" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

29 de septiembre de 2012

TU HIJO, MUESTRA LA CASA A LA CASA


Charles E. Newbold Jr.

Este engaño no es nuevo. Los hijos de Israel en Judá y en Samaria estaban ciegos espiritualmente por sus propios corazones de ramera. Rehusaban escuchar las palabras de los profetas para regresar a la adoración de su Dios. Así, Dios esparció a la gente de Samaria a Asiria y más tarde, exilió a Judá a Babilonia.

El profeta Ezequiel había sido llevado con los cautivos de Judá a Babilonia. Tuvo visiones de Dios que le pidieron que compartiera con  los ancianos de Judá “altivos de rostro” y de  “corazón duro”, tanto si le escuchaban como si no. Dios quería que supieran que había habido un profeta en medio de ellos. Ezeq. 2-3.

Veinticinco años más tarde, Dios tomó a Ezequiel mediante una visión, a la tierra de Israel y le mostró a un hombre cuyo aspecto era como de bronce. Este hombre tenía una cuerda de lino y una vara de medir en su mano. Midió todo alrededor del Templo. Midió el ancho y el alto de la pared, las entradas, las habitaciones, y las salas. Después llevó a Ezequiel a la entrada que miraba al oriente, y la gloria del Dios de Israel vino del oriente. “Su voz era como el sonido de muchas aguas; y la tierra brilló con Su gloria.” Ezequiel 43:2. El Espíritu levantó a Ezequiel y le llevó al atrio interior cuando la gloria del Señor llenó el Templo. Ezeq. 43:5.

Después Ezequiel escuchó al Señor hablándole desde fuera de la casa y le dijo que esta casa, el templo, era el lugar de Su trono, el lugar de la planta de sus pies, donde El habitaría en medio de los hijos de Israel para siempre. Sería el lugar donde Su santo Nombre habitaría. Ezeq. 43:7. Dios dijo a Ezequiel que “la casa de Israel no profanaría mas Su santo Nombre con sus fornicaciones; ni ellos, ni con sus reyes, ni con los cuerpos muertos de sus reyes en sus lugares altos”.  Ezeq. 43:6-9.

Después el Señor encargó a Ezequiel que mostrara la condición de la casa del Señor a la casa de Israel, “Tu, Hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados y midan el diseño de ella. Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas y las pongan por obra. Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, el recinto entero, todo en derredor, será santísimo. He aquí que esta es la ley de la casa.” Ezeq. 43:10.12.

Seguidamente, mostró a Ezequiel un templo de piedra. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento creemos que este templo de piedra representa la casa espiritual de las piedras vivas—el cuerpo de Cristo que es el templo del Espíritu Santo, del cual somos nosotros. La condición de los corazones reflejaba la condición del templo de Dios. A la inversa, la condición del templo de Dios reflejaba la condición de sus corazones. Todavía funciona así.

Siglos más tarde, el anciano apóstol Juan recibió la revelación de  Jesús en la que le pedían que midiera el templo de nuevo. EL escribió: “Me fue dada una caña, como una vara; y el ángel en pie me dijo: “Levántate y mide el templo de Dios, y el altar y a los que adora en el” Apocalipsis 11:1

Hoy, el Espíritu del Señor nos llama a que mostremos a la casa, la casa, para que podamos avergonzarnos de todo lo que hemos hecho. Es decir, mostrar como hemos dado nuestros corazones a nuestras denominaciones, instituciones, edificios, vidrieras, nuestros bancos dedicados, nuestros santos, rituales, liturgias, doctrinas, normas de orden, programas, culto del domingo en la mañana, tantas, tantas cosas. El Espíritu del Señor quiere mostrarnos como vamos detrás de nuestras propias agendas aunque contradigan la agenda de Dios. El nos llama a guardar su patrón, no el nuestro; sus leyes, no las nuestras. Porque esta es la ley de la casa, que fuéramos santos (separados) para el Señor. Ezeq. 43:12

Si nos pidieran que midiéramos la estructura de una casa física, sacaríamos nuestra cinta de medir y calcularíamos los números .Comprobaríamos el ancho, el largo y el alto. Los que están en la iglesia institucional se miden típicamente a sí mismos por cuantos miembros tiene, lo grande de sus edificios, cuantos edificios tienen, cual es la altura de su campanario, cuantos coches pueden aparcarse en su aparcamiento, que clase de coches se aparcan en su aparcamiento, cuanto dinero meten. Miden estas cosas porque dan mayor honra a esos pastores y ministerios que tienen lo más grande y lo máximo. Esta casa es una casa falsa.

La verdadera casa de Dios se mide por el amor, la fe, la misericordia, la gracia, la paz, la vida, la luz, el descanso, el gozo, la esperanza, el perdón, la aceptación, la justicia, la alabanza, la adoración, volver la otra mejilla, sometimiento de unos a otros, recibir al profeta en el nombre del profeta, emplear los dones del Espíritu para la edificación del cuerpo, tener pasión por Jesús, y estar animado en cuanto a las cosas que animan a Dios. Son expresiones que definen nuestra relación con Cristo como Su novia y unos con otros como la familia de Dios.  Medimos el templo del Espíritu Santo, de quien somos, a través de estos términos bíblicos. Si aquello en lo que estamos que llamamos iglesia se caracteriza por términos tales como disensión, calumnias, obras muertas, incredulidad, legalismo, manipulación y temor, entonces es una casa de rameras. Tenemos una Cosa-una extensión idolátrica del Yo que no es de Dios.

El  Sistema de la Iglesia Ramera - Charles E. Newbold Jr.

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Matthew Henry