" Los Isrealitas atravesaron el Jordan y se establecieron en la tierra prometida en su ultimo campamento (Campamento No. 42) al final del exodo , lo cual nos indica simbolicamente la libertad y conquista a la que esta llamada la iglesia al salir de la religión a una vida de libertad, en una relación directa, vital y real con Cristo Jesús; Cristo es símbolo de la tierra promedita y la herencia de los hijos de Dios.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

3 de diciembre de 2014

LIDERAZGO DE MANOS ABIERTAS


Michael Clark

Con todo esto en mente, ¿Qué actitud debemos tener hacia el pueblo de Dios como sus sacerdotes?

Jesús dijo: Pero él les dijo: “Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve” (Luc. 22:25,26). Cuando los discípulos estaban discutiendo sobre si quien sería el mayor en el reino, él sentó a un pequeñito en medio de ellos y dijo: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mat. 18:1-3)

Hoy en día en la iglesia este concepto de liderazgo misericordioso desde una posición de niñez y debilidad casi se ha perdido. En vez de eso, hay dos aspectos dinámicos que restringen el crecimiento espiritual de la iglesia. Un aspecto de esto es la mentalidad de “Danos un Rey” (vea 1 Sam. 8), y el otro, hombres que “aman la preeminencia” (3 Jn. 9), tomando control de la iglesia. Ambos restringen la vida de la iglesia en el Espíritu Santo y la cortan de la bendición de Dios.

Los israelitas en el desierto se rebelaron contra Dios y dijeron: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto. (Num. 14:4). Cuando queremos hacer de un hombre nuestro líder, le estamos diciendo a Dios que queremos volver a Egipto. El estilo de liderazgo de “la “orquesta de un solo hombre” no es la manera de Dios, ni los hombres buenos lo desean.

Moisés clamó a Dios que dirigir a los hijos de Israel en el desierto era una carga muy pesada. Pidió ayuda. Dios estuvo de acuerdo en tomar de la unción de Moisés y ponerla sobre otros setenta ancianos, quienes se probaron a sí mismos, para que ellos también pudieran dirigir. Cuando la unción cayó sobre ellos, todos profetizaron continuamente, aun dos de ellos que no estaban presentes en el momento sino que estaban en algún lado del campamento. Josué quiso prohibir a Eldad y Medad de profetizar porque estaban fuera “haciendo otras cosas”. Moisés ejemplificó el corazón de Dios cuando dijo a Josué: “¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos”. (Num. 11:29)

El liderazgo misericordioso nunca está amenazado cuando Dios guía a otros a ministrar en los dones que Dios les ha dado. En Marcos 9 los discípulos encontraron a uno que no estaba entre ellos echando demonios en el nombre de Jesús. Ellos le prohibieron hacer esto, pero cuando reportaron el incidente a Jesús, él los sorprendió contestando: “No se lo prohibáis… porque el que no es contra nosotros, por nosotros es”.

Los discípulos de Juan el Bautista fueron amenazados cuando ellos se dieron cuenta que Jesús, a quien Juan había bautizado, estaba ahora bautizando más discípulos que Juan. La respuesta del profeta está registrada en Juan 3:26-30: “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo… Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.

Las cartas de Pablo repetidamente alientan a los miembros del cuerpo de Cristo a edificarse los unos a los otros. Algunos de los pasajes más notables se encuentran en 1 Corintios. “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. …Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Cor. 12:4-11). Pablo también dice: “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Cor. 14:26). Otros pasajes relacionados son Rom. 12:6; 1 Cor. 7:7; Efe. 4:7-13; 1 Tes. 5:20; y 1 Cor. 14:39.

¿Puede usted ver que los líderes de Dios nunca se ven amenazados por el ministerio o llamado de otro hombre? Por el contrario, ellos alientan a  que otros prosigan en su llamado y son siervos de aquel llamado. ¿Dónde hay esta clase de líder hoy en día? Mi experiencia es que hay pocos y muy distantes entre ellos.

La Ley y la Iglesia -  Michael Clark

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