" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

29 de septiembre de 2012

¿ES REALMENTE LA DEMOCRACIA EL CAMINO DE DIOS?


 Clayton Sonmore

A causa de nuestra obvia carencia del poder del Pentecostés del Nuevo Testamento, ¿hay en nuestras filas un eslabón perdido más importante para nuestra deficiencia que los hechos presentados hasta ahora en este escrito? Algo vital ha sido removido de nosotros como cuerpos colectivos. Hemos llegado a ser como Sansón que, a causa de su pecado y de su compromiso, perdió la «Unción» y «no sabía que el Espíritu Santo se había apartado de él.»

Sí, creo que hay un eslabón perdido y tiene su asidero, tanto como cualquier otro, en el hecho de que nosotros - como un cuerpo de creyentes - casi hemos llegado a olvidar nuestras bases iniciales de funcionamiento como una Teocracia en la cual los puestos y los «gobiernos» funcionaron mediante el orden Divino. En total y beligerante desafío a las Escrituras, el hombre de hoy ha hecho el cambio por la Democracia (la elección y el gobierno mediante la mayoría) como el modo predominante de gobierno y de determinar la voluntad de Dios en todo asunto.

Hay tanto lavamiento de cerebro en el mundo (del que nosotros no deberíamos ser) con respecto a los méritos de la democracia, que aun el pueblo de Dios - casi en su totalidad - se engaña al creer en la democracia como el modelo ordenado por Dios. En nuestro propio y así llamado Estado democrático o gobierno Federal, es casi imposible que el hombre escogido por Dios sea elegido o aun que sea candidato, excepto por una casi inexistente intervención Divina.

Declaro sin reservas que la Democracia (el gobierno por el hom­bre) no es de Dios. La Palabra también confirma que solamente la Teocracia (el gobierno por Dios) y los principios teocráticos son de Dios, y que la Democracia y los principios democráticos son de la Carne.

Las últimas palabras de Jesús antes de la ascensión fueron instruc­ciones para los discípulos: «Mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de potencia de lo alto» (Lucas 24:49). Aun con tal exhortación, el único hecho o acción entre la ascensión y la efusión del Espíritu, fue un pecado, al ignorar este mandamiento de «esperar al Espíritu Santo» antes de hacer cual­quier cosa. Este simple acto de desobediencia fue el deseo carnal de los discípulos de escoger a Matías para remplazar a Judas por medio de la democracia. Que ellos sólo hubieran esperado, obedeciendo el mandato del Señor, habría sido subsecuente a la «unción» en el Aposento Alto, y en el horario de Dios y a la manera de Dios, en la más alta voluntad de Dios, y/o en la hora de Dios.

Sin embargo, Matías podría haber sido el escogido de Dios, pero estoy seguro de que este nombramiento habría sido por los medios teocráticos (el nombramiento por Dios). El echar suertes fue un modelo del Antiguo Testamento, pero jamás leemos sobre este procedimiento después del Aposento Alto.

Es significativo, por lo menos, que jamás se hubiera hecho de nuevo en la Palabra ninguna mención a Matías después de su nombramiento.

Desde ese día hasta el día de hoy, los procedimientos democráticos han sido el factor determinante en la mayoría de las organizaciones y de los organismos. Por no ser bíblica, la democracia siempre producirá - tarde o temprano - el «hombre escogido por el hombre» y el «plan del hombre,» antes que el «Hombre escogido por Dios» y que el «Plan de Dios,» en todas las sociedades donde se practique la democracia antes que la Teocracia.

Es evidente, con mucha frecuencia, que en cualquier grupo o cuerpo espiritual, hay dos clases de personas: la mayoría, que es la menos espiritual, y la minoría espiritual; esta última, clama en intercesión por algo más alto; y la primera, que es la que se opone, persigue - a menudo - a la minoría. Trátese de un grupo pequeño de personas o de una denominación completa, la mayoría menos espiritual elige, usualmente, sus contrapartes menos espirituales, en tanto que éstos - a su vez - ponen aun a sus contrapartes menos espirituales en más altas posiciones ejecutivas. Finalmente, la mayoría consigue - usualmente - al «hombre escogido por el hombre» para el liderazgo, en lugar del «hombre escogido por Dios» y, una vez más, el «plan del hombre» en lugar del «plan de Dios.»

La Teocracia (el gobierno por la guía Divina de Dios mediante los hombres) es la única norma viable de Dios. Esto no viene por votación de dieciséis a quince, con un sistema de mayoría impositiva, que después trata de interponer a Dios de alguna manera en la acción mayoritaria.

Solamente hay un «así dice el Señor,» y creo que hay un pueblo dentro de otro pueblo que ya tiene suficiente de esa cualidad del enclenque, del don nadie, del que es como un niño que puede recibir y que está recibiendo la Palabra del Señor de Su propia Boca. Éstos son un pueblo que está dispuesto a pagar el precio del mal entendimiento y de la persecución por parte de la mayoría menos espiritual.

«Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual los he llamado.» No sabemos exactamente de qué manera ha hecho Dios que ellos oigan Su Palabra, o conozcan Su voluntad en cuanto al puesto de Dios dentro del cuerpo. Pero podemos estar seguros de que no fue mediante una elección democrática, impuesta por la mayoría.

Sin embargo, sabemos ciertamente que «El es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos,» y que «El no hace acepción de personas» y que, así como El habló para los «Suyos» en tiempos pretéritos, así también El lo está haciendo hoy a los «Suyos.»

 Mas allá del Pentecostes - Clayton Sonmore

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