dios tratan con el corazón. Una cosa es que nuestros cuerpos sean alimentados por Él, y otra que nuestros corazones sean cambiados por las operaciones del Espíritu. Los que son cambiados así pueden decir con Jesús, “Tengo una comida que comer que no conocéis”.

En el capítulo tres de Hebreos leemos, “A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido Mis caminos. Por tanto juré en mi ira: No entrarán en Mi reposo”.

Conocer Su reposo es conocer Sus CAMINOS y descansar en ellos. “Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras.” (Salmos 103:7). Los que solo conocieron Sus obras murieron en el desierto. “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo” .

Nuestro pasaje de Hebreos continúa: “Porque somos hechos participantes de Cristo con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice:

“Si oyereis hoy Su voz, No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación”.

En la carta de Pablo a los Gálatas, le vemos discutiendo con los creyentes gentiles que ya estaban comenzando a caer bajo la ley de los judíos.

Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.(Gálatas 3:1-7)

¿Qué pasa con nosotros? ¿Somos tan insensatos que pensamos que NOSOTROS podemos perfeccionar por medio de obras muertas lo que Dios comenzó en nosotros por el Espíritu? ¿Recibimos a Cristo y a Su Espíritu por medio de obras y de guardar la ley, o fue por la fe? ¿Qué nos hace pensar que Dios quiere que continuemos lo que Él empezó por Su Espíritu, por medio de obras de nuestras propias manos? Y sin embargo esto es lo que vemos por todas partes en la iglesia. Edificamos edificios y oramos para que Él los llene. Diseñamos programas y oramos para que Él los bendiga. Los libros de auto ayuda y de cómo-conseguir-objetivos inundan las estanterías de nuestras librerías cristianas. ¡Dios no va a dar vida a ningún esfuerzo de nuestra naturaleza carnal! Su bendición no va a caer sobre nuestros inventos sino en los que nacen de la fe y descansan en Él—Sus obras que fueron predestinadas desde la fundación del mundo.

 De la Ley al Reposo - G.Davis y M.Clark 

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Matthew Henry